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Grandes multitudes protestaron el sábado 28 de marzo de 2026 en todo Estados Unidos contra el presidente Donald Trump, con millones de personas manifestando su indignación por su estilo de gobernar, sus políticas migratorias y la guerra con Irán. Los organizadores de las movilizaciones afirmaron que "al menos 8 millones de personas se reunieron en más de 3.300 actos en los 50 estados", desde grandes ciudades hasta pequeños pueblos.
Las autoridades estadounidenses no proporcionaron una estimación nacional de la asistencia a las protestas.
Esta es la tercera vez en menos de un año que los estadounidenses salen a las calles como parte de un movimiento llamado "No Kings" (Sin Reyes), el grupo de oposición a Trump más visible desde que comenzó su segundo mandato en enero de 2025. El movimiento denunció la "guerra ilegal" que Trump comenzó hace un mes en Irán, la cual ha provocado un aumento en los precios de los combustibles e inflación, además de reafirmar sus críticas contra los "abusos" del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).
En Nueva York, la ciudad más poblada de Estados Unidos, decenas de miles de manifestantes se congregaron. Entre ellos se encontraba el actor ganador del Óscar Robert De Niro, un crítico frecuente de Trump. De Niro calificó al presidente como "una amenaza existencial para nuestras libertades y nuestra seguridad".
Las protestas se extendieron de costa a costa, desde Atlanta hasta San Diego, e incluso habitantes del estado de Alaska se unieron a la convocatoria. Marc McCaughey, un veterano militar de 36 años, declaró a la AFP en Atlanta: "Ningún país puede gobernar sin el consentimiento del pueblo".
En Washington, los manifestantes cruzaron un puente sobre el río Potomac hacia el Monumento a Lincoln, un lugar que ha sido escenario de históricas manifestaciones por los derechos civiles en el pasado. El presidente Trump se encontraba en Florida durante el fin de semana.
El clima anti-Trump ha trascendido las fronteras de Estados Unidos, con manifestaciones multitudinarias el sábado en ciudades europeas como Ámsterdam, Madrid y Roma, lo que demuestra la preocupación internacional por las políticas del gobierno estadounidense.
Las manifestaciones en Estados Unidos ocurren en un momento en que la desaprobación hacia Trump alcanza su nivel más alto durante sus dos mandatos. Una encuesta de Fox News revelada el miércoles mostró que el 59% de los estadounidenses desaprueba la gestión del presidente. Este aumento en la desaprobación pública se atribuye en gran medida a la guerra en Irán y a las consecuencias económicas que ha generado, así como a las continuas críticas sobre las políticas migratorias del gobierno.
El movimiento "No Kings" ha ganado fuerza en los últimos meses, organizando protestas y campañas de concienciación en todo el país. Sus miembros provienen de diversos orígenes y representan una amplia gama de preocupaciones políticas y sociales. El grupo ha utilizado las redes sociales para movilizar a sus seguidores y difundir su mensaje de oposición a Trump.
La guerra en Irán, que comenzó hace un mes, ha sido un punto de inflexión en la opinión pública estadounidense. Muchos ciudadanos se oponen a la intervención militar y temen que pueda conducir a un conflicto más amplio en la región. El aumento de los precios de los combustibles y la inflación también han afectado negativamente a la economía doméstica, lo que ha exacerbado el descontento popular.
Las políticas migratorias del gobierno de Trump, en particular las acciones del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), también han sido objeto de fuertes críticas. Los manifestantes denuncian los abusos y la separación de familias que, según afirman, son resultado de estas políticas.
La magnitud de las protestas del sábado sugiere que la oposición a Trump está creciendo y que el presidente enfrenta un desafío significativo para mantener el apoyo público. La situación política en Estados Unidos es cada vez más tensa y es probable que las protestas continúen en los próximos meses. La respuesta del gobierno de Trump a estas manifestaciones será crucial para determinar el futuro político del país. La creciente desaprobación y la movilización ciudadana podrían tener un impacto significativo en las próximas elecciones y en la dirección que tome Estados Unidos en los próximos años.


