El incendio de la embarcación Negra Francisca Duarte II el 18 de marzo, a 225 millas náuticas (416 km) de San Cristóbal, Galápagos, y 385 millas náuticas (713 km) de la costa de Manabí, desencadenó una angustiante deriva en altamar de ocho días para sus 16 tripulantes. El incidente ocurrió fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Ecuador, en aguas internacionales, donde ninguna nación ejerce soberanía directa, pero donde aplican las normas internacionales de navegación y rescate establecidas por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar).
La ubicación del naufragio, en un corredor marítimo clave del Pacífico oriental, complicó las labores de búsqueda y rescate. Esta zona es una de las más transitadas del océano, con una constante circulación de rutas comerciales, flotas pesqueras industriales y embarcaciones de abastecimiento, según datos de la plataforma de monitoreo marítimo MarineTraffic. A pesar de la presencia de unidades de la Armada del Ecuador y patrullajes internacionales enfocados en el control marítimo y la interdicción de actividades ilícitas, la amplitud del océano y la intensidad del tráfico marítimo dificultaron la localización de los pescadores.
Tras el incendio, los tripulantes quedaron a la deriva en una de las rutas más concurridas del Pacífico. La distancia desde el punto del incidente hasta la costa de El Salvador, donde finalmente fueron rescatados, oscila entre 880 y 900 millas náuticas (1.630 a 1.665 km aproximadamente). Hasta el momento, no se han revelado detalles precisos sobre el lugar exacto donde se encontraban los pescadores, las circunstancias específicas de su hallazgo ni el tipo de embarcación que los rescató.
El rescate fue finalmente llevado a cabo por unidades de la Marina de El Salvador. Dos de los sobrevivientes se encuentran hospitalizados con quemaduras, mientras que el resto aguarda su repatriación a Ecuador. La noticia ha generado un gran alivio entre las familias de los pescadores, quienes habían organizado vigilias y acudido a la Capitanía del puerto de Manta en busca de noticias.
Las aguas internacionales, también conocidas como altamar, se definen como aquellas ubicadas más allá de las 200 millas náuticas (370 km) desde la costa de un país. En este espacio, ningún Estado puede reclamar soberanía, y las actividades de pesca, comercio y tránsito internacional se rigen por regulaciones globales, tal como lo establece Convemar. El naufragio de la Negra Francisca Duarte II tuvo lugar precisamente en esta zona, y videos del incendio a bordo circularon durante los días de búsqueda.
El área del incidente se sitúa en un corredor entre la ZEE continental de Ecuador y la de Galápagos, donde convergen diversas flotas pesqueras industriales, buques de carga, tanqueros y embarcaciones de turismo, según la plataforma Global Fishing Watch. La complejidad de este corredor marítimo, sumada a la extensión del océano, planteó desafíos significativos para las operaciones de búsqueda y rescate.
Los pescadores habían zarpado el 2 de marzo con la fecha de regreso programada para el 20 del mismo mes. La pérdida de contacto tras el incendio, reportado el 18 de marzo, activó los protocolos de búsqueda y generó una gran incertidumbre entre sus familiares en Manabí. La espera angustiosa terminó el lunes con la confirmación del rescate de los 16 pescadores ecuatorianos, quienes ahora se preparan para regresar a casa.
La rápida respuesta de la Armada de El Salvador fue crucial para salvar las vidas de los pescadores. Las autoridades ecuatorianas coordinan ahora el proceso de repatriación, asegurando la atención médica y el apoyo necesario para los sobrevivientes y sus familias. Este incidente subraya la importancia de la cooperación internacional en materia de seguridad marítima y rescate en altamar, así como la necesidad de reforzar los protocolos de seguridad en las embarcaciones pesqueras que operan en estas zonas.












