Argentina fue pionera en la lucha contra el sedentarismo, impulsando junto a Brasil la conmemoración del Día Mundial de la Actividad Física desde 2003. A pesar de los esfuerzos, dos tercios de los adultos argentinos aún no cumplen con los niveles mínimos de actividad física recomendados, un problema que persiste y se relaciona directamente con el aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y la hipertensión.
El médico deportólogo y cardiólogo Jorge Franchella, uno de los impulsores de esta iniciativa global, recuerda que en 2002, durante la campaña de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Por tu salud, muévete , Argentina se destacó como el segundo país con mayor cantidad de actividades organizadas, superado solo por Brasil. Ese mismo año, junto a su colega brasileño Víctor Matsudo, sentaron las bases para establecer un día dedicado a promover el movimiento y la actividad física a nivel mundial.
En ese momento el sedentarismo ya era un problema, y un poco antes también. Ya teníamos un alto porcentaje de población sedentaria, proporción que al día de hoy se mantiene , afirma Franchella en diálogo con Clarín. La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada en 2018, revela que dos tercios de los adultos no alcanzaban los niveles mínimos de actividad física recomendados, una cifra preocupante que evidencia la necesidad de redoblar los esfuerzos para combatir este flagelo.
Franchella enfatiza la importancia de diferenciar entre actividad física, ejercicio y deporte. Actividad física es gastar calorías, puede ser yendo al supermercado, cargando las compras. Ejercicio es hacer un gesto, como saltar, correr, bailar. Y deporte es hacer algo con un reglamento . Lo fundamental, según el especialista, es estimular el movimiento en todas las etapas de la vida.
Pero, ¿qué significa realmente salir del sedentarismo ? Franchella explica que se refiere a reducir el tiempo que pasamos quietos durante el día, más allá de las horas de sueño. En la actualidad, se ha incorporado el concepto de sitting time , que mide cuánto tiempo permanecemos sentados o en una postura estática. Nos pasa a todos, incluso a mí como médico, que pasamos más de 10-11 horas sin movernos, además de las que estamos habitualmente durmiendo. Salir de eso sería, por ejemplo, caminar .
Contrario a la creencia popular, no es necesario alcanzar los 10.000 pasos diarios, una cifra que se originó en Japón en los años 60 como una estrategia promocional. Nosotros podríamos hacer 6.000-4.000 para salir del sedentarismo. Pero de lo que se trata es de moverse en cualquiera de las actividades de la vida diaria (lavar el auto, cortar el pasto, pasear al perro, hacer las compras), acumulando al menos 30 minutos por día .
El especialista advierte sobre la tendencia a caer en extremos: o no hacer nada de actividad física o realizar entrenamientos intensos sin supervisión. Vemos que 30.000 personas corren una media maratón y eso asusta un poco también . Si bien alienta a las personas a correr, subraya la importancia de un proceso gradual y supervisado para evitar lesiones y asegurar que el cuerpo esté preparado para el esfuerzo.
Franchella introduce el concepto de aptitud , que se refiere a la capacidad individual de realizar actividad física. Podemos ir al médico y conseguir un apto, para saber si tenemos algún factor que se agrave con la realización de alguna actividad. Pero hay otra palabra que se llama aptitud, que quiere decir qué cantidad de esfuerzo o de actividad soy capaz de hacer . Utiliza el ejemplo de un grupo subiendo 20 pisos: todos pueden estar aptos, pero la cantidad de pisos que cada uno puede subir dependerá de su aptitud individual.
Para aquellos que comienzan, Franchella recomienda realizar actividad física a un ritmo que permita mantener una conversación, ya que una ligera falta de aire indica que el esfuerzo es demasiado exigente. También sugiere unirse a grupos para fomentar la adherencia y evitar la competencia, ya que las aptitudes de cada persona son diferentes.
En cuanto al entrenamiento de la fuerza, que ha ganado popularidad en los últimos años, Franchella destaca sus beneficios, especialmente en la liberación de mioquinas, proteínas que mejoran la regulación del azúcar y la salud cardiovascular. Sin embargo, advierte contra los fundamentalismos y la importancia de adaptar la intensidad y la cantidad de repeticiones a la edad, la salud cardiovascular y la actividad física previa de cada individuo.
Entrenar la fuerza es importante, pero no es lo único, ni con el nivel de exigencia que a veces se intenta imponer , enfatiza. Lo fundamental, según el especialista, es encontrar una actividad que se pueda mantener en el tiempo y que se adapte a las necesidades y capacidades de cada persona.
Para las personas mayores, que a veces tienen dificultades para salir de sus casas, Franchella recomienda actividades sencillas como bailar, sentarse y pararse de la silla, o apoyarse en la pared para hacer flexiones, evitando el riesgo de caídas.
En conclusión, Franchella insiste en la importancia de empezar a moverse, sin importar la actividad que se elija. Hay que moverse, cada paso cuenta. Hagamos la actividad a la que mejor estamos adaptados. Y justamente la adecuación y adaptación de cada uno es la que nos tiene que ir guiando para saber qué actividad vamos a realizar. Y la podemos hacer en el tiempo, no explosivamente en un momento y después abandonar. Hagamos algo que podamos mantener en el tiempo . La clave, según el especialista, reside en la constancia y la adaptación a las necesidades individuales, para disfrutar de los beneficios de una vida activa y saludable.












