El panorama político en Estados Unidos ha alcanzado un punto de tensión crítica mientras el presidente Donald Trump solicita decenas de miles de millones de dólares para financiar las operaciones militares contra Irán. En una respuesta que se describe como históricamente inusual, los demócratas en el Congreso han enviado un mensaje inequívoco: no aprobarán los fondos solicitados. Esta postura ha transformado la operación en Irán en la guerra más partidista de la historia moderna del país, siendo la primera vez que un partido político rechaza por completo las solicitudes de financiamiento presentadas por el comandante en jefe.
Por primera vez en al menos un siglo, el Partido Demócrata se mantiene unido contra un conflicto bélico desde sus inicios. La negativa no se limita únicamente a los fondos específicos para la guerra; los legisladores demócratas están votando en bloque para exigir la retirada de las tropas y han llegado al extremo de rechazar un proyecto de ley más amplio sobre la política del Pentágono. Esta última medida es una forma de protesta, a pesar de que el proyecto incluye disposiciones no relacionadas con Irán, como el aumento salarial para los militares.
Este comportamiento representa un cambio político sísmico. En conflictos anteriores, los demócratas solían evitar exponerse a acusaciones de no apoyar a las tropas desplegadas. Sin embargo, actualmente sostienen que la opinión pública, incluyendo a sectores de votantes republicanos, respalda su postura. Según los legisladores del partido, el apoyo republicano a esta guerra será una línea divisoria determinante para las elecciones de noviembre. Pat Ryan, representante demócrata por Nueva York y veterano de misiones en Iraq, ha sido tajante al señalar que los republicanos son los responsables de la situación, acusándolos de mentir y encubrir las bajas militares.
Desde la otra acera, los líderes republicanos han reaccionado con furia. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, calificó la negativa demócrata de "vergonzosa", especialmente ante la preocupación por el agotamiento de las reservas de municiones y la solicitud del Gobierno de casi 70.000 millones de dólares adicionales en fondos de emergencia. Johnson sostiene que los demócratas actúan movidos por un problema personal con el presidente y buscan obtener una ventaja política.
La oposición demócrata se fundamenta en varios pilares: un creciente escepticismo hacia los compromisos militares extranjeros, una postura menos favorable hacia Israel —principal aliado en el conflicto— y una profunda desconfianza en la gestión de Donald Trump. Además, consideran que el presidente fracasó en convencer a la opinión pública, resultando en una guerra excepcionalmente impopular. Una encuesta de The Washington Post e Ipsos revela que solo el 29% de los estadounidenses respalda el conflicto.
El liderazgo de los veteranos demócratas ha sido fundamental en esta estrategia. Figuras como Seth Moulton, veterano del Cuerpo de Marines, han instado a poner un límite a la situación, afirmando que es momento de decir "ya basta" ante lo que consideran una guerra perdida. Hakeem Jeffries, líder de la minoría en la Cámara, planea situar a estos veteranos en el centro de la estrategia de comunicación para las elecciones de mitad de mandato.
Incluso dentro del Partido Republicano existen fisuras. Don Bacon, representante y veterano de la Fuerza Aérea, advirtió que Trump es responsable de no haber logrado un apoyo bipartidista, señalando que actuar por cuenta propia no funciona. Por su parte, el senador Rand Paul ha sido abierto en su crítica, afirmando que la guerra no ha sido un éxito y que Estados Unidos se encuentra en una posición peor que antes del conflicto, sugiriendo que los republicanos podrían sufrir un castigo en las urnas.
La comparación con el pasado es evidente. Nancy Pelosi recordó que, en 2007, durante la insurgencia en Iraq, ayudó a aprobar fondos para las guerras de George W. Bush a pesar de su impopularidad. No obstante, Pelosi ha dejado claro que no hará lo mismo con Trump, describiendo el enfoque actual de seguridad nacional como el más desordenado que ha visto en su vida, debido a la falta de un plan, un propósito y una estrategia de salida.
Mientras los bombardeos se intensifican y el conflicto se agrava, la guerra con Irán se ha convertido en un riesgo político interno. Legisladores de distritos competitivos, como Henry Cuellar y Susie Lee, aseguran que no temen los ataques republicanos por no respaldar las tropas, ya que la impopularidad del conflicto se vincula directamente con el aumento de los precios de la gasolina y la contradicción con la promesa de campaña de Trump de terminar con las "guerras interminables".


