Este domingo 29 de marzo, los relojes avanzarán una hora en la mayoría de los países, marcando el inicio del horario de verano. Si bien esta práctica, introducida inicialmente durante la Primera Guerra Mundial y reimplantada en los años setenta con el objetivo de ahorrar energía, sigue vigente, cada vez más investigadores alertan sobre sus potenciales efectos negativos en la salud.
El cambio de hora, aunque pueda parecer un ajuste menor, interrumpe nuestro ritmo circadiano, el reloj biológico interno de 24 horas que regula funciones esenciales como el sueño, el estado de alerta, la producción hormonal y el estado de ánimo. Según Jeffrey Kelu, investigador posdoctoral especializado en ritmos circadianos en el King's College de Londres, la adaptación a este cambio puede variar significativamente entre individuos. La mayoría de las personas debería ser capaz de ajustarse y adaptarse en el plazo de una semana, pero también sabemos que hay gente a la que le cuesta adaptar su reloj y puede tardar semanas, si no meses, en que su reloj biológico se ajuste a un simple cambio de una hora , explica.
La predisposición genética juega un papel crucial en la facilidad con la que cada persona se adapta a las alteraciones del ritmo circadiano. La investigación continúa para comprender mejor las razones por las que algunos individuos experimentan mayores dificultades que otros. Sin embargo, los efectos del cambio de hora de primavera van más allá de la simple dificultad para dormir. Estudios han relacionado este ajuste horario con un aumento temporal de accidentes de tráfico, infartos y episodios depresivos.
A pesar de que muchos reciben con satisfacción el alargamiento de las tardes, Kelu advierte que la exposición prolongada a la luz al final del día puede interferir con la preparación del cuerpo para el descanso. La luz es un factor que inhibe la liberación de melatonina, de modo que retrasa el inicio del sueño y puede dificultar que la gente se duerma , señala. La melatonina, hormona producida por la glándula pineal en la oscuridad, es esencial para regular el ciclo sueño-vigilia.
Para mitigar los efectos negativos del cambio de hora, Kelu recomienda oscurecer completamente el dormitorio antes de acostarse, bloqueando cualquier fuente de luz exterior. Esto ayuda a enviar una señal clara al cuerpo de que es hora de descansar y mejora la calidad del sueño.
Un ritmo circadiano sólido se caracteriza por un ajuste preciso al ciclo de 24 horas, lo que permite que el reloj biológico envíe señales claras para las funciones corporales clave. Las personas con ritmos circadianos más marcados tienden a mantener horarios regulares de sueño y actividad, incluso ante cambios en su rutina. Por el contrario, las alteraciones del reloj biológico, causadas por hábitos irregulares, desfase horario, trabajo por turnos o exposición a la luz nocturna, se han asociado con un mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión. Investigaciones recientes incluso sugieren una relación entre ritmos circadianos débiles y la demencia.
La creciente preocupación por los efectos adversos del cambio de hora ha impulsado numerosas iniciativas para abolirlo en Europa. En 2018, la Comisión Europea propuso suprimir los cambios horarios estacionales tras una consulta pública en la que el 84% de los 4,5 millones de participantes se mostró a favor de la abolición. Sin embargo, Chipre y Grecia fueron las únicas excepciones, donde una ligera mayoría prefirió mantener el sistema actual.
A pesar del apoyo generalizado, los Estados miembros de la UE no han logrado llegar a un acuerdo común, bloqueando la propuesta en el Consejo Europeo. La cuestión de qué horario adoptar en caso de suprimirse el cambio de hora sigue siendo un debate abierto.
Los científicos, incluyendo a Kelu, se inclinan por mantener la hora estándar de invierno. Argumentan que adoptar permanentemente el horario de verano privaría a la mayoría de las personas de la luz matutina, crucial para la salud. La luz de la mañana es fundamental , subraya Kelu. Pasamos el día encerrados en la oficina y estamos continuamente expuestos a luz artificial .
Si bien la luz artificial puede ayudar a sincronizar el reloj interno, su efecto es menos potente que el de la luz natural, especialmente durante los meses de invierno, cuando los días son más cortos y el sol sale más tarde. Por lo tanto, preservar incluso una pequeña dosis de luz matutina es esencial para mantener un ritmo circadiano saludable y promover el bienestar general. La decisión final sobre el futuro del cambio de hora sigue pendiente, pero la evidencia científica sugiere que la abolición y la adopción permanente del horario de invierno podrían ser la opción más beneficiosa para la salud pública.











