Israel confirmó este viernes ataques contra una planta de agua pesada en la provincia iraní de Arak y una fábrica de óxido de uranio concentrado en Yazd, justificando la acción como una respuesta a los intentos de Irán de avanzar en su programa de armas nucleares. Las autoridades iraníes han asegurado que no existe riesgo de contaminación para la población tras los ataques.
El ejército israelí argumentó que la planta de Arak era una infraestructura clave para la producción de plutonio para armas nucleares y que su ataque busca debilitar la economía iraní, ya que generaba decenas de millones de dólares anuales para la Organización de Energía Atómica de Irán. El segundo ataque, contra la planta de extracción de uranio en Yazd, se dirigió a la única instalación de este tipo en el país, donde se procesan materias primas para el enriquecimiento de uranio.
La agencia nuclear iraní confirmó los ataques, calificando el de Arak como un acto “criminal perpetrado por el enemigo estadounidense-sionista”, pero reiterando que no hubo liberación de materiales radiactivos. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha sido informado de los incidentes y está investigando los hechos, confirmando que no se ha detectado un aumento en los niveles de radiación fuera de las instalaciones.
En paralelo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, estimó que la guerra con Irán terminará “en un par de semanas”, resultando en una República Islámica “más débil que nunca”. Rubio aseguró que los objetivos de la operación militar son la destrucción del potencial militar iraní, incluyendo sus fábricas de misiles y su Marina. El presidente Donald Trump había anunciado previamente una extensión de la suspensión de ataques contra centrales eléctricas iraníes por diez días.
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