El Banco Central muestra un comportamiento agresivo en la compra de dólares, adquiriendo US$ 738 millones en los últimos dos días de la semana pasada, una cifra que superó las expectativas del mercado a finales del año anterior, cuando se cuestionaba la lenta acumulación de reservas. Para 2026, el BCRA proyecta la compra de US$ 10.000 millones, y el plan parece avanzar: en lo que va del año, antes de la liquidación de la cosecha gruesa, ya se han obtenido más de US$ 5.000 millones, con ocho meses por delante para alcanzar la meta.
Sin embargo, este panorama positivo se ve atenuado por la preocupación de los analistas ante el desempeño de ciertos factores clave. La inflación, en particular, se mantiene por encima de las expectativas del mercado. En febrero, la inflación repitió el 2,9% de enero, marcando nueve meses consecutivos sin descensos. La inflación núcleo, que refleja mejor la inercia inflacionaria, llegó al 3,1%. El reciente aumento en los combustibles, impulsado por shocks externos, ya alcanza el 20%.
Según un informe de la consultora Abeceb, la combinación de empuje de costos en energía y logística con inercia aún elevada es inconveniente y las expectativas de un retardo en el proceso de desinflación se robustecieron, como lo reconoció Caputo en el Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) .
La preocupación se extiende a nivel global, con el barril de petróleo rondando los 100 dólares, lo que reaviva los temores de una estanflación mundial. Si bien la calidad y credibilidad de la política monetaria actual son superiores a las de la crisis del petróleo de los años setenta, lo que podría atenuar el impacto inflacionario, una prolongación del conflicto global podría generar desempleo y recesión. El costo de la energía impacta directamente en los costos de producción, la logística y los presupuestos familiares.
Abeceb advierte que si el conflicto se extiende, el impacto sobre la inflación en la Argentina va a ser importante porque la credibilidad de nuestra política monetaria es aún frágil y la inercia inflacionaria elevada .
Otro factor de preocupación es el estancamiento salarial. La consultora estima que la inflación provocada por el aumento de los costos presionará negativamente sobre los ingresos reales de los consumidores. Según datos del INDEC, los salarios formales privados han caído por quinto mes consecutivo en enero, sin recuperar los niveles máximos alcanzados a mediados de 2022. Los salarios privados están un 4% por debajo de ese máximo, mientras que los salarios públicos lo están un 20%.
En la economía real, el deterioro del frente fiscal también genera inquietud. La consultora Sur Americana, liderada por el exministro de Economía Martín Guzmán, señala que la recaudación está disminuyendo en un contexto de baja actividad en sectores clave para el mercado interno. Esto obliga al Gobierno a implementar una política de reducción del gasto real para proteger el ancla fiscal.
La industria ha experimentado un desplome en los dos primeros meses del año, con una caída del 6%. A pesar de estos números negativos, desde Economía se muestran confiados en una recuperación en los próximos meses.
El Gobierno enfrenta el dilema de cómo mejorar la competitividad de una industria que no desea proteger, que carece de crédito y enfrenta altos costos, además de la competencia de un modelo como el chino, que parece dominar el mercado.
La crisis industrial no es exclusiva de Argentina. Si bien las medidas gubernamentales podrían no ser las más adecuadas, la realidad global muestra un cambio de paradigma en el sector manufacturero.
En Estados Unidos, la promesa de recuperar los empleos fabriles resurge constantemente, apelando a la nostalgia y a la necesidad de revitalizar ciudades empobrecidas. Sin embargo, un artículo de The Economist desmitifica esta visión, argumentando que lo que se ha perdido no volverá de la misma manera, y quizás ni siquiera deba hacerlo.
Durante el siglo XX, el empleo manufacturero era sinónimo de movilidad ascendente, especialmente para aquellos sin estudios universitarios. En los años 70, uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses estaba empleado en la industria manufacturera. Hoy, esa cifra se ha reducido a menos del 10%, y solo un 4% realiza tareas directamente en la línea de producción. Más de la mitad de los empleos catalogados como industriales corresponden a funciones de soporte o profesionales como recursos humanos, marketing, diseño o ingeniería. Incluso países con sólidos superávits industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur han visto reducida su proporción de trabajadores fabriles.
En Argentina, la producción muestra números alarmantes. En febrero, la fabricación de textiles cayó un 33% y la de tractores un 37%.
El Gobierno promete recuperación, pero a diferencia de Trump, no recurre a aranceles. La consigna oficial es: Yo te acomodo la macro, vos fijate cómo acomodás la micro .










