El reciente redescubrimiento del libro Fantasmas de otros , del autor dominicano Plinio Chahín, publicado en 2016 por Ediciones Ferilibro, ha provocado una reflexión sobre la naturaleza de la lectura, la identidad y el poder de los textos que regresan a nuestras vidas en momentos inesperados. El texto, originalmente presentado en la duodécima Feria Regional del Libro de Hato Mayor, República Dominicana, ha resonado con un lector, Carlos Sánchez, quien comparte su experiencia de reencuentro y la profunda impresión que le ha causado una segunda lectura.
Sánchez describe cómo el libro, que ya había poseído y leído previamente, se le reveló de una manera completamente nueva al ser revisitado. Reconoce que existen libros que se leen superficialmente, sin una conexión real, mientras que otros, como Fantasmas de otros , requieren un lector más maduro, paciente y dispuesto a sumergirse en la complejidad del texto. Esta relectura no fue simplemente un repaso, sino una exploración profunda, permitiendo que cada frase respirara y revelara su significado oculto.
El autor compara la experiencia con la maduración del vino, sugiriendo que ciertos textos necesitan tiempo para desarrollar plenamente su sabor y complejidad. Este reencuentro literario no solo le devolvió el libro, sino que también lo impulsó a escribir, no desde la perspectiva del ensayista, sino desde un lugar de exploración y búsqueda de palabras para expresar sensaciones difíciles de capturar. El texto resultante es, en esencia, un ensayo sobre el propio proceso de ensayo, un intento de desentrañar la magia de Fantasmas de otros .
Chahín construye un universo literario donde los textos son breves, pero cargados de significado. Cada uno de ellos abre una pequeña puerta a la reflexión, presentando personajes que cuestionan su propia historia, recuerdan el día de su muerte pero no el de su nacimiento, o se enfrentan a espejos que no reflejan la realidad, sino que revelan algo más profundo. Nada se resuelve por completo, pero cada texto deja una huella imborrable en el lector.
Sánchez destaca la inquietante pregunta que plantea el texto El hombre solo : ¿Acaso es esta mi propia historia? . Esta interrogante no es una simple duda, sino una ruptura con la certeza de la identidad, transformándola en un problema complejo y en constante evolución. De manera similar, en La mujer del pintor , el encuentro con Mara no trae la resolución deseada, sino que subraya la persistencia de la ausencia y la imposibilidad de alcanzar lo inalcanzable.
La imagen del espejo en Click es particularmente perturbadora, ya que deja de ser un reflejo para convertirse en un portal a una aparición que no satisface la búsqueda. En Noche , el personaje se encuentra inmerso en un acontecimiento sin poder ubicar su lugar o el momento preciso, lo que genera una sensación de desorientación y extrañeza.
Incluso cuando lo simbólico entra en juego, como en El matrimonio , donde un par de hostias ayuntaron los labios del pecado , no existe una clara separación entre lo sagrado y lo profano. Todo se mezcla y se desborda, desafiando las convenciones y las expectativas del lector. En Infierno , las fronteras entre el cuerpo y el alma se disuelven por completo, y el lenguaje deja de explicar para empujar, sugerir y descolocar.
Aunque cada texto puede parecer independiente, al leer el libro en su totalidad se revela una continuidad subyacente. Fantasmas de otros no es una colección de cuentos o minificciones, sino una forma de escritura que insiste en explorar temas como la identidad fluida, la realidad inestable y el lenguaje ambiguo. No hay una historia que avance de manera lineal, pero sí una sensación que se construye gradualmente, fortaleciéndose con cada página.
Cada texto funciona como un intento de rodear una idea sin cerrarla por completo, probándola desde diferentes perspectivas: el espejo, el recuerdo, el deseo, el cuerpo. Ningún texto agota el tema, pero todos juntos crean una atmósfera envolvente y perturbadora. Lo que al principio parece disperso, se conecta gradualmente, formando un tejido complejo y significativo.
El lector, al sumergirse en este universo literario, también experimenta una transformación. Deja de buscar explicaciones y comienza a dejarse afectar por la ambig edad y la incertidumbre. Desconfía de lo evidente, del lenguaje y de la idea de que las cosas están fijas. El libro no ofrece respuestas ni certezas, sino que incomoda y desafía al lector a cuestionar sus propias percepciones.
Esta incomodidad es precisamente lo que mantiene vivo el libro, lo que lo hace regresar una y otra vez. Es lo que lo convierte en una experiencia literaria duradera, que trasciende el tiempo y las modas. Por eso, a pesar de haber sido publicado en 2016, Fantasmas de otros no se siente viejo, sino que es a la vez viejo y joven, un testimonio de la capacidad de la literatura para resonar con diferentes generaciones de lectores.
En última instancia, Fantasmas de otros no es un libro que se termina de leer, sino uno que se queda con el lector, silencioso pero insistente, dejando una huella imborrable en su mente y en su corazón. Su verdadera fuerza reside en su capacidad para permanecer, para seguir inquietando y desafiando al lector mucho después de haber cerrado sus páginas.












