Expertos en psicología advierten sobre los crecientes riesgos asociados al uso temprano de teléfonos y dispositivos electrónicos en niños, instando a los padres a limitar la exposición a pantallas antes de los dos años y a supervisar cuidadosamente su uso posterior. El exceso de tiempo frente a estos dispositivos puede afectar negativamente la atención, la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional, el sueño, el desarrollo del lenguaje y el comportamiento de los pequeños.
La práctica común de entregar teléfonos a niños pequeños para entretenerlos o evitar llantos, ya sea en espacios públicos, consultas médicas o en el hogar, está siendo cuestionada por profesionales de la salud mental. Incluso la entrega de dispositivos a niños en edad escolar genera preocupación. ¿Se trata de un error grave en el desarrollo cognitivo de los menores?
Katherinne Aránguiz, psicóloga Clínica Infanto-juvenil y adulto de Clínica Bupa Santiago, explica a BioBioChile que organismos como la Academia Americana de Pediatría recomiendan evitar el uso de pantallas antes de los 2 años, excepto en el caso de videollamadas, y posteriormente introducirlas de forma limitada, supervisada y con contenido adecuado a la edad .
Para niños mayores, la recomendación es postergar la entrega de un teléfono propio lo más posible, idealmente hasta la preadolescencia (de los 9 a 14 años), considerando siempre el nivel de madurez del niño y la supervisión de adultos responsables . La experta subraya que el manejo de estos dispositivos no implica necesariamente, madurez emocional ni capacidad de autorregulación .
Por ello, resulta fundamental establecer límites claros, supervisar el contenido y definir tiempos de uso acordes a la edad , aconseja. La psicóloga Aránguiz advierte sobre la exposición de niños y adolescentes a riesgos en redes sociales y juegos en línea, como ciberacoso, pornografía, extorsión y engaños, que pueden tener un impacto negativo en su desarrollo cognitivo, emocional, relacional y social.
Stephanie Geywitz, psicóloga de RedSalud, sugiere iniciar un uso del teléfono siempre limitado y supervisado a partir de los 6 años, idealmente no más de una hora diaria . A medida que crecen, por ejemplo desde los 12 años en adelante, se puede flexibilizar el tiempo hasta un máximo de dos horas diarias. Aun así, bajo ningún escenario es saludable que un menor pase tres o cinco horas frente al teléfono. Mantener estos márgenes es esencial para proteger su equilibrio emocional , sentencia.
Respecto al desarrollo cognitivo, la exposición temprana a dispositivos puede tener efectos negativos en procesos esenciales como la atención, la memoria y el aprendizaje. Además, se ha observado una alteración en las funciones ejecutivas, especialmente en sus tres componentes principales, como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Estas habilidades son fundamentales para el desarrollo del autocontrol, la resolución de problemas y la adaptación al entorno , explica Aránguiz.
Durante las primeras etapas de la vida, el cerebro requiere experiencias directas como el juego activo, el movimiento, la interacción social y la exploración del entorno. Cuando existe una sobreexposición a pantallas, se reduce el tiempo destinado a estas experiencias, lo que puede impactar negativamente en el desarrollo acorde a la etapa evolutiva del niño , afirma la especialista.
Geywitz señala que la exposición a estímulos digitales rápidos y constantes puede generar dificultades para mantener una atención sostenida, alterando la capacidad de concentración. Asimismo, genera un retraso en la adquisición del lenguaje; al interactuar con videos de forma pasiva y sin la supervisión de un adulto, se pierde el diálogo esencial y la retroalimentación uno a uno necesaria para un desarrollo comunicativo normal , agrega.
La luz de los dispositivos interfiere con la higiene del sueño, dificultando la reparación neuronal y los procesos de crecimiento que ocurren durante la noche. Por ello, se recomienda postergar la entrega de un equipo propio hasta que exista la madurez necesaria para gestionar esta herramienta, asegurando siempre que el uso de pantallas se suspenda al menos una hora antes de dormir para proteger su integridad y bienestar integral , afirma Geywitz, recomendación que también aplica para los adultos.
En lugar de los dispositivos, se recomienda optar por juegos de roles con juguetes, armar rompecabezas, dibujar o pintar, para generar la estimulación necesaria para el desarrollo mental. Jennifer Conejero, psicóloga infanto-juvenil de Clínica Santa María, alerta que los contenidos de las pantallas pueden provocar estados de sobreexcitación que afectan la calidad y cantidad de sueño. Se ha visto que hay niños tan dependientes de las pantallas que se levantan más temprano (con alarmas incluso), para conectarse, lo cual también afecta al descanso , advierte.
El uso temprano de teléfonos puede provocar dificultades en el uso expresivo del lenguaje, la comunicación social, alteraciones en la comunicación socioemocional, mal funcionamiento del lóbulo frontal, dificultades en atención, baja tolerancia a la frustración, dificultades en el sueño y síntomas emocionales como la ansiedad. Los niños y adolescentes con mayor exposición a videojuegos y redes sociales pueden tener dificultades en la autorregulación emocional y en el control de sus impulsos, lo que puede traducirse en berrinches al no obtener lo que desean o cuando se les intenta separar del aparato electrónico.
Además, se afecta la capacidad creativa en la medida en que los niños están expuestos a contenidos que les dan todo lo que necesitan y/o quieren de manera inmediata, situación que no pasa en la vida real. Es un mundo de gratificación inmediata, donde a los niños se les dificulta la desconexión con el mundo digital y el real , dice Conejero.
Geywitz indica que los niños no aprenden a identificar ni gestionar sus emociones tras el uso de aparatos, lo que se traduce en desregulación emocional, impulsividad, baja tolerancia a la frustración y conductas oposicionistas o agresivas. También pueden presentar dificultades de atención y concentración. La responsabilidad de los padres es crucial, ya que, por las largas jornadas y el cansancio, muchas veces las pantallas se utilizan para evitar conflictos o calmar a los niños, reforzando el hábito. Así, el uso excesivo se mantiene en el tiempo y explica reacciones intensas cuando se intenta limitar , afirma.
La falta de lenguaje también afecta la convivencia escolar. Al no saber comunicarse, los niños suelen aislarse en el jardín, presentando dificultades para interactuar con sus compañeros y con el equipo docente. Sin herramientas verbales, su integración social se vuelve mucho más compleja. Aranguiz indica que estudios demuestran que la exposición pasiva a pantallas se asocia a un menor desarrollo del vocabulario y de la estructuración del lenguaje en infantes.
No obstante, algunos autores plantean que la calidad del contenido y el uso acompañado pueden moderar estos efectos. El contenido educativo en conjunto con la interacción de un adulto podría tener un impacto menos negativo e incluso aportar en ciertos aspectos del desarrollo. Sin embargo, se enfatiza que ninguna pantalla reemplaza la interacción humana, por lo que se debe priorizar la estimulación del lenguaje a través del vínculo y la comunicación con los cuidadores.
En conclusión, si bien el uso de teléfonos es inevitable en la era digital para los adultos, es evitable en niños. Se descarta el uso de dispositivos en menores de 2 años. En caso de uso, debe ser bajo supervisión adulta y con contenido adecuado: educativo y no interactivo. Los padres deben establecer límites de horario y evitar el uso del teléfono antes de dormir, al menos una hora antes, para asegurar un descanso adecuado. Se recomienda fomentar dinámicas familiares que promuevan la creatividad y el juego libre, como leer cuentos o realizar actividades al aire libre.












