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Pueblo de Fe Desafía Basurero de la Muerte

Por: Luis Rafael Moreira Flores En las faldas de Tecoluca, una comunidad histórica transforma el cerco de un megaproyecto de basura en una jornada de fe, arte y memoria. Entre la teología de la liberación y la fuerza de su juventud, el mensaje es claro: «Aquí vivimos, aquí resistimos». El polvo de las calles ... La entrada San Francisco Angulo, una manifestación de fe en medio de la oscuridad aparece primero en Diario Co Latino .

Pueblo de Fe Desafía Basurero de la Muerte

San Francisco Angulo, una comunidad en las faldas de Tecoluca, El Salvador, ha transformado la amenaza de un megaproyecto de basura en una poderosa manifestación de fe, arte y memoria colectiva. En un país marcado por la desigualdad y la lucha por la justicia social, la resistencia de esta comunidad se erige como un faro de esperanza y un ejemplo de cómo la espiritualidad, la cultura y la unidad pueden desafiar a los intereses fácticos y a los “proyectos de muerte”.

El polvo de las calles de San Francisco Angulo no es simplemente tierra seca; es la memoria histórica de un pueblo que ha sobrevivido a la guerra civil y ahora enfrenta una nueva batalla: la defensa de su territorio y sus recursos naturales. Las cicatrices del pasado son visibles en las paredes de adobe y en los nombres grabados en el memorial local, recordatorios constantes de los sacrificios realizados en nombre de la justicia y la dignidad. Hoy, el enemigo ya no lleva uniforme, sino que se presenta como un proyecto de basurero a cielo abierto que amenaza con contaminar los mantos acuíferos y poner en riesgo la salud de cuatro comunidades vecinas.

Sin embargo, frente a la maquinaria y la presión de quienes buscan imponer este proyecto, San Francisco Angulo ha decidido no solo protestar, sino celebrar su existencia. El pasado sábado 21 de marzo, en una fecha cargada de simbolismo por la proximidad de la conmemoración de San Romero de América, la comunidad demostró que su resistencia no es solo política, sino profundamente espiritual y cultural.

La jornada comenzó con una misa ecuménica celebrada en plena zona depredada por la obra. El paisaje, una herida abierta en la tierra, contrastaba con el espíritu de esperanza que llenaba el lugar. El Padre José David Rodríguez, un pilar de la Teología de la Liberación desde 1970, lideró la ceremonia. Su presencia no fue casualidad; fue un acto de profecía, un recordatorio de que el Evangelio se vive en la defensa del agua y la dignidad del territorio.

“La necesidad de la unidad sigue siendo el único camino para derrotar las sombras de los poderes”, sentenció Rodríguez durante la homilía. “Esta comunidad no está sola mientras estemos los que acompañamos sus pasos”. Sus palabras resonaron en los corazones de los asistentes, reafirmando que su lucha es justa y que cuentan con el respaldo de una figura histórica de la iglesia popular.

Al terminar la misa, ocurrió un evento que muchos describieron como un milagro visual. Con la puesta de sol, decenas de farolitos, velas y luces comenzaron a encenderse, transformando el camino polvoriento y oscuro en un sendero de luz. La peregrinación que siguió duró 45 minutos, un recorrido accidentado que los pies de ancianos y niños sortearon con determinación. El silencio de la noche rural se rompió con el murmullo de las oraciones y el crujir de los pasos. Aquellas luces no solo guiaban el camino físico, sino que simbolizaban la vigilancia de un pueblo que se niega a que su futuro sea enterrado bajo toneladas de desechos.

Al llegar al centro de la población, el ambiente cambió. La tensión de la zona del proyecto dio paso a la calidez de la convivencia. El epicentro de la celebración fue el triángulo sagrado de la comunidad: la casa comunal, el memorial a los combatientes y la iglesia católica.

El cansancio de la caminata se disipó con el “ágape”, la comida compartida que en las comunidades de base equivale a la comunión. Mientras se repartían los alimentos, la música popular estalló a todo pulmón, creando un momento de catarsis colectiva.

Lo más revelador de la noche fue el contraste generacional. Los adultos mayores, con sus rostros surcados por los años y la experiencia, recordaban los tiempos de la guerra civil, compartiendo estrategias y la importancia de no bajar la guardia. Los jóvenes y adolescentes escuchaban con una intensidad renovada, entendiendo que la “luz de la lucha” no es una historia del pasado, sino una realidad inmediata. El basurero es su lucha, y la protección del agua de Tecoluca es su frente de batalla.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la develación de un nuevo mural en la pared del memorial de la comunidad. Esta obra, realizada por la Asociación Sindical de Trabajadores de las Artes y las Culturas (ASITAC), recupera la figura del tecolote, símbolo ancestral de los pueblos originarios de la zona y raíz del nombre “Tecoluca”. En el centro del mural, una frase que ya se ha convertido en el lema de la resistencia ambiental en El Salvador: “Aquí vivimos, aquí resistimos”.

El hecho de que el mural se haya pintado precisamente en la pared que resguarda los restos óseos de los combatientes y víctimas de la guerra civil le otorga un peso sagrado. Es un puente entre los que cayeron por la justicia social en el pasado y los que hoy defienden la justicia ecológica.

Fredy Romero, un líder juvenil de la comunidad, reflejó el sentir de su generación: “Estas actividades nos unifican. Es representativo continuar la lucha que nuestros familiares iniciaron en el pasado; hoy esa tarea nos toca a nosotros”.

Lo que sucede en San Francisco Angulo ha trascendido las fronteras locales, obligando al país entero a reflexionar sobre el modelo de gestión de residuos y el respeto a la autonomía comunitaria. La preocupación es legítima: si el basurero contamina los mantos acuíferos de Tecoluca, el daño ambiental sería irreversible para todo el departamento y zonas aledañas.

La jornada del 21 de marzo cerró con la promesa de las organizaciones acompañantes de continuar utilizando el arte como herramienta de denuncia, planificando nuevos murales y encuentros culturales. La comunidad ha entendido que contra los “proyectos de muerte”, la mejor respuesta es la explosión de la vida, la cultura y la memoria.

San Francisco Angulo sigue en pie. Sus calles vuelven a estar oscuras físicamente, pero la luz de los farolitos del sábado parece haberse quedado encendida en el espíritu de su gente. El mensaje al país y a los poderes fácticos es claro: mientras haya un pincel, una guitarra y una comunidad unida, el basurero no tendrá lugar en su tierra. La resistencia de San Francisco Angulo es un testimonio de la fuerza de la fe, la cultura y la unidad en la defensa de la vida y la dignidad.

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