La guerra en Irán, que ya cumple seis semanas desde su inicio el 28 de febrero de 2026, está generando un impacto económico significativo y asimétrico a nivel mundial, según informó la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en una rueda de prensa celebrada el 15 de abril de 2026 en Washington D.C., como parte de las Reuniones de Primavera 2026. El conflicto está provocando un dolor significativo tanto para los ciudadanos como para las economías, con efectos que ya se sienten con fuerza en todo el mundo.
Los daños a la infraestructura petrolera en Medio Oriente y las interrupciones en las cadenas de suministro, especialmente por el bloqueo del estrecho de Ormuz, han contribuido al encarecimiento del petróleo, los combustibles y los fertilizantes. El precio del crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia para Ecuador, se situaba en $92,25 el barril el 15 de abril, habiendo superado los $110 en semanas anteriores.
Esta situación ha obligado al FMI a ajustar a la baja su previsión de crecimiento global, pasando del 3.4% en 2025 a un 3.1% proyectado para 2026. En un escenario adverso, con la persistencia del conflicto y precios del petróleo elevados, el crecimiento podría caer hasta el 2%.
Georgieva destacó que el impacto de la crisis energética es asimétrico. Mientras que los países exportadores de energía se benefician de los mayores ingresos, los importadores enfrentan una mayor presión sobre sus finanzas públicas debido al alza de los precios de las materias primas.
En el caso de Ecuador, el gobierno anticipa mayores ingresos por la venta de crudo, superando los $53,5 el barril fijados en el Presupuesto General del Estado (PGE). Sin embargo, la producción petrolera contraída y la alta dependencia de la importación de combustibles limitan este beneficio. Antes del cierre de la Refinería Esmeraldas en marzo pasado, la dependencia de importaciones de diésel superaba el 80%, y de gasolinas, el 73%, según el analista petrolero Oswaldo Erazo.
El FMI advierte que los países importadores de energía enfrentan riesgos de deuda en niveles peligrosos, exacerbados por una serie de crisis previas (pandemia, conflicto Ucrania-Rusia, guerra arancelaria) que configuran un efecto de choque tras choque . Se prevé que la deuda pública global supere el 100% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2029, un nivel no visto desde las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.
La ruptura de las cadenas de suministro también es motivo de preocupación. El FMI señala que, debido a la lentitud de los petroleros (hasta 40 días para llegar a destinos como Fiyi), las interrupciones tardarán en resolverse incluso si el conflicto terminara pronto.
La inflación y la seguridad alimentaria son otros aspectos críticos. El FMI ha revisado al alza sus expectativas de inflación a corto plazo debido al aumento de los precios de los fertilizantes, que se han duplicado en lugares como África, pasando de $400 a $800. Esto ejerce una presión directa sobre los precios de los alimentos.
Ante este panorama, el FMI recomienda a los gobiernos mantener la estabilidad macroeconómica y financiera, evitando medidas no focalizadas como recortes de impuestos generalizados o controles de precios mediante subsidios, que podrían afectar la estabilidad económica de las naciones. Se sugiere implementar medidas como el teletrabajo, incentivar el uso del transporte público y ofrecer ayudas temporales y focalizadas.
Georgieva advierte sobre el riesgo de que la inflación se traslade a los precios de los alimentos si no se restablece pronto el suministro de fertilizantes a un precio razonable.
El FMI estima una demanda de apoyo financiero de entre $20.000 y $50.000 millones, con un enfoque especial en ayudar a los países a reconstruir sus espacios de política económica.
A pesar de que algunas economías emergentes, como India y China, muestran resiliencia, Georgieva enfatizó que la cooperación internacional y el fin de las hostilidades son esenciales para proteger la estabilidad económica mundial. El FMI insta a los gobiernos a evitar medidas que puedan desestabilizar sus economías y a priorizar la estabilidad macroeconómica y financiera en este contexto global desafiante. La situación exige una respuesta coordinada y focalizada para mitigar los efectos negativos del conflicto en Irán y proteger a las poblaciones más vulnerables.











