Beijing concluye investigación sobre medidas mexicanas, advierte sobre impacto en comercio y posibles represalias.
El Ministerio de Comercio de China ha dictaminado que las medidas arancelarias implementadas por México a productos provenientes de países sin tratados de libre comercio, incluyendo China, constituyen barreras al comercio y la inversión. La conclusión se desprende de una investigación iniciada en septiembre pasado, en respuesta a la imposición de gravámenes por parte de México a mercancías de origen chino y de otras naciones asiáticas.
Según el comunicado emitido por el ministerio chino, las medidas adoptadas por el gobierno mexicano violan la normativa china en materia de comercio exterior. La investigación, llevada a cabo bajo la Ley de Comercio Exterior de China y su reglamento sobre investigaciones de barreras al comercio exterior, confirmó que las subidas arancelarias afectaron a más de 30 mil millones de dólares estadounidenses en exportaciones chinas a México durante el año pasado.
Pero la preocupación de China no se limita únicamente a los aranceles. El ministerio también señaló que medidas complementarias, como los retrasos en el despacho de aduanas y una aplicación más rigurosa de las normas de origen, podrían interpretarse como discriminaciones o restricciones, tanto directas como indirectas, a las importaciones chinas. Estas prácticas, según el comunicado, complican aún más el acceso de los productos chinos al mercado mexicano.
China reafirmó su oposición a cualquier forma de unilateralismo y proteccionismo, rechazando la politización y la instrumentalización de cuestiones comerciales y económicas. El comunicado enfatiza que Beijing tomará las medidas oportunas para salvaguardar sus derechos e intereses legítimos, aunque no especificó cuáles serán esos pasos.
La disputa comercial se produce en un momento delicado para las relaciones económicas entre China y México, justo antes de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) este año. Además, el contexto está marcado por un creciente escrutinio por parte de Estados Unidos sobre la presencia de empresas chinas en América del Norte.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha argumentado en repetidas ocasiones que las medidas arancelarias no están dirigidas a China , sino que se aplican a todos los países con los que México no tiene acuerdos comerciales vigentes. Sin embargo, la postura china es clara: considera que las acciones mexicanas son proteccionistas y perjudiciales para el comercio bilateral.
En diciembre pasado, el Senado mexicano aprobó una ley que establece aranceles de entre el 5% y el 50% a aproximadamente 1,463 productos en sectores clave como el textil, el aluminio y los plásticos. La entrada en vigor de esta ley está prevista para el 1 de enero de 2026. En respuesta, China expresó su esperanza de que México reconsiderara sus prácticas erróneas de unilateralismo y proteccionismo .
La tensión entre ambos países ha sido objeto de diálogo bilateral. En febrero, el representante internacional de Comercio y viceministro chino, Li Chenggang, se reunió en Beijing con su homóloga mexicana para abordar la relación bilateral y buscar soluciones a la controversia. Sin embargo, hasta el momento, no se han anunciado avances significativos.
El Ministerio de Comercio chino no ha detallado qué acciones concretas tomará en respuesta a su dictamen sobre los aranceles mexicanos. La incertidumbre sobre las futuras medidas de represalia por parte de China genera preocupación en los círculos empresariales y económicos de ambos países.
La situación podría complicar aún más las negociaciones en el marco de la revisión del T-MEC, especialmente en lo que respecta a las reglas de origen y la competencia comercial. Estados Unidos, por su parte, ha expresado su preocupación por la dependencia de México de China y ha presionado para reducir la influencia china en la región.
El impacto de los aranceles mexicanos en las exportaciones chinas es significativo, pero también podría afectar a las empresas mexicanas que dependen de insumos y productos intermedios provenientes de China. La escalada de tensiones comerciales podría generar disrupciones en las cadenas de suministro y aumentar los costos para los consumidores.
La resolución del conflicto comercial entre China y México requerirá de un diálogo constructivo y de la búsqueda de soluciones mutuamente beneficiosas. La revisión del T-MEC podría ser una oportunidad para abordar las preocupaciones de ambas partes y establecer reglas claras para el comercio bilateral. Sin embargo, la falta de claridad sobre las futuras acciones de China y la persistencia de las tensiones geopolíticas complican el panorama y aumentan el riesgo de una escalada comercial.
La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de esta disputa comercial, ya que podría tener implicaciones más amplias para el sistema multilateral de comercio y la estabilidad económica global. La resolución pacífica de la controversia entre China y México es fundamental para preservar la confianza en el comercio internacional y promover un crecimiento económico sostenible.











