El temor a una estanflación, una combinación de alta inflación y bajo crecimiento económico, resurge en Europa y a nivel global, evocando recuerdos de la crisis petrolera de los años 70. La prolongada guerra en Irán, y las fluctuaciones en el precio del petróleo, son los principales catalizadores de esta preocupación, que ha puesto en alerta a instituciones como el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea.
El Comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, advirtió la semana pasada sobre un claro riesgo de crisis de estanflación , mientras que el gobernador croata Boris Vujcic, futuro vicepresidente del BCE, señaló que, aunque no se observe actualmente, la economía se está moviendo en esa dirección . La incertidumbre se agudiza con las declaraciones contradictorias del presidente estadounidense Donald Trump, quien prometió un fin rápido del conflicto, para luego amenazar con ataques extremos a Irán, desestabilizando los mercados.
La experiencia de la década de 1970, con el embargo petrolero tras la guerra del Yom Kippur, sirve como un sombrío recordatorio. En aquel entonces, Estados Unidos sufrió la contracción económica más aguda desde la Segunda Guerra Mundial, con una caída del 7% del PIB real en 1975 y una inflación superior al 10%. Si bien el aumento actual del precio del petróleo no es tan drástico como en aquel entonces (alrededor del 50% desde el inicio del conflicto, frente al cuádruplo en 1973), la persistencia de precios elevados del petróleo y el gas natural podría tener consecuencias similares.
El BCE calcula un escenario central con una inflación del 2,6% y un crecimiento del PIB del 1,9% para este año en la zona euro. Sin embargo, en su escenario más severo , la inflación podría superar el 6% en 2027, alejándose significativamente del objetivo del 2%. El Banco de España también ha elaborado escenarios alternativos, previendo una inflación del 5,9% este año en el peor de los casos, con un crecimiento del PIB del 1,9% y 1,1% en 2026 y 2027, respectivamente.
La clave para evitar la estanflación reside en la duración del conflicto. Según Joaquín Maudos, catedrático de la Universidad de Valencia, una escalada del conflicto podría desencadenar mayores subidas de tipos de interés, un aumento de la morosidad y otros efectos negativos. De hecho, la subida del euríbor ya anticipa este escenario, reflejando la posible reacción del BCE. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha asegurado que el banco central está preparado para subir los tipos de interés en cualquier reunión para controlar la inflación.
No obstante, algunos economistas, como Manuel Alejandro Hidalgo, se muestran cautelosos. Un caso de estanflación, argumenta, requiere más que un simple shock energético; necesita que otras fuerzas intervengan y que la espiral de precios tome vida propia. Hidalgo recuerda que, tras el choque energético de Ucrania, hubo un ejercicio de contención salarial que evitó una escalada inflacionaria prolongada. Para hablar de estanflación, se necesita un episodio prolongado que se autoalimente.
La economía mundial ya ha enfrentado varias crisis en los últimos años, incluyendo la pandemia de COVID-19 y la invasión rusa de Ucrania, además de una oleada arancelaria que contribuye a la inflación. Marisa Poncela, exsecretaria de Estado de Comercio, advierte que el comercio internacional está alterado y que el conflicto actual afecta a un nodo clave de este, en referencia al estrecho de Ormuz, por donde transitaba una cuarta parte del petróleo y el gas licuado mundial antes de la guerra.
Los efectos de la inflación ya son visibles. La OCDE calcula una inflación media del 3% para España este año, y en marzo la inflación escaló al 3,3%, un punto porcentual más que el año anterior, debido al aumento de los precios de los carburantes. La confianza de los consumidores en la zona euro ha disminuido en 1,6 puntos (hasta 96,6) y las expectativas de empleo han retrocedido en 1,4 puntos (hasta 96,4), alejándose de la media de 100.
La situación actual exige una respuesta prudente y coordinada por parte de las autoridades económicas. El BCE se enfrenta al dilema de controlar la inflación sin estrangular el crecimiento económico. La clave estará en encontrar un equilibrio entre la subida de tipos de interés y la implementación de políticas fiscales que impulsen la inversión y el consumo. La incertidumbre persiste, y el futuro económico de Europa dependerá en gran medida de la evolución del conflicto en Irán y de la capacidad de los agentes económicos para contener las presiones inflacionarias. La sombra de la estanflación, una vez más, se cierne sobre la economía global.












