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¡Falsas Empresas, Millones Robados! El Estado en la Mira

Según un reportaje de Panorama, personas de bajos recursos figuran como representantes de empresas que han prestado servicios a diversas entidades públicas, pese a no tener conocimiento de dichas operaciones.

¡Falsas Empresas, Millones Robados! El Estado en la Mira

Un nuevo escándalo de corrupción sacude los cimientos del aparato estatal peruano, revelando un entramado de empresas fantasma y testaferros que habrían accedido a contratos públicos por cientos de miles de soles. Un reciente reportaje del programa Panorama expuso cómo personas de escasos recursos, sin experiencia empresarial y ajenas a las operaciones, figuran como representantes y socias de compañías que han prestado servicios a ministerios clave, generando serias dudas sobre la transparencia en la contratación pública.

El caso más emblemático es el de Sila Espinoza Tamara, una mujer dedicada a las labores del hogar cuya identidad aparece vinculada a la empresa Coalzi SAC. Según registros oficiales, Espinoza es la fundadora y representante legal de esta firma, la cual obtuvo contratos por un total de 570 mil soles: 217 mil soles con el Ministerio de la Producción (PRODUCE) y 353 mil soles con el Ministerio Público. Sin embargo, en declaraciones a Panorama, Espinoza niega rotundamente conocer la existencia de la empresa y asegura no haber tenido relación alguna con el Estado. “Yo me dedico a la casa, a cuidar a mis hijos. Mi esposo es mototaxista y con eso salimos adelante. No sé nada de empresas”, declaró visiblemente consternada.

La investigación periodística también reveló la figura de Cindy Calderón Gamero, quien aparece como presunta socia de Coalzi SAC. No obstante, los esfuerzos por localizar a Calderón han sido infructuosos. Vecinos de la zona donde residía la mujer informaron que trabajaba en una entidad bancaria y que no se le conocía ninguna actividad empresarial. Esta falta de rastro y la aparente inconsistencia en su perfil alimentan las sospechas de que se trata de una identidad utilizada fraudulentamente para ocultar a los verdaderos beneficiarios de los contratos.

Otro caso que ha generado alarma es el de la empresa Conalti EIRL, que consiguió contratos por 447 mil soles con el Ministerio de la Producción para la comercialización de diversos insumos. La representante legal de Conalti EIRL, Ítala Baltazara Rodríguez, también ha sido identificada como una posible testaferra. Familiares de Baltazara afirman que se trata de una trabajadora del hogar sin experiencia ni conocimientos en el ámbito empresarial. La incongruencia entre su perfil y el rol que desempeña en la empresa levanta interrogantes sobre la legitimidad de los contratos adjudicados.

Ante la gravedad de las revelaciones, el viceministro de la Producción, Juan Carlos Requejo, anunció medidas inmediatas para investigar el caso y sancionar a los responsables. “Hemos dispuesto la suspensión de los pagos pendientes a las empresas involucradas y el inicio de un proceso de control sancionador. Estamos trabajando en coordinación con las autoridades competentes para identificar a los verdaderos dueños de estas compañías y determinar si existen redes organizadas que estén utilizando a terceros para acceder a contratos con el Estado”, declaró Requejo en una conferencia de prensa.

El Ministerio Público también ha iniciado una investigación preliminar para determinar si se han cometido delitos de corrupción, como colusión, falsedad documental y lavado de activos. Los fiscales están analizando los contratos, los documentos societarios y las cuentas bancarias de las empresas involucradas para rastrear el flujo de dinero y identificar a los implicados.

Este nuevo escándalo pone de manifiesto las vulnerabilidades del sistema de contratación pública en el Perú y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y transparencia. Expertos en la materia señalan que la falta de verificación de la información proporcionada por las empresas y la ausencia de una debida diligencia en la evaluación de las propuestas permiten que se infiltren empresas fantasma y testaferros.

“Es fundamental que el Estado implemente sistemas de verificación más rigurosos para comprobar la existencia real de las empresas, la identidad de sus representantes legales y su capacidad para cumplir con los contratos. También es necesario fortalecer la fiscalización de los contratos públicos y sancionar con severidad a los funcionarios que permitan o faciliten actos de corrupción”, afirmó el abogado especialista en derecho administrativo, Carlos Sánchez.

La situación ha generado indignación en la opinión pública y ha reavivado el debate sobre la necesidad de una reforma integral del sistema de contratación pública. Organizaciones de la sociedad civil han exigido al gobierno una respuesta contundente y la implementación de medidas efectivas para prevenir la corrupción y garantizar la transparencia en el uso de los recursos públicos.

El caso de Sila Espinoza, Cindy Calderón y Ítala Baltazara es solo la punta del iceberg de un problema mucho más profundo que afecta a la administración pública peruana. La utilización de testaferros para acceder a contratos estatales no solo genera pérdidas económicas para el Estado, sino que también socava la confianza de los ciudadanos en las instituciones y dificulta el desarrollo del país. La investigación en curso deberá esclarecer las responsabilidades y llevar a los culpables ante la justicia, con el fin de restaurar la credibilidad del sistema y garantizar que los recursos públicos se utilicen de manera eficiente y transparente. El gobierno ha prometido una investigación exhaustiva y ha asegurado que no se tolerará la impunidad. La ciudadanía espera resultados concretos y una reforma profunda del sistema de contratación pública para evitar que este tipo de escándalos se repitan en el futuro.

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