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Atapuerca Revela: El Achelense Norteafricano Llegó a Iberia Hace 700.000 Años

Atapuerca Revela: El Achelense Norteafricano Llegó a Iberia Hace 700.000 Años
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Un equipo de investigación vinculado a los yacimientos de Atapuerca, en Burgos (España), ha descubierto evidencia que sitúa la llegada del Achelense de origen norteafricano a la península ibérica hace 700.000 años. Este hallazgo, publicado en la revista *Quaternary Science Reviews*, adelanta en 200.000 años la primera evidencia conocida de este tipo de Achelense en Europa, obligando a replantear los modelos existentes sobre la dispersión de estas tecnologías.

La investigación documenta la evidencia más antigua del Achelense clásico ibérico de origen norteafricano a través del hallazgo de trece herramientas líticas. El estudio confirma que grupos de homininos con tradiciones técnicas achelenses de afinidad norteafricana ya estaban presentes en la península ibérica en esa época. Estas industrias, conocidas como Large Flake Acheulean, se caracterizan por la producción de herramientas de gran tamaño, como bifaces, picos y hendedores, elaborados sobre grandes lascas y con formas simétricas.

Este hallazgo demuestra que las tradiciones achelenses llegaron a la península ibérica al menos 200.000 años antes de lo que se pensaba, lo que obliga a replantear los modelos sobre el origen y la dispersión de estas tecnologías en Europa , explicó Francisco-Javier García-Vadillo, autor principal del estudio. La importancia de este descubrimiento radica en que desafía la cronología previamente aceptada sobre la expansión del Achelense en el continente europeo.

Las herramientas fueron recuperadas en un antiguo cauce fluvial del río Arlanza, en el Cerro de La Revilleja, un tramo del valle del río Arlanza (centro norte de España) que actuó como corredor paleotopográfico para las poblaciones paleolíticas. Este corredor conectaba con el valle del río Arlanzón y la sierra de Atapuerca a través de la Tierra de Lara, facilitando el movimiento y la interacción entre diferentes grupos de homininos.

La datación del yacimiento, realizada mediante Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR) y núclidos cosmogénicos, supera la antig edad de yacimientos clásicos como la Sima de los Huesos y la Galería en Atapuerca (Burgos), así como la Gruta da Aroeira (Portugal). Hasta ahora, se creía que este tipo de tecnologías no aparecía en la península ibérica antes de hace unos 450.000 años. Sin embargo, las dataciones por ESR y núclidos cosmogénicos coinciden en torno a los 700.000 años, confirmando la antig edad del hallazgo.

Los datos aportados por Revilleja de Valparaíso suponen un avance significativo en la comprensión del poblamiento europeo durante el Pleistoceno medio. Además, contribuyen a matizar la visión del Achelense europeo, que tradicionalmente se ha basado principalmente en yacimientos de Francia e Italia. Por primera vez, se documenta en la península ibérica un Achelense plenamente desarrollado y con rasgos propios, lo que apoya la hipótesis de una llegada temprana de influencias culturales desde el norte de África a través del Estrecho de Gibraltar.

El registro ibérico muestra una identidad tecnológica diferenciada, marcada por el uso sistemático de grandes lascas y la presencia de herramientas características como los hendedores. Esta particularidad sugiere que los grupos de homininos que poblaron la península ibérica adaptaron las técnicas achelenses a su entorno y a sus necesidades específicas, desarrollando una tradición propia.

El estudio refuerza la idea de que el occidente europeo fue un espacio culturalmente diverso hace 700.000 años, donde distintos grupos de homininos desarrollaron y mantuvieron tradiciones técnicas propias dentro del marco común del Achelense. En la península ibérica, estas tradiciones presentan una clara afinidad con las del norte de África, mientras que en las regiones al norte de los Pirineos se observan influencias procedentes del este europeo.

Esta diversidad tecnológica habría sido clave para el éxito del poblamiento humano en Europa durante más de 600.000 años, permitiendo a los distintos grupos adaptarse a entornos variados manteniendo tradiciones culturales estables en el tiempo. La capacidad de innovar y adaptar las tecnologías a las condiciones locales fue fundamental para la supervivencia y la expansión de los homininos en un continente con una gran diversidad geográfica y climática.

La investigación fue desarrollada por miembros del Equipo Investigador de Atapuerca, pertenecientes al Institut Catal de Paleoecologia Humana i Evolucio Social (IPHES), a la Universitat Rovira i Virgili, al Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), a la Universidad de Burgos todos ellos, españoles y al Centre Européen de Recherche et d Enseignement des Géosciences de l Environnement (Francia). La colaboración internacional de este equipo de investigación ha sido fundamental para llevar a cabo un estudio exhaustivo y riguroso que ha permitido obtener resultados tan significativos.

El hallazgo en Atapuerca no solo proporciona nueva información sobre la cronología y la dispersión del Achelense, sino que también abre nuevas líneas de investigación sobre la evolución cultural y la adaptación de los homininos en Europa durante el Pleistoceno medio. Los investigadores esperan que este descubrimiento impulse futuras investigaciones en la península ibérica y en otras regiones de Europa, con el objetivo de reconstruir de manera más precisa la historia del poblamiento humano en el continente. La comprensión de las estrategias de adaptación y las interacciones culturales de los primeros homininos europeos es fundamental para entender la evolución de nuestra propia especie.

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