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NIÑOS Y MANOSFERA: ¿Una crisis de masculinidad en construcción?

NIÑOS Y MANOSFERA: ¿Una crisis de masculinidad en construcción?

Los gurús de la manosfera ofrecen una receta para que niños y adolescentes se conviertan en hombres de verdad , aprovechando una socialización de género arraigada desde la infancia y una dificultad para expresar emociones que genera inseguridad y ansiedad. El documental de Netflix Dentro de la manosfera expone cómo influencers como Harrison Sullivan atraen a jóvenes, especialmente menores de edad, con discursos misóginos y una exaltación de la masculinidad tradicional.

La atracción de los jóvenes hacia esta ideología no es un síntoma aislado, sino que podría tener su origen en los valores que han internalizado desde la cuna. Estudios recientes, como uno realizado en Alemania en 2023 con futuros padres, demuestran que la diferenciación de género comienza incluso antes del nacimiento, con la preparación de la habitación, la ropa y los juguetes según el sexo del bebé, así como los mensajes distintos que reciben: Eres un machote , Los niños fuertes no lloran , Tienes que ser valiente , Si te pegan, te defiendes .

Micaela Guzmán Bernal, profesora de primaria con más de 30 años de experiencia, señala que esta diferenciación se mantiene en las aulas y en la vida cotidiana. Judy Y. Chu, investigadora especializada en el desarrollo psicosocial de los niños y la construcción de la masculinidad, realizó un estudio entre 1999 y 2004, observando a un grupo escolar desde los cuatro hasta los siete años. Descubrió que los niños, inicialmente emocionalmente perceptivos y receptivos, fueron perdiendo estas cualidades al entender que eran femeninas y, por lo tanto, menos deseables para encajar entre sus pares. Se volvieron menos visibles a medida que los niños aprendían que demostrar que son chicos implica, ante todo, demostrar que no son chicas , explica Chu en su libro When Boys Become Boys: Development, Relationships, and Masculinity .

La presión social para cumplir con ciertos estándares de masculinidad sigue siendo fuerte. Si un niño se sale de lo que se considera aceptable, se arriesga a la verg enza o a la exclusión. Esta necesidad de demostrar constantemente que se es un hombre de verdad genera inseguridad y ansiedad, convirtiendo la masculinidad en algo frágil y susceptible de ser cuestionado.

Aunque ha habido avances en la representación de masculinidades más diversas en la cultura popular, como personajes de Disney alejados del estereotipo tradicional, Chu cree que a nivel personal, en las casas y en los patios de recreo, los niños no se enfrentan a una diferencia demasiado grande con respecto a hace 27 años. La idea de que hay una sola forma correcta de ser un hombre de verdad persiste, y la masculinidad a menudo necesita ser demostrada para acceder a estatus y privilegio.

La presión social se manifiesta en jerarquías, competencia y una constante vigilancia de género . La promesa es clara: Si eres duro, independiente y controlas tus emociones, obtendrás estatus, poder y respeto . Sin embargo, es complicado para niños y hombres ser duros e independientes todo el tiempo, lo que genera inseguridad y ansiedad.

En este contexto, los gurús de la manosfera ofrecen una receta para ser auténticamente hombres todo el rato , es decir, para ser queridos, apreciados, protegidos y pertenecer a un grupo. Aunque sea de una manera perversa, quienes se sienten atraídos por estas promesas buscan lo mismo que el resto de las personas: conexión.

El problema es que es difícil conectar con los demás cuando uno no es capaz de mostrarse vulnerable. La sociedad mutila a los niños su capacidad de expresarse emocionalmente, lo que conlleva un vacío que solo pueden traducir en rabia, la única emoción que se le permite a la masculinidad tradicional. Esta sensación de inadecuación se exacerba cuando crecen y se dan cuenta de que la sociedad espera de ellos que sean emocionalmente competentes, cuando es una habilidad que apenas han podido desarrollar durante la niñez.

Para las niñas, acercarse a rasgos tradicionalmente masculinos se ve como ascender, mientras que para los niños, expresar rasgos tradicionalmente femeninos se considera descender, lo que se desincentiva. Como resultado, los niños siguen restringidos, lo que se traduce en malestar, desconexión e infelicidad, e incluso problemas de salud mental en la adolescencia y la adultez.

La clave para abordar este problema, según expertos, es potenciar la educación sexual y afectiva, crear espacios donde los niños puedan expresar dudas y equivocarse, y entender que el feminismo también lucha contra lo que les oprime a ellos: los mandatos de masculinidad, la exigencia de ser siempre fuertes y la soledad emocional. Es fundamental que los jóvenes comprendan que sus frustraciones tienen causas estructurales y que no se resuelven culpando a las mujeres o votando a la extrema derecha. La representación de masculinidades diversas y la promoción de la expresión emocional son pasos importantes, pero es necesario un cambio cultural más profundo para que los niños se sientan seguros y aceptados tal como son.

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