La escalada de violencia en las denominadas Guerras del krill en aguas antárticas ha generado una fuerte reacción política en Chile. Tras los enfrentamientos entre la Fundación Capitán Paul Watson y la flota pesquera noruega, el diputado republicano Luis Sánchez calificó en sus redes sociales las tácticas de los activistas como una locura y exigió al gobierno la salida inmediata de la nave Bandero de las zonas bajo jurisdicción o monitoreo nacional.
El legislador manifestó su preocupación por la seguridad en la zona, señalando que las maniobras de abordaje y colisión deliberada estuvieron a punto de provocar el derrame de un tanque de diésel, lo que habría arriesgado gravemente la biodiversidad local. Esta advertencia se alinea con los reportes de la empresa Aker QRILL, cuyo presidente, Matts Johansen, afirmó que un impacto en los depósitos de combustible del pesquero Antarctic Sea habría causado un daño ecológico irreversible en el ecosistema que los activistas dicen proteger.
Esto no es proteger el medio ambiente. Esto es locura , sentenció el diputado Sánchez, informando que ya ha contactado al gobierno para solicitar formalmente la expulsión del buque ambientalista de lo que denominó nuestro mar territorial .
La reacción del parlamentario surge tras confirmarse que la Armada de Chile, a través de la Tercera Zona Naval, ha tenido que intervenir en múltiples ocasiones para frenar las hostilidades en el Estrecho de Bransfield. Según el comunicado oficial de la institución, el buque Bandero ha realizado acciones tendientes a la obstrucción de la navegación de naves que operan legalmente bajo las normas de la CCAMLR, llegando incluso a efectuar abordajes que ponen en riesgo la vida humana en el mar.
El conflicto alcanzó su punto más crítico el 4 de abril, cuando activistas desplegaron anclas de gancho para sabotear y destruir las redes de la nave Antarctic Endurance . Ante el auxilio solicitado por el pesquero, la unidad naval Lientur intervino utilizando cañones de agua para dispersar a los manifestantes, acción que la Fundación de Watson calificó como un acto de complicidad estatal con la industria pesquera.
La situación se centra en la pesca del krill, un pequeño crustáceo fundamental en la cadena alimentaria antártica, que sirve de alimento a ballenas, focas, ping inos y otras especies. La Fundación Capitán Paul Watson, conocida por sus tácticas de activismo directo, acusa a la flota pesquera de exceder los límites de captura sostenible y de dañar el ecosistema. Por su parte, la industria pesquera argumenta que opera dentro de las regulaciones establecidas por la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) y que la pesca de krill es una actividad económica legítima y necesaria.
La intervención de la Armada de Chile ha sido objeto de controversia. Mientras que el gobierno chileno defiende la necesidad de garantizar la seguridad marítima y el cumplimiento de las normas internacionales, la Fundación Capitán Paul Watson denuncia que la acción de la Tercera Zona Naval favorece a la industria pesquera en detrimento de la protección del medio ambiente.
El diputado Sánchez ha identificado a Julio Javier Stipicic Bilbao, Edelmiro Barría Cárcamo y Marlon Francisco Torres Hinojosa como individuos vinculados a las acciones de la Fundación Capitán Paul Watson, aunque no ha especificado su rol exacto en los incidentes. La solicitud del legislador al gobierno se basa en la premisa de que la presencia del Bandero representa una amenaza para la seguridad y la estabilidad en la región.
La CCAMLR, organismo internacional encargado de la gestión de los recursos marinos antárticos, ha expresado su preocupación por la escalada de violencia y ha instado a todas las partes a buscar una solución pacífica y respetuosa del derecho internacional. Sin embargo, las tensiones siguen siendo altas y la posibilidad de nuevos enfrentamientos es real.
La empresa Aker QRILL, uno de los principales actores de la industria pesquera de krill, ha advertido sobre los riesgos de un derrame de combustible en la zona, destacando que un incidente de esta magnitud podría tener consecuencias devastadoras para el ecosistema antártico. El presidente de la empresa, Matts Johansen, ha enfatizado la importancia de proteger la biodiversidad local y ha criticado las tácticas de los activistas, calificándolas de irresponsables y peligrosas.
La Armada de Chile ha confirmado que continuará monitoreando la situación en el Estrecho de Bransfield y que tomará las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la navegación y el cumplimiento de las normas internacionales. La Tercera Zona Naval ha reiterado su compromiso con la protección del medio ambiente, pero ha dejado claro que no tolerará acciones que pongan en riesgo la vida humana en el mar.
El conflicto en las aguas antárticas plantea interrogantes sobre la eficacia de la CCAMLR para regular la pesca de krill y sobre la necesidad de encontrar un equilibrio entre la protección del medio ambiente y el desarrollo económico. La tensión entre la Fundación Capitán Paul Watson y la industria pesquera pone de manifiesto la complejidad de los desafíos que enfrenta la comunidad internacional en la gestión de los recursos marinos antárticos. La situación exige una respuesta coordinada y efectiva por parte de todos los actores involucrados, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad del ecosistema antártico y la seguridad de la navegación en la región.











