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LA HABANA EN LA MIRADA DE GREENE: UN PARAÍSO DE RON, SALITRE Y CULPA

LA HABANA EN LA MIRADA DE GREENE: UN PARAÍSO DE RON, SALITRE Y CULPA

La Habana, 3 de abril de 2026 La capital cubana continúa cautivando a artistas, historiadores y viajeros, especialmente a aquellos que nunca experimentaron la ciudad en su apogeo de la década de 1950. Un período marcado por el lujo, la corrupción, la revolución y una atmósfera exótica que fascinó a figuras como el escritor británico Graham Greene. Su novela Nuestro hombre en La Habana (1958) inmortalizó la ciudad, convirtiéndola en un personaje más de su trama de espionaje y sátira.

Greene no fue un simple turista en busca de exotismo, sino un hombre atormentado por sus propios demonios, que encontró en La Habana un espejo de sus conflictos internos. Su fascinación por la ciudad se manifestó en su aprecio por los placeres sensoriales el daiquirí del Floridita, el sabor del cangrejo moro, la atmósfera del Barrio Chino elementos que plasmó en sus páginas. Sin embargo, su mirada era la de un observador perspicaz, consciente de la complejidad y las contradicciones de la sociedad habanera.

El intelectual Ciro Bianchi señala que Greene llegó a La Habana en plena dictadura de Batista, en 1957, con la intención de entrevistar a Fidel Castro en la Sierra Maestra. Aunque no logró su objetivo, fue testigo de la represión en Santiago de Cuba y regresó a Inglaterra con información que contribuyó a la suspensión de la venta de aviones Sea Fury al régimen batistiano. Este episodio demuestra que Greene no era un mero espectador, sino un intelectual comprometido con su tiempo.

La obra de Greene explora temas universales como la culpa, la fe, el pecado y la condición humana. Sus personajes, a menudo almas en crisis, se debaten entre el bien y el mal, buscando redención en un mundo marcado por la corrupción y la injusticia. El teniente Scobie, en El revés de la trama , y el sacerdote en El poder y la gloria , son ejemplos de esta lucha interna, personajes complejos y contradictorios que se enfrentan a dilemas morales y existenciales.

La diferencia entre estos dos personajes radica en su destino final. El sacerdote acepta el martirio sin renunciar a sus principios, mientras que Scobie elige el suicidio como una forma de escapar al peso de la culpa. Sin embargo, ambos comparten la certeza de que el mal gobierna el mundo y que solo la fe ofrece una posibilidad de salvaguardia.

Greene no pretendía ofrecer lecciones morales, sino presentar personajes realistas y complejos, que reflejan la ambig edad y las contradicciones de la vida. Sus novelas se distinguen por su precisión informativa, su mirada literaria y su capacidad para combinar el espionaje con la psicología. Obras como Orient Express (1932) y Una pistola en venta (1936) son ejemplos de esta habilidad.

Además de Nuestro hombre en La Habana , Greene escribió más de 20 novelas, entre ellas El tercer hombre (1950), El fin de la aventura (1951), El americano impasible (1955), El Cónsul honorario (1973), Monseñor Quijote (1982) y El Capitán y el enemigo (1988). También es autor de cuatro autobiografías y una obra de poesía titulada Babbling April (1925).

Greene mantuvo una estrecha relación con la literatura cubana, destacando a Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández y Virgilio Piñera como sus amigos . Admiraba la obra de Alejo Carpentier y consideraba que merecía el Premio Nobel. También recordaba con afecto la pintura de René Portocarrero.

En 1982, Greene regresó a La Habana en un avión del Gobierno de Nicaragua, donde compartió unas horas con Gabriel García Márquez y Fidel Castro. García Márquez percibió en Greene una cierta incertidumbre sobre el propósito de su visita, mientras que Fidel Castro se mostró intrigado por su estilo de vida y su buena salud a pesar de su edad.

Graham Greene falleció el 3 de abril de 1991, a los 86 años. Dejó un legado literario que sigue siendo relevante en la actualidad, una obra que incomoda porque aborda temas incómodos: la culpa, el miedo, la fe y la certeza de que el mal puede estar presente en el interior de cada uno de nosotros. Su mirada sobre La Habana, un paraíso de ron, salitre y culpa, sigue resonando en la memoria de la ciudad y en la imaginación de sus lectores. Su obra, más allá de la trama de espionaje, es un retrato de una época y un reflejo de la condición humana, un testimonio de la complejidad y la belleza de un mundo en constante cambio. La Habana, en la mirada de Greene, sigue siendo un lugar fascinante, un escenario de sueños y pesadillas, un símbolo de la eterna lucha entre el bien y el mal.

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