El presidente Donald Trump dio un giro en su postura sobre Irán, provocando una caída en los precios del petróleo, pero los estadounidenses no verán un alivio inmediato en los surtidores. El precio promedio de la gasolina en Estados Unidos se acerca a los 4 dólares por galón, mientras que el diésel supera los 5 dólares, impactando los costos de transporte de mercancías.
Para que los precios de la gasolina vuelvan a los niveles anteriores a la guerra, se requiere que Irán reabra el estrecho de Ormuz, que la producción petrolera se restablezca por completo y que la reducción en los precios del crudo se refleje en toda la cadena de suministro. Trump expresó su esperanza de que el estrecho de Ormuz sea controlado conjuntamente por Estados Unidos e Irán, admitiendo que actualmente Irán tiene el control.
Expertos señalan que la situación recuerda a las restricciones de China a las tierras raras durante la guerra comercial con Estados Unidos, donde China estuvo dispuesta a asumir costos económicos para obtener una ventaja. La inestabilidad en el liderazgo iraní, debido a los bombardeos, complica las negociaciones, ya que no está claro con quién está hablando Estados Unidos.
Incluso si se logra un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, la reactivación de la producción y la distribución de gasolina tomarán meses. La infraestructura ha sufrido daños, como la refinería de Qatar, y las compañías aseguradoras deben garantizar la seguridad de los buques petroleros. Además, las gasolineras, con márgenes de beneficio estrechos, son reacias a bajar los precios rápidamente, siguiendo el patrón de "cohetes y plumas" en la fijación de precios de la gasolina.
El aumento en los precios de la gasolina representa un costo significativo para los hogares estadounidenses, aproximadamente 1.000 dólares adicionales al año por hogar, según estimaciones.
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