El Ejército israelí afirma haber eliminado a más de 850 miembros de Hezbollah en Líbano, incluyendo 230 combatientes de la Fuerza Radwan, su unidad de élite. Esta cifra contrasta con el recuento del Ministerio de Salud libanés, que eleva el número total de fallecidos en el país a 1.247 desde el inicio de los ataques israelíes, entre ellos 124 niños. La escalada de violencia ha generado una profunda crisis humanitaria y ha puesto en el punto de mira las tácticas militares israelíes.
En los últimos días, Israel ha sido acusado de bombardear deliberadamente ambulancias y centros médicos en al menos tres ocasiones, resultando en la muerte de al menos 52 personas. Estos incidentes han suscitado fuertes críticas y preocupaciones sobre el respeto al derecho internacional humanitario. La falta de pronunciamiento del ejército israelí sobre la muerte de los periodistas Ali Shaib, Fatima y Mohamed Fatuni, agrava aún más la situación, especialmente tras asegurar que Shaib pertenecía a Hezbollah sin presentar pruebas verificables.
Según el portavoz castrense Nadav Shoshani, Hezbollah ha lanzado aproximadamente 5.000 municiones contra Israel, incluyendo drones y misiles, causando la muerte de dos civiles israelíes en el norte del país. Además, diez soldados israelíes han perdido la vida en la operación terrestre en el sur del Líbano durante el último mes, con cuatro bajas anunciadas este martes.
Actualmente, cinco divisiones del Ejército israelí operan en el sur del Líbano: la 162 realiza incursiones, la 146 mantiene una posición defensiva en el área occidental, la 91 y la 36 llevan a cabo ofensivas en la parte oriental, y la 210 está posicionada en el Monte Dov, en la frontera con los Altos del Golán sirios ocupados. Una sexta división, la 98, se prepara para desplegarse en el país vecino como parte de la expansión anunciada por el Gobierno israelí de la “zona de seguridad” en el sur del Líbano, refiriéndose al territorio que ocupa militarmente para las operaciones de sus tropas.
Shoshani ha confirmado que las operaciones se centran en zonas fronterizas, pero también incluyen redadas y operaciones selectivas en otras aldeas. Esta estrategia de expansión de la zona de operaciones israelí ha generado temor entre la población civil libanesa y ha aumentado la presión sobre la infraestructura del país.
Paralelamente, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha declarado que la ofensiva lanzada a finales de febrero junto a Estados Unidos contra Irán se encuentra “a medio camino”, aunque ha descartado establecer una fecha concreta para su finalización. Netanyahu ha insistido en que los objetivos de la guerra “se han superado más allá del ecuador”, a pesar de rechazar “fijar un calendario” para el fin de los ataques.
El principal objetivo de la ofensiva, según Netanyahu, son las “reservas de uranio enriquecido” de Irán, con el fin de “impedir que Teherán adquiera armas nucleares”. Ha afirmado que la operación conjunta ha logrado “debilitar la infraestructura militar, nuclear e industrial de Irán”, incluyendo la “merma de su capacidad balística, la destrucción de fábricas y la eliminación de científicos nucleares clave”.
Netanyahu ha enfatizado que la campaña militar no solo busca debilitar a Irán en el presente, sino también prevenir un futuro “mucho más peligroso”, advirtiendo que Teherán está “buscando armas nucleares y los medios para lanzarlas contra ciudades estadounidenses”. Ha revelado que la fase actual de la operación se centra en “retirar el uranio enriquecido de Irán”, un paso clave que podría detener de forma permanente su capacidad para fabricar un arma nuclear. Incluso ha mencionado que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha exigido que el material sea retirado del país y entregado a terceros.
La situación en Líbano y la escalada de tensiones con Irán plantean serias preocupaciones sobre la estabilidad regional y la posibilidad de una ampliación del conflicto. La comunidad internacional ha instado a todas las partes a ejercer la máxima moderación y a buscar una solución diplomática para evitar una mayor pérdida de vidas y una escalada aún mayor de la violencia. La falta de un alto el fuego y la persistencia de los ataques israelíes continúan exacerbando la crisis humanitaria y socavando las perspectivas de paz en la región. La creciente preocupación por el destino de los civiles, especialmente niños, exige una respuesta urgente y coordinada por parte de la comunidad internacional para proteger a la población vulnerable y garantizar el acceso a la ayuda humanitaria.


