Durante décadas, cruzar la laguna que conecta Los Angeles Tetela con San Baltazar Tetela, y otras comunidades aledañas, representó un riesgo para los habitantes de la región. La panga, embarcación que transportaba personas y animales, era la principal vía de comunicación, con el peligro inherente a la pronunciada pendiente y la posibilidad de accidentes. La radio local era el medio que reportaba, con frecuencia, tragedias en la laguna.
La situación cambió con la construcción de la presa Manuel Avila Camacho y el desembocamiento de los ríos Alseseca, Atoyac y San Francisco, creando la laguna de oxidación que hoy conocemos. Antes de la presa, el área era ocupada por campos agrícolas y construcciones, incluyendo una hacienda para el sacrificio de chivos, de la cual aún se pueden observar restos cuando el nivel del agua baja.
La panga evolucionó de embarcaciones de madera, aptas para animales de carga, a sistemas guiados por cables capaces de transportar vehículos. La última, llamada Mónica II, fue donada a cambio de la promesa de construir un puente vehicular.
Tras más de treinta años de solicitudes por parte de los habitantes, y numerosas promesas incumplidas, la construcción del puente finalmente avanza, superando el 80% de su ejecución. Este nuevo puente sustituirá a la panga, que se espera se convierta en un atractivo turístico para la zona. La primera piedra para el puente fue colocada hasta 2025.
El proyecto representa una solución a los largos tiempos de traslado y la falta de vialidad que históricamente han afectado a las comunidades de la región. La panga, que alguna vez fue una necesidad, ahora se prepara para un nuevo capítulo como símbolo de la historia local.
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