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Dormir Poco o Mucho: Un Riesgo Silencioso Para Tu Salud

Dormir Poco o Mucho: Un Riesgo Silencioso Para Tu Salud

Dormir menos de lo necesario, o incluso dormir demasiado, puede afectar directamente la salud física y mental de las personas. Diversos estudios científicos y organizaciones de renombre como la Sleep Health Foundation, la Mayo Clinic y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advierten sobre los efectos negativos de la privación del sueño, que van mucho más allá del simple cansancio. La falta de descanso compromete el funcionamiento del cerebro, el corazón y el metabolismo, e influye notablemente en el estado de ánimo y la capacidad de concentración.

Cuando una persona descansa menos de siete horas por noche de manera regular, aumenta significativamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como infartos y accidentes cerebrovasculares. Además, se incrementa la probabilidad de desarrollar trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2 y problemas de salud mental, incluyendo la depresión y la ansiedad. Las investigaciones también vinculan la falta crónica de sueño con un mayor riesgo de cáncer y muerte prematura. La Mayo Clinic señala que esta problemática está directamente relacionada con el aumento de peso, un índice de masa corporal de 30 o más, presión arterial alta y accidentes cerebrovasculares.

El impacto negativo de la falta de sueño puede observarse tanto a corto como a largo plazo. Tras una sola noche de descanso insuficiente, es común experimentar menor energía, un peor estado de ánimo, un mayor nivel de estrés y dificultades para concentrarse en las tareas diarias. En el largo plazo, la privación crónica puede agravar condiciones preexistentes y reducir la capacidad del cuerpo para recuperarse, consolidar la memoria y regular las emociones. Expertos consultados por Healthline detallan que también puede afectar el sistema inmunológico, incrementar los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y modificar el apetito, lo que podría derivar en cambios de peso y problemas cutáneos.

La ciencia ha demostrado que las necesidades de sueño varían significativamente a lo largo de la vida. Con el correr de los años, la cantidad óptima de horas de descanso cambia en función de los procesos de desarrollo, el metabolismo y el ritmo biológico de cada etapa. Las recomendaciones generales, según las organizaciones mencionadas, son las siguientes: los recién nacidos necesitan entre 14 y 17 horas de sueño; los bebés de 1 a 2 años, entre 11 y 14 horas; los niños en edad preescolar (3 a 5 años), entre 10 y 13 horas; los niños en edad escolar (6 a 12 años), entre 9 y 12 horas; los adolescentes (13 a 18 años), entre 8 y 10 horas; y los adultos (18 a 64 años), entre 7 y 9 horas. Los adultos mayores (65 años o más) generalmente necesitan entre 7 y 8 horas de sueño.

Respetar estos rangos no solo mejora el rendimiento diario, sino que también previene enfermedades y promueve una mejor calidad de vida. Dormir dentro de estos márgenes favorece el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional y la salud metabólica, mientras que desviarse hacia abajo o hacia arriba puede asociarse a riesgos para la salud.

Sin embargo, la ciencia también advierte sobre los peligros de dormir en exceso. En el caso de un adulto, superar las 9 horas diarias de sueño se traduce en un incremento en el riesgo de problemas de salud y mortalidad. Investigaciones indican que el riesgo de morir aumenta hasta un 34% en comparación con aquellos que mantienen un rango saludable de entre siete y ocho horas, según expertos citados por The Independent.

El exceso de sueño se vincula con una mayor incidencia de depresión, dolor crónico, aumento de peso y trastornos metabólicos. No obstante, los científicos advierten que esta relación no implica necesariamente causalidad. Dormir mucho puede ser consecuencia de enfermedades subyacentes más que la causa directa de los problemas de salud. Por ejemplo, personas con condiciones crónicas suelen pasar más tiempo en cama debido a síntomas, efectos secundarios de medicamentos o simplemente porque sus cuerpos requieren mayor reposo para afrontar la recuperación, según un estudio reciente.

También se ha observado que factores como el tabaquismo, el sobrepeso y la calidad deficiente del sueño pueden estar presentes en quienes duermen en exceso, lo que sugiere que el exceso de descanso podría ser un síntoma de mala salud preexistente. Los especialistas de la Sleep Health Foundation destacan que dormir demasiado puede indicar que el cuerpo atraviesa un proceso que demanda atención médica o ajustes en los hábitos cotidianos. Es crucial, por lo tanto, prestar atención a los patrones de sueño y consultar a un profesional de la salud si se experimentan cambios significativos o persistentes en la cantidad de horas de descanso necesarias. La clave para una buena salud reside en encontrar el equilibrio adecuado entre el descanso y la actividad, adaptando las necesidades de sueño a las diferentes etapas de la vida y a las circunstancias individuales.

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