Marisol Burón Flores, madre de Marta Calvo, una de las víctimas del asesino en serie Jorge Ignacio Palma Jacome, ha transformado su inmenso dolor en una incansable labor de prevención y apoyo a familias que enfrentan situaciones similares. Lo que comenzó como un calvario tras la desaparición de su hija en 2019, ha derivado en la creación de la Asociación por Marta Calvo Burón y una cruzada por concienciar a los jóvenes sobre los peligros de las redes sociales y la importancia de la confianza familiar.
Tras el asesinato de Marta, Marisol se sumió en una profunda oscuridad. La incertidumbre sobre el paradero del cuerpo de su hija, sumada al dolor por su pérdida, la llevó al límite. Sin embargo, gracias a su carácter luchador, el apoyo de su familia y la ayuda de su psicólogo, Mariano Navarro, actual presidente de la asociación, Marisol logró resurgir. La creación de la asociación y la idea de convertir la tragedia en algo positivo, ayudando a otros y reivindicando justicia, se convirtieron en el motor de su nueva vida.
La asociación busca no solo brindar apoyo a familias afectadas por la violencia, sino también impulsar una modificación en el Código Penal para que la ocultación del cadáver de una víctima sea castigada con mayor severidad. A pesar de que una proposición de ley presentada por el PP en 2022 ha permanecido estancada, Marisol no pierde la esperanza de lograr este objetivo.
Mientras espera una respuesta legislativa, Marisol, junto con Mariano Navarro y Manuel Gea, cuñado de Marisol y vicepresidente de la asociación, recorren institutos y centros culturales de la Comunidad Valenciana para impartir charlas a adolescentes. El objetivo no es infundir miedo, sino proporcionarles herramientas para protegerse ante posibles peligros.
Las charlas se centran en dos pilares fundamentales: la confianza en los padres y el uso responsable de la tecnología. Manuel Gea introduce el tema explicando los riesgos que acechan en las redes sociales, destacando que, si bien ofrecen numerosas oportunidades, también pueden ser trampas. La clave, según la asociación, es compartir la geolocalización con los padres y mantener una comunicación abierta y honesta.
Se proyecta un vídeo titulado 'Atrapados en la red', que repasa el caso de Marta Calvo, mostrando cómo la joven compartió su ubicación con su madre a través de Whatsapp, lo que permitió identificar al asesino y el lugar del crimen. El vídeo culmina con una declaración de Marisol a cámara, enfatizando la importancia de esta práctica.
Marisol relata cómo, gracias a la ubicación compartida por su hija, pudo ir a la casa del asesino en Manuel, incluso antes de que las autoridades iniciaran la investigación. Describe el momento en que llamó al timbre, sin saber que el hombre que le abría la puerta era el responsable de la muerte de Marta. Su valentía, al enfrentarse al criminal sola, es un testimonio de su amor y determinación. Sin embargo, también subraya el riesgo que corrió al no denunciar la desaparición de su hija ni compartir su propia ubicación con nadie.
Mariano Navarro aprovecha para hablar de la sensación de invulnerabilidad que a menudo experimentan los adolescentes, haciéndoles reflexionar sobre la posibilidad de que algo malo les suceda. Les advierte sobre la existencia del mal y la importancia de controlar el riesgo. Además, aborda el tema del suicidio, recordando a los jóvenes que siempre hay una salida y que deben buscar ayuda si se sienten desesperados.
Marisol comparte su vínculo de confianza con Marta, quien le contaba todo desde pequeña. Relata con emoción cómo su hija siempre le explicaba que le confiaba todo porque era su madre. Luego, desgrana los hechos trágicos que marcaron su vida: los asesinatos de Arliene Ramos, Lady Marcela Vargas y Marta Calvo, la desesperación de los primeros días, los obstáculos para iniciar la investigación, la confesión del asesino y la búsqueda infructuosa del cuerpo de su hija.
A pesar de haber relatado su historia innumerables veces, el dolor sigue siendo palpable. Las lágrimas brotan de sus ojos y su voz se quiebra al recordar los momentos más difíciles. El silencio en la sala es absoluto, mientras los adolescentes escuchan atentamente su relato.
Marisol aprovecha para pedirles a los jóvenes que confíen en sus padres, a quienes considera las personas que más los quieren y nunca les harán daño. Les anima a compartir su ubicación con ellos, asegurándoles que no se trata de un control, sino de una forma de protegerlos. Les ofrece su apoyo incondicional y les recuerda que siempre pueden contar con la asociación.
La charla concluye con un aplauso sincero y prolongado por parte de los adolescentes. Muchos se acercan a Marisol para abrazarla y agradecerle su valentía. Una de las chicas le confiesa que, a partir de ese momento, compartirá su ubicación con su madre.
Manuel Gea cierra la sesión ofreciendo información sobre las herramientas digitales disponibles para compartir la geolocalización, como Whatsapp, Google Maps, Life 360, Buscar personas (en iPhone) y la aplicación Alertcops de la Policía Nacional.
Marisol se marcha renovada, con la esperanza de que su mensaje llegue a más institutos y colegios. Su historia es un ejemplo de cómo la tragedia puede transformarse en esperanza y cómo el dolor puede convertirse en una fuerza para el bien. Su lucha por la justicia y la prevención es un legado para Marta y para todas las víctimas de la violencia.












