El expresidente venezolano Nicolás Maduro enfrenta este jueves 26 de marzo una nueva audiencia judicial en Nueva York, mientras su figura se desvanece en el panorama político de su país. El gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez ha concentrado sus esfuerzos en fortalecer las relaciones con la administración de Donald Trump, marcando un claro viraje en la política exterior venezolana.
Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecen por segunda vez ante la justicia estadounidense desde su captura el pasado 3 de enero, resultado de una operación militar ordenada por el mandatario republicano. Dos días después, Rodríguez asumió la presidencia encargada, implementando reformas de gabinete y promoviendo legislaciones clave, como la reforma a la ley de hidrocarburos. Paralelamente, Maduro ha ido perdiendo protagonismo en la agenda pública.
Según el politólogo y profesor universitario Guillermo Aveledo, la propaganda oficial que presentaba a Maduro como un héroe, incluso un superhéroe, ha desaparecido casi por completo. La victimización choca con la realidad de la impopularidad del presidente, quien quizás sea reevaluado en el futuro , afirmó Aveledo a EFE.
Tras el despliegue aeronaval de Estados Unidos en el Caribe a finales del año pasado, el chavismo se unió en defensa de Maduro. Durante las primeras semanas de su captura, militantes marcharon diariamente exigiendo su liberación. Aunque esta demanda persiste en algunos discursos y representaciones mediáticas, el acercamiento a Estados Unidos, los acuerdos energéticos con empresas extranjeras y los cambios de gabinete se han convertido en la prioridad de los anuncios oficiales.
Aveledo señala que, aunque existen monumentos y pequeños altares en algunos lugares que exhortan al retorno de Maduro y Flores, no se trata de una política coordinada desde el palacio presidencial de Miraflores.
En sus casi tres meses como presidenta encargada, Rodríguez ha implementado cambios significativos, siendo el más notable el cambio en la relación con Estados Unidos. Este acercamiento parece eclipsar la lucha por la liberación de Maduro. Sería difícil afirmar lo contrario. El mensaje subyacente es que estamos en una relación de respeto, reafirmando las nuevas relaciones, pero en la práctica pareciera que hay al menos discreción en torno a un emplazamiento más explícito sobre el tema , explicó Aveledo.
El profesor universitario describe esta situación como un discurso dual , con gestos de recuerdo a Maduro y Flores, pero que parece bastante sutil, e incluso quizás polémico dentro del propio status quo del Estado .
Venezuela se encuentra en un nuevo momento político , según la mandataria encargada. El país está inmerso en un proceso de amnistía que ha resultado en la liberación de 8.084 personas, según datos del Parlamento. Además, las marchas de movimientos sindicales exigiendo aumentos salariales y las protestas por fallas en los servicios públicos han ganado protagonismo en la agenda nacional.
La ONG Foro Penal informa que actualmente hay 503 presos políticos en el país, incluyendo 44 extranjeros o ciudadanos con doble nacionalidad y 188 militares.
Maduro y Flores, acusados de cargos relacionados con narcotráfico y posesión de armas, argumentan que no tienen los recursos necesarios para pagar su defensa privada y denuncian que se les impide utilizar fondos del Estado venezolano debido a la falta de reconocimiento como jefes de Estado.
Mientras tanto, Rodríguez ha calificado a Trump de socio y amigo , agradeciendo el reconocimiento formal de su gobierno interino, a pesar de que esto debilita la posición de Maduro. La presidenta encargada no se ha pronunciado públicamente sobre el juicio al líder chavista esta semana, pero anunció el viaje de una delegación diplomática a Estados Unidos, coincidiendo con la relajación de sanciones por parte de Trump para facilitar la reapertura de la embajada venezolana en Washington.
Aveledo considera que, aunque no se puede afirmar que Maduro sea ahora prescindible, ciertamente es un lastre en la conversación . ¿Es (Maduro) una figura prescindible? Si nos atenemos a los hechos, pareciera que es así, lo cual no deja de ser sobrecogedor dado el poder que ostentó , concluyó.
El Gran Jurado sostiene que, durante años, Venezuela facilitó el tránsito de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. En este esquema, Maduro, primero como canciller y luego como presidente, habría otorgado pasaportes diplomáticos y cobertura oficial a operadores vinculados al Cártel de Sinaloa y a Los Zetas. La clave no era solo el trasiego de droga, sino la movilidad: documentos y visados que abrían puertas, reducían controles y otorgaban inmunidades estratégicas para mover dinero y personas.












