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Cosechando solidaridad: la mujer que transforma su patio en un motor de ayuda comunitaria en Rodas

Desde El tejal, en las entrañas de Rodas, Yoenia Torres Silva demuestra cómo un pequeño terreno puede convertirse en un instrumento de ayuda comunitaria. Por iniciativa propia y a la vez animada por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), esta madre de tres niños cultiva en su patio hortalizas, viandas, frutas y plantas medicinales. The post Yoenia y la historia de un patio sembrado de bondad first appeared on 5 Septiembre .

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Cosechando solidaridad: la mujer que transforma su patio en un motor de ayuda comunitaria en Rodas
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Yoenia Torres Silva ha transformado el patio de su hogar en El Tejal, Rodas, en un motor de solidaridad comunitaria. Lo que comenzó como un huerto familiar es ahora una fuente sostenible de hortalizas, frutas y plantas medicinales destinada exclusivamente a alimentar a los sectores más vulnerables y hogares de ancianos de su localidad. Con el apoyo de su familia y organizaciones locales, Yoenia aplica sus conocimientos ancestrales de siembra para donar cosechas variadas sin costo alguno. Su labor no solo combate la inseguridad alimentaria de sus vecinos, sino que impulsa a otras mujeres de la comunidad a aprovechar sus propios terrenos para generar bienestar colectivo.

En el corazón de El Tejal, una localidad situada en las entrañas de Rodas, se desarrolla una iniciativa que trasciende la simple agricultura doméstica. Yoenia Torres Silva, una madre de tres niños, ha convertido un pequeño terreno en su patio en un instrumento fundamental de ayuda comunitaria. Lo que podría parecer un huerto familiar convencional se ha transformado, bajo su cuidado, en una fuente de sustento para los sectores más vulnerables de su entorno.

Impulsada por iniciativa propia y contando con el ánimo de organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Yoenia ha dedicado su tiempo y esfuerzo a cultivar una amplia variedad de hortalizas, viandas, frutas y plantas medicinales. Para ella, el éxito de su labor no se mide en libras, mazos o racimos, sino en la capacidad de multiplicar un gesto solidario que busca alimentar cuerpos y brindar bienestar emocional a quienes más lo necesitan.

La pasión de Yoenia por la tierra es un vínculo profundo que se remonta a su infancia. Natural de la provincia de Granma, donde vivió los primeros 20 años de su vida, heredó de su madre el apego atávico por la siembra. Tras el fallecimiento de su progenitora, Yoenia se trasladó hace 15 años a El Tejal, trayendo consigo esa tradición y la convicción de que la tierra puede ser el medio para ayudar al prójimo.

La diversidad de su cosecha es notable. En su patio, Yoenia cultiva habichuelas, ají, frijoles, maíz, boniato y plátano, además de frutos como la guanábana y la guayaba, e incluso café y fresas. Su método de producción se basa en la sostenibilidad y el aprovechamiento de los recursos; comenzó sembrando habichuelas y, posteriormente, recolectó las semillas para reiniciar el ciclo y aumentar la producción, un proceso que repitió con el frijol.

Esta labor requiere un conocimiento detallado de los ciclos naturales y las temporadas. Durante las conversaciones sobre su práctica, Yoenia demuestra una sabiduría popular basada en la experiencia directa con el surco. Explica que el frijol debe sembrarse en primavera debido a su necesidad de agua, mientras que la fresa requiere el clima frío de diciembre para producir, detallando que en época de calor no se produce y que, una vez que sale la flor, el fruto abre cada quince días.

A pesar de la diversidad de cultivos, Yoenia asegura que el mantenimiento del patio no representa un esfuerzo abrumador, ya que cuenta con el apoyo fundamental de su esposo y sus hijos. Esta enseñanza se ha transmitido a la siguiente generación: su hija menor, de tan solo seis años, ya participa activamente en las labores de siembra, compartiendo el amor por las plantas que caracteriza a su madre.

La dimensión social de este proyecto es lo que lo hace destacar. Yoenia no comercializa sus productos; por el contrario, canaliza su cosecha hacia quienes enfrentan mayores dificultades. Las plantas medicinales y las ornamentales son donadas a cualquier persona que las necesite o que sienta pasión por las flores. En cuanto a los alimentos, la distribución se realiza tanto de forma directa como institucional. Representantes de la Federación de Mujeres Cubanas recogen parte de la cosecha para llevarla a hogares maternos y hogares de ancianos. Asimismo, personas vulnerables y adultos mayores de la comunidad acuden a su hogar, donde Yoenia les entrega lo que tiene disponible sin cobrarles absolutamente nada.

Para Yoenia, esta entrega desinteresada nace de la empatía. Reconoce que, así como ella tiene sus propias necesidades, sus vecinos también las tienen. Enfatiza especialmente su apoyo a otras madres, consciente de las dificultades actuales para alimentar a los niños.

Cuando cae la noche y el jardín reposa, Yoenia dedica su tiempo libre a la creación artesanal, otra labor donde imprime su corazón y dedicación. Esta dualidad entre el trabajo de la tierra y el arte manual define la personalidad de una mujer que ve en la generosidad el motor de su vida.

El ejemplo de Yoenia Torres Silva en El Tejal resalta la importancia de aprovechar cada pedazo de tierra disponible. Su influencia se extiende a sus vecinas, a quienes motiva constantemente a iniciar sus propios huertos urbanos. Al final, más allá de las habichuelas y el maíz que llegan a las mesas de los necesitados, la cosecha más persistente es la gratitud de una comunidad que ve en ella una fuente de sombra y apoyo incondicional.

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