El robo de al menos 24 cepas de virus en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) ha desencadenado una investigación policial y sanitaria. Entre los agentes biológicos sustraídos se encuentran virus como el dengue, chikungunya, zika, herpes, Epstein-Barr, coronavirus humano y el virus de la gripe tipo A, además de 13 tipos que infectan animales. El material fue extraído de un laboratorio NB-3, un entorno con altos estándares de bioseguridad dentro del Instituto de Biología.
El descubrimiento del robo se realizó en febrero, cuando dos investigadoras notaron la ausencia de cajas y otros elementos almacenados en el laboratorio. Las cámaras de seguridad revelaron que el veterinario y doctorando Michael Edward Miller ingresó y salió del espacio en horarios inusuales, llevando consigo objetos. Junto a él, la profesora Soledad Palameta Miller frecuentaba el laboratorio desde noviembre, incluso en ausencia de otros investigadores.
La dirección del Instituto de Biología fue notificada el 3 de marzo, y diez días después, el caso fue elevado a la rectoría de la universidad. La Unicamp alertó a la Policía Federal y a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) debido a las implicaciones en materia de bioseguridad. El laboratorio fue inmediatamente sellado.
Las búsquedas realizadas por la Policía Federal el 21 de marzo en la universidad y en la residencia de los investigados no arrojaron resultados en el domicilio del matrimonio. Sin embargo, parte del material robado fue encontrado en un biofreezer de la Facultad de Ingeniería de Alimentos, donde trabaja Soledad Palameta Miller. La investigación también sugiere que la profesora intentó deshacerse de pruebas y alterar etiquetas después de la operación policial.
La profesora fue arrestada y posteriormente liberada provisionalmente. Enfrenta cargos por transporte irregular de organismos genéticamente modificados, fraude procesal y poner en riesgo la salud pública. La defensa de los acusados no ha emitido declaraciones. La Unicamp ha calificado el incidente como un “caso aislado” y ha asegurado que no existe un riesgo generalizado de contaminación si el material se almacena adecuadamente.
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