Cabo Cañaveral, Florida Los astronautas de la misión Artemis II de la NASA encendieron los motores de su cápsula Orión el jueves, impulsándose hacia la Luna en un viaje que marca el regreso de los humanos a las cercanías de nuestro satélite natural después de más de cinco décadas. El encendido translunar, que tuvo lugar 25 horas después del despegue, coloca a los cuatro miembros de la tripulación tres estadounidenses y un canadiense en curso de colisión con un sobrevuelo lunar programado para principios de la próxima semana.
La cápsula Orión se separó de la órbita terrestre justo a tiempo, dirigiéndose hacia la Luna a una distancia de casi 400,000 kilómetros (250,000 millas). Este evento representa el primer encendido de motor de este tipo con una tripulación espacial desde la misión Apolo 17, que realizó el último viaje tripulado a la Luna el 7 de diciembre de 1972. La NASA ha confirmado que los informes preliminares indican que el encendido se desarrolló sin problemas.
El vuelo de Artemis II es un paso crucial en el ambicioso programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo final es establecer una base lunar sostenible y, eventualmente, preparar el camino para misiones tripuladas a Marte. La NASA mantuvo a la tripulación cerca de la Tierra durante un día completo para realizar pruebas exhaustivas de los sistemas de soporte vital de la cápsula antes de autorizar la partida hacia la Luna.
Bajo el liderazgo del comandante Reid Wiseman, la tripulación que también incluye al piloto Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen realizará un vuelo de prueba alrededor de la Luna, describirá una trayectoria en forma de U y regresará a la Tierra sin realizar un alunizaje. Durante este viaje, los astronautas se convertirán en los humanos que hayan viajado más lejos de la Tierra, superando el récord de distancia establecido por la tripulación del Apolo 13 en 1970. Además, podrían establecer un nuevo récord de velocidad durante su reentrada a la atmósfera terrestre, prevista para el 10 de abril.
El sobrevuelo lunar, programado para el lunes, llevará a Orión a una distancia de tan solo 6,400 kilómetros (4,000 millas) de la superficie lunar. Esta proximidad permitirá a los astronautas obtener vistas sin precedentes de la cara oculta de la Luna, un lado que permanece permanentemente alejado de la vista desde la Tierra. Además, el cosmos les ofrecerá un espectáculo único: un eclipse solar total, en el que la Luna bloqueará temporalmente la luz del Sol desde su perspectiva.
Mientras se acercan a su destino, los astronautas están disfrutando de las impresionantes vistas de la Tierra desde una distancia de decenas de miles de kilómetros. La NASA considera este vuelo de prueba como un paso fundamental para impulsar el programa Artemis y allanar el camino para un alunizaje tripulado previsto para 2028.
Sin embargo, el viaje no ha estado exento de desafíos técnicos. Poco después de alcanzar la órbita el miércoles por la noche, se detectó un fallo en el sistema de inodoros de Orión. El Control de Misión guio a Koch a través de una serie de procedimientos de emergencia, logrando finalmente restablecer la funcionalidad del inodoro, aunque inicialmente la tripulación tuvo que recurrir a bolsas de almacenamiento de orina de contingencia.
Otro problema inicial fue la baja temperatura dentro de la cabina de Orión, que descendió hasta los 18 grados Celsius (65 grados Fahrenheit). Los astronautas tuvieron que buscar ropa de abrigo adicional en sus maletas para combatir el frío. El Control de Misión logró aumentar la temperatura de la cabina, mejorando las condiciones de vida a bordo.
A pesar de estos contratiempos, la misión Artemis II continúa avanzando según lo previsto. La NASA confía en que este vuelo de prueba proporcionará datos valiosos y conocimientos cruciales para el desarrollo futuro del programa Artemis, acercando a la humanidad un paso más a su objetivo de establecer una presencia sostenible en la Luna y, eventualmente, explorar los misterios de Marte. El éxito de Artemis II no solo representa un logro científico y tecnológico, sino también un símbolo de la perseverancia humana y su incesante búsqueda de nuevos horizontes en el espacio.












