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POR QUÉ LOS INTELECTUALES SE EQUIVOCAN: Un análisis de la ceguera ideológica

POR QUÉ LOS INTELECTUALES SE EQUIVOCAN: Un análisis de la ceguera ideológica
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El reciente ensayo del ensayista francés Samuel Fitoussi, Pourquoi les intellectuels se trompent (Por qué los intelectuales se equivocan), galardonado con el premio Victor Hugo 2026, explora un fenómeno desconcertante: cómo figuras destacadas del pensamiento, con acceso a información y capacidad analítica, han caído en la trampa de apoyar ideologías totalitarias a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI. El libro plantea la pregunta de cómo personalidades como Bertrand Russell, Martin Heidegger, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y Michel Foucault pudieron ser tan ciegas ante la barbarie inherente a regímenes como el nazi, el maoísta o el islamista iraní, a pesar de las evidencias disponibles.

Fitoussi argumenta que el error de estos intelectuales no se debe a una falta de capacidad, sino precisamente a una consecuencia de ella. Citando a George Orwell, quien observó que ningún hombre corriente podría ser tan tonto como ciertos intelectuales británicos que preveían una victoria del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el autor se apoya en pensadores como Orwell, Jean-Fran ois Revel, Thomas Sowell, Raymond Aron, Jonathan Haidt y Steven Pinker para desentrañar los mecanismos que conducen a estas equivocaciones.

Una de las claves identificadas por Fitoussi es la tendencia de las personas con un alto nivel educativo a adoptar opiniones más extremas que las de la clase trabajadora, según estudios del politólogo David Shor. Las encuestas revelan que los votantes con estudios universitarios se identifican menos como centristas, y que un mayor nivel de información a menudo se traduce en una polarización de las opiniones y una menor disposición a considerar matices.

El autor profundiza en la tensión entre la racionalidad epistémica la capacidad de adoptar creencias válidas y la racionalidad social la necesidad de ganar estatus social, cuidar la reputación y facilitar la cooperación con los pares. Investigaciones de Hugo Mercier y Dan Sperber sugieren que nuestras capacidades cognitivas se utilizan no solo para acceder a la verdad, sino también para fines sociales. A lo largo de la evolución, la reputación de un individuo ha sido crucial para su supervivencia, a menudo más importante que la exactitud de sus ideas.

Fitoussi también señala que los intelectuales rara vez enfrentan consecuencias negativas por sus errores de juicio, a diferencia de profesionales como los panaderos, cuya reputación depende de la calidad de su trabajo. El costo de apartarse de los postulados de su círculo académico y social es considerable, lo que fomenta la conformidad y la defensa de ideas erróneas. Esta dinámica se refleja en la expresión francesa que sugiere una preferencia por equivocarse con Sartre que tener razón con Aron.

El libro explora cómo el sesgo cognitivo puede operar de manera contraintuitiva. Citando a Saul Bellow, Fitoussi escribe que una gran cantidad de inteligencia puede invertirse en la ignorancia cuando la necesidad de ilusiones es profunda . Cuando la realidad contradice sus creencias, el intelectual tiende a defender su postulado inicial en lugar de buscar la verdad, movilizando sus facultades cognitivas para justificar sus errores pasados. Cuanto más se equivoca un intelectual, más propenso es a seguir equivocándose.

El caso del filósofo húngaro Arthur Koestler, quien presenció la hambruna provocada por Stalin en Ucrania en 1932, ilustra este fenómeno. A pesar de ser un ferviente comunista, Koestler se encontró con un espectáculo dantesco de sufrimiento que contradecía la propaganda que había absorbido. Sin embargo, su reacción inicial fue activar mecanismos de defensa para distorsionar la realidad, un censor interno que superó cualquier censura oficial.

Fitoussi aplica este análisis a ejemplos contemporáneos, como el apoyo de algunos intelectuales a movimientos como Hezbolláh y Hamás, calificándolos de progresistas a pesar de su brutalidad contra la diversidad sexual. También critica a los influencers privilegiados que visitan Cuba para promover una imagen positiva de la dictadura, ignorando la realidad de la vida en la isla.

El autor reconoce que su libro puede ser criticado por generalizar sobre los intelectuales , dejando de lado corrientes como la Ilustración que han promovido el espíritu crítico. Sin embargo, destaca la importancia de figuras como Orwell, Aron y Camus, quienes eligieron el camino difícil de ver la realidad sin adornos, en contraste con aquellos que prefirieron el confort de la autoilusión. El libro de Fitoussi ofrece una reflexión profunda y provocadora sobre los peligros de la ceguera ideológica y la necesidad de mantener un compromiso constante con la verdad, incluso cuando es incómoda o desafía nuestras creencias más arraigadas.

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