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TSA: Agentes Federales al Límite Económico

Una disputa en el Congreso sobre la financiación del Departamento de Seguridad Nacional ha frenado sus salarios desde mediados de febrero. Con las facturas mensuales a punto de vencer, muchos de estos empleados federales, que revisan a pasajeros y equipaje en aeropuertos, están tomando decisiones difíciles para poder llegar a fin de mes.

TSA: Agentes Federales al Límite Económico

Agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) se enfrentan a graves dificultades financieras debido a la prolongada disputa en el Congreso sobre la financiación del Departamento de Seguridad Nacional. La falta de pago de salarios, que se extiende desde mediados de febrero, ha obligado a muchos de estos empleados federales, responsables de la seguridad en los aeropuertos, a tomar decisiones drásticas para cubrir sus necesidades básicas. La situación ha generado un aumento en el ausentismo, afectando la eficiencia de los controles de seguridad y provocando largas filas y frustración entre los pasajeros.

Según datos del Departamento de Seguridad Nacional, más de 455 agentes de la TSA han renunciado a su puesto en lugar de soportar la incertidumbre económica. Hydrick Thomas, presidente del consejo sindical nacional de la Federación Estadounidense de Empleados del Gobierno que representa a los empleados de la TSA, expresó su frustración: “Dejen de preguntarme por las largas filas. Pregúntenme cómo la gente va a comer hoy”.

La crisis afecta a agentes de todo el país. En Indiana, Taylor Desert, agente de la TSA con siete años de experiencia, se vio obligada a visitar un banco de alimentos para complementar sus compras. “Nunca pensé que estaría en una situación en la que, trabajando para el gobierno federal, necesitaría ir a un banco de alimentos”, comentó Desert, quien ha pospuesto una cirugía dental debido a la incertidumbre sobre si podrá costear el copago y la cobertura del seguro. Su último cheque completo data del 14 de febrero, día en que comenzó el cierre.

En Florida, Oksana Kelly, de 38 años, y su esposo, Deron, de 37, ambos agentes de la TSA en el Aeropuerto Internacional de Orlando, se preocupan por el bienestar de sus dos hijos pequeños. Están agotando sus ahorros y contemplan la posibilidad de pedir ayuda a familiares o solicitar un préstamo, lo que podría endeudarlos aún más. Deron, para complementar los ingresos, ha estado trabajando como repartidor de DoorDash en su tiempo libre, y ha considerado renunciar a la TSA para asegurar una estabilidad financiera. Kelly, organizadora sindical, describe la situación como “muy agotador mentalmente”, planteando la difícil pregunta: “¿Cómo decidimos siquiera entre alimentar a nuestros hijos o venir a trabajar?”.

La situación es igualmente precaria para Rebecca Wolf, una agente veterana de la TSA en Idaho, con 53 años y dirigente sindical en Boise. Wolf, quien se unió a la agencia poco después de los ataques del 11 de septiembre, teme regresar a la situación de carencia que experimentó antes de obtener un empleo estable en el gobierno federal. Su cheque del 28 de febrero ascendió a tan solo 13,53 dólares, lo que la sumió en una profunda angustia emocional. Ante la falta de ahorros, se prepara para vender su automóvil para cubrir el alquiler que vence en una semana, buscando desesperadamente ayuda en organizaciones sin fines de lucro. Wolf, quien mantiene a cuatro hijos y dos nietos, expresa su temor a perder todo lo que ha logrado.

Mike Gayzagian, agente de la TSA en el Aeropuerto Internacional Logan de Boston, señala que los periodos sin pago se han vuelto “normales”, aunque él cuenta con un colchón financiero de seis meses, una situación que describe como “una excepción a la regla”. Gayzagian enfatiza que la mayoría de los agentes viven de cheque en cheque y no tienen reservas disponibles. “No debería ser así para los trabajadores federales”, afirma.

Robert Echeverria, de 45 años, renunció a su trabajo como agente de la TSA en el Aeropuerto Internacional de Salt Lake City, Utah, tras cinco cierres del gobierno en nueve años. La familia Echeverria se vio obligada a cancelar la Navidad el año pasado y tardó meses en recuperarse financieramente. Echeverria comenzó a buscar un nuevo empleo en febrero, anticipando la nueva batalla presupuestaria en el Congreso. Ahora trabaja para el departamento que administra los aeropuertos en la capital de Utah, lamentando haber tenido que dejar el servicio federal, a pesar de creer en la misión de la TSA.

La situación ha generado un sentimiento de traición entre los agentes de la TSA, quienes se sienten abandonados por el gobierno al continuar trabajando sin recibir su salario. Echeverria comenta: “Están ahí, pero sienten que al gobierno no le importan”. La prolongada incertidumbre económica y la falta de apoyo por parte del Congreso amenazan la seguridad aérea y el bienestar de los empleados que la garantizan. La crisis subraya la vulnerabilidad de los trabajadores federales ante las disputas políticas y la necesidad urgente de una solución que asegure su estabilidad financiera y la continuidad de los servicios esenciales.

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