El parlamento de Myanmar eligió el viernes al general Min Aung Hlaing, líder del golpe de estado de 2021 contra el gobierno civil de Aung San Suu Kyi, como nuevo presidente del país. La decisión, ampliamente vista como un intento de legitimar el control militar, se produce tras unas elecciones consideradas fraudulentas por la oposición y observadores internacionales. Se espera que esta transición a un gobierno nominalmente elegido sirva para mejorar las relaciones de Myanmar con países como China y Rusia, que han apoyado a la junta, mientras que las potencias occidentales han impuesto sanciones.
Min Aung Hlaing, que contaba con una victoria prácticamente asegurada debido a la mayoría parlamentaria de legisladores y miembros designados por el ejército, obtuvo 429 de los 584 votos emitidos en la votación celebrada en Naipyidó, la capital del país. Los otros dos candidatos, Nyo Saw, un exgeneral y asesor de Min Aung Hlaing, y Nan Ni Ni Aye, una política de etnia karen del partido Unión Solidaridad y Desarrollo, afín al ejército, fueron elegidos como vicepresidentes. Se espera que los tres asuman sus cargos la próxima semana.
La elección de Min Aung Hlaing marca un retorno simbólico a un gobierno elegido, pero no altera fundamentalmente la estructura de poder en Myanmar, donde el ejército ha mantenido un control férreo desde el golpe de estado de 2021. Antes de ser elegido presidente, Min Aung Hlaing renunció a su puesto como comandante en jefe del ejército, tal como exige la Constitución del país, que prohíbe que el presidente ocupe simultáneamente el máximo cargo militar. El general Ye Win Oo, un estrecho colaborador de Min Aung Hlaing, asumió el puesto de comandante en jefe.
Min Aung Hlaing, de 69 años, ha sido el jefe militar de Myanmar desde 2011, y bajo la Constitución impuesta por los militares, ya poseía amplios poderes incluso antes del golpe de estado contra el gobierno de Aung San Suu Kyi. El parlamento que lo eligió fue elegido en diciembre y enero en unas elecciones que fueron boicoteadas o no pudieron disputarse por los principales partidos de la oposición, incluyendo la Liga Nacional para la Democracia de Suu Kyi, que consideraron las condiciones injustas.
Aung San Suu Kyi, de 80 años, actualmente cumple una condena de 27 años de prisión por cargos que son ampliamente considerados como políticamente motivados. Su encarcelamiento y el golpe de estado de 2021 pusieron fin a un breve período de gobierno civil en Myanmar, que había estado bajo control militar desde 1962 hasta 2016.
Desde el golpe de estado, Myanmar se ha sumido en una sangrienta guerra civil, con protestas pacíficas contra el gobierno militar reprimidas con fuerza letal, lo que ha llevado a activistas prodemocracia a recurrir a la resistencia armada y a aliarse con grupos de minorías étnicas que llevan décadas luchando por una mayor autonomía. La votación en las recientes elecciones solo pudo celebrarse en 263 de los 330 municipios del país debido a las preocupaciones de seguridad.
La elección de Min Aung Hlaing como presidente ha generado críticas internacionales. Joe Freeman, investigador de Amnistía Internacional Myanmar, declaró que Si Min Aung Hlaing cree que un título civil oficial lo protegerá de ser procesado por las muchas graves violaciones del derecho internacional de las que se le acusa de supervisar como jefe del ejército, así no es como funciona la justicia internacional .
La transición a un gobierno elegido también podría estar motivada por el deseo de la junta militar de mejorar sus relaciones con los países vecinos. China y Rusia han brindado apoyo político y económico a la junta, mientras que las potencias occidentales han impuesto sanciones en respuesta al golpe de estado y la represión de la disidencia. La elección de un presidente podría ser vista como un paso hacia la normalización de las relaciones con la comunidad internacional, aunque es poco probable que cambie significativamente la situación de los derechos humanos en Myanmar.
La composición del nuevo parlamento refleja el dominio del ejército y sus aliados. Los legisladores de partidos respaldados por los militares y los miembros designados por el ejército cuentan con una mayoría abrumadora en la cámara, lo que garantiza que Min Aung Hlaing y su gobierno tengan un control efectivo sobre el poder legislativo.
El edificio del parlamento en Naipyidó, donde se celebró la votación, fue renovado recientemente después de sufrir daños en un terremoto el año pasado. La renovación simboliza el esfuerzo de la junta militar por restaurar una apariencia de normalidad y estabilidad, a pesar de la profunda crisis política y social que enfrenta el país.
La elección de Min Aung Hlaing como presidente es un claro indicio de que el ejército no tiene intención de ceder el poder en Myanmar. La junta militar ha consolidado su control sobre el país a través de la represión de la disidencia, la manipulación de las elecciones y la imposición de una nueva Constitución que garantiza su influencia política. El futuro de Myanmar sigue siendo incierto, y la guerra civil y la crisis de derechos humanos continúan profundizándose.










