Tras año y medio de silencio impuesto, el regreso público del profesor, abogado e investigador Alysson Mascaro, en un curso celebrado en S o Paulo, ha reabierto un debate crucial: la esperanza no como mera expectativa, sino como una práctica material inscrita en las contradicciones del presente. El evento, que tuvo lugar el 11 de abril de 2026 en el auditorio del Sindilex, no se limitó a ser un encuentro académico, sino una interrupción significativa en el panorama intelectual y político brasileño.
Mascaro, reconocido por su trabajo en el campo de la teoría crítica marxista y el análisis del discurso pecheutiano, y vinculado a grupos de investigación como Crítica del Derecho y Subjetividad Jurídica y el colectivo Lawfare Nunca Mais, no regresó para retomar una conversación suspendida, sino para abrir una fisura en la realidad actual. El curso, centrado en la obra El Principio Esperanza de Ernst Bloch, exploró la esperanza no como un consuelo o una promesa abstracta, sino como una categoría material, una anticipación concreta arraigada en las contradicciones del mundo real.
La propuesta central no reside en esperar pasivamente, sino en reconocer, dentro de la propia estructura social, aquello que aún no existe, pero que tiene el potencial de llegar a ser. Esta perspectiva conlleva una profunda dimensión política, ya que el silencio impuesto a Mascaro no fue simplemente la supresión de la voz de un profesor, sino de una forma radical de pensamiento crítico. Sin embargo, la lucha de clases, según se argumentó, persiste incluso en el ámbito de las ideas, desafiando cualquier intento de interdicción.
El retorno de Mascaro se presenta como una imagen dialéctica, en la línea de Walter Benjamin, un momento en el que el tiempo no fluye linealmente, sino que se rompe, permitiendo que algo del pasado interrumpido se inscriba en el presente como una posibilidad. En este contexto, la esperanza trasciende el ámbito de los sentimientos y se convierte en una práctica activa.
Siguiendo la línea de pensamiento de Louis Althusser, se reconoce que la historia no ofrece garantías preestablecidas, y por lo tanto, la esperanza tampoco puede ser una certeza. Más bien, se concibe como una apuesta situada, una lectura rigurosa de las condiciones existentes y una inserción concreta en la lucha social. La asistencia al curso no fue simplemente un acto de recepción pasiva, sino una experiencia de presenciar la reactivación de una inteligencia crítica que persiste a pesar de los intentos de sus detractores, apoyados en dispositivos institucionales, de silenciarla por incapacidad de enfrentarla en el terreno de las ideas.
El evento fue posible gracias al apoyo de diversas instituciones y personas. Se destaca la labor de Brasil 247 por la difusión y cobertura del evento, con el trabajo de Nicolas y Felipe, así como la generosidad del Sindilex, en la persona de su director Marcos Alcyr, por la cesión del espacio. Este gesto, más allá de un simple apoyo institucional, representa un compromiso con la circulación del pensamiento crítico.
El autor del artículo de opinión relata una transformación personal tras el encuentro, no por haber encontrado respuestas definitivas, sino por haber redescubierto la sensación de pensar en conjunto, a pesar de las adversidades. La persistencia en la comprensión y la transformación, incluso cuando todo parece oponerse a ello, se presenta como la forma más concreta de esperanza: un gesto simple e insistente de permanecer en la lucha, pensando, encontrándose y actuando.
El regreso de Alysson Mascaro, por lo tanto, no es solo un evento académico, sino un símbolo de resistencia intelectual y un llamado a la acción para aquellos que aún creen en la posibilidad de un futuro diferente. Su pensamiento, lejos de ser silenciado, se rearticula como una herramienta para comprender y transformar la realidad, reafirmando la importancia de la esperanza como una práctica material y una fuerza motriz para el cambio social. La reaparición de Mascaro subraya la vitalidad del pensamiento crítico en un contexto donde las fuerzas conservadoras intentan imponer un silencio ideológico, demostrando que la lucha por la emancipación continúa, incluso en el terreno de las ideas.












