¿Es posible acercarse a Europa sin romper definitivamente los vínculos con Rusia? Este es el desafío que enfrenta el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, quien busca convertir a su país en una "intersección de la paz" para diversificar sus relaciones entre las grandes potencias mundiales.
Sin embargo, esta estrategia ha generado tensiones con Moscú, el principal socio comercial de Ereván. El Kremlin no ve con buenos ojos las aspiraciones de Armenia de ingresar en la Unión Europea, lo que ha provocado que Rusia imponga restricciones a las importaciones armenias, causando pérdidas millonarias a empresarios locales. Pashinián ha calificado estas sanciones como medidas meramente "políticas".
A pesar de las fricciones, el mandatario asegura mantener un diálogo fluido con Vladímir Putin, afirmando haber hablado con él unas 200 veces por teléfono. Aun así, Pashinián defiende públicamente que Armenia es un país democrático que no admite presiones de la antigua metrópoli.
La irritación de Moscú se ha intensificado recientemente debido a la celebración de cumbres europeas en Ereván, especialmente con la asistencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Mientras tanto, el líder armenio promete aumentar la presencia e inversiones de la Unión Europea y adaptar el país a sus estándares.
Desde la "revolución de terciopelo" de 2018, Pashinián ha sostenido que los intereses nacionales deben primar sobre cualquier alianza política. Aunque Rusia presiona para que Ereván elija un bando, el primer ministro contempla la posibilidad de decidir la continuidad de Armenia en la Unión Económica Eurasiática mediante un referéndum.
Consciente de que una consulta popular sería un paso sin retorno, Pashinián continúa explorando los horizontes de lo posible antes de tomar la decisión que definirá la política exterior armenia durante las próximas décadas.
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