La muerte del ayatolá Ali Jamenei, a manos de Estados Unidos e Israel el mes pasado, ha abierto un debate interno en Irán sobre su programa nuclear, poniendo en duda la fatua (dictamen legal islámico) que prohibía el desarrollo de armas nucleares. Expertos y analistas coinciden en que la opinión pública y la élite iraní han cambiado drásticamente su postura, especialmente tras los ataques sufridos por el país en medio de negociaciones con potencias mundiales.
Durante años, Jamenei resistió la presión interna para construir un arma nuclear, incluso después de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2018, bajo la presidencia de Donald Trump. En su lugar, adoptó una estrategia de “paciencia estratégica”, permitiendo que Irán avanzara en su programa de enriquecimiento de uranio, acercándose a niveles de grado armamentístico sin cruzar el umbral para la fabricación de una bomba.
Sin embargo, la operación militar israelí del año pasado, que resultó en la muerte de varios líderes militares y nucleares iraníes, y la amenaza de un ataque directo de Trump a instalaciones nucleares clave, han intensificado los llamados a reconsiderar esta política. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ya había advertido que Teherán estaba preparado para cambiar su postura nuclear. Ahmad Haqtalab, comandante del CGRI responsable de proteger las instalaciones nucleares, declaró en 2024 que una reversión de la doctrina nuclear de Irán era “probable y concebible”.
Irán actualmente posee más de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido, suficiente para producir varias armas nucleares si Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo y nuevo líder de Irán, revoca la fatua de su padre. La incertidumbre sobre la capacidad de toma de decisiones de Mojtaba, quien permanece en gran medida fuera del ojo público, agrava la situación.
El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, admitió que no está seguro de la “postura jurisprudencial o política” del nuevo líder sobre las armas nucleares, aunque espera que no difiera mucho de las políticas anteriores. El primer discurso atribuido a Mojtaba como líder, leído por un presentador de televisión estatal, prometió venganza por la muerte de su padre y otros fallecidos en la guerra, pero no mencionó el programa nuclear, dejando a los observadores especulando sobre su futuro.
La dirigencia iraní se enfrenta a crecientes presiones internas para revertir su política nuclear, impulsadas por el fortalecimiento del CGRI y el nombramiento de comandantes de línea dura. Nasser Torabi, un comentarista de línea dura, declaró en la televisión estatal que, después de la guerra, Irán será reconocido como una superpotencia global y que “debemos tomar medidas para producir o poseer armas nucleares”.
Sina Azodi, autor de “Irán y la Bomba”, señala que los sectores más duros de Irán y el CGRI ahora ven una oportunidad para cambiar la doctrina nuclear de larga data. “Una de las razones por las que ejercieron contención nuclear fue el temor a ataques de Israel y de EE.UU.”, explica Azodi. “Pero a estas alturas, cuando atacaron de todos modos, para ellos ya no hay garantías”.
La construcción de un arma nuclear dependería de la revocación de la fatua, el acceso al uranio altamente enriquecido y la capacidad de fabricar una bomba funcional. Sin embargo, Irán podría optar por construir un dispositivo nuclear rudimentario en lugar de un arma sofisticada, transportable por misiles. Este dispositivo más simple, aunque menos eficiente militarmente, podría producir una explosión nuclear y servir como demostración de capacidad y disuasión.
La disuasión, sin embargo, no está garantizada. Azodi argumenta que Irán no puede usar sus fuerzas nucleares para amenazar a Estados Unidos, debido a la distancia y la disparidad en el número de armas nucleares. La política de disuasión de Irán se ha centrado históricamente en Irak, Israel y Arabia Saudita. Si Irán avanzara con su propio arma, es probable que Riad busque una bomba nuclear a su vez. El príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman ya declaró en 2018 que Arabia Saudita desarrollaría una bomba nuclear si Irán lo hiciera.
La situación plantea serias preocupaciones sobre la estabilidad regional y la proliferación nuclear. La decisión de Irán sobre su programa nuclear tendrá consecuencias de gran alcance, no solo para el Medio Oriente, sino para la seguridad global. La comunidad internacional observa de cerca los acontecimientos en Teherán, esperando que el nuevo liderazgo tome decisiones que eviten una escalada y promuevan la paz y la estabilidad. La posibilidad de un Irán con armas nucleares ha reabierto un debate crucial sobre la seguridad internacional y la necesidad de una diplomacia efectiva para prevenir una nueva carrera armamentista en la región.


