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San Salvador, El Salvador – Miles de salvadoreños y miembros de la iglesia católica se congregaron hoy en la Plaza Salvador del Mundo para conmemorar el 46 aniversario del martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador asesinado el 24 de marzo de 1980. La jornada, cargada de simbolismo y reflexión, incluyó una procesión de farolitos, una solemne Santa Misa y actos culturales que recordaron la vida y el legado del líder religioso, reconocido mundialmente por su defensa de los derechos humanos y su compromiso con los más vulnerables.
La conmemoración comenzó con una emotiva procesión de farolitos que serpenteó por los alrededores de la plaza, deteniéndose en tres estaciones cuidadosamente diseñadas para fomentar la reflexión. La primera estación proclamó que Monseñor Romero no ha muerto, sino que sigue vivo en el corazón de millones de salvadoreños, un testimonio de su impacto perdurable en la conciencia nacional. La segunda estación instó al pueblo a recuperar la “denuncia profética” de Romero, su valentía para alzar la voz contra la injusticia y la opresión. Finalmente, la tercera estación invitó a la reflexión sobre los valores espirituales en una sociedad a menudo dominada por la búsqueda de la riqueza material.
Posteriormente, se celebró una eucaristía presidida por Monseñor Oswaldo Escobar, obispo de Chalatenango, quien en su homilía destacó las cualidades excepcionales de Romero y repasó momentos clave de su vida. Escobar recordó que Romero nació en Ciudad Barrios, San Miguel, el 15 de agosto de 1917, y que desde joven demostró una notable habilidad para la redacción y la oratoria. “Incluso lo podemos ver en su ministerio de arzobispo, que no tartamudeaba, no tenía muletilla. Romero era una persona de soltura de palabra y de una oratoria increíble”, afirmó el obispo.
Escobar enfatizó que el punto central del ministerio de Romero fue siempre el respeto a la dignidad de la persona humana. “Estuvo luchando siempre para que toda persona fuera respetada en su dignidad y este es un gran legado para los salvadoreños. Todos debemos defender la dignidad de cada persona nos caiga bien o nos caiga mal; la dignidad es irrenunciable y comienza por el respeto”, declaró.
El obispo de Chalatenango desmintió la idea de que Romero fuera un activista político, insistiendo en que era, ante todo, un cristiano, un pastor y un misionero que intentó vivir plenamente el Evangelio de Jesucristo. “Amaba a todo el mundo”, enfatizó Escobar, “el odio no estaba en su diccionario cristiano”.
Monseñor Escobar describió a Romero como “el profeta de la justicia social”, un título que ha sido reconocido universalmente. “Así se le ha reconocido universalmente y por eso para nosotros, debemos de aprender a respetarnos los unos a los otros; también, Romero nos recuerda que tenemos que volver a Jesús y a su evangelio”, agregó.
En un gesto simbólico, la iglesia colocó al frente del altar a cuatro figuras que representaban a cuatro profesiones esenciales de la sociedad salvadoreña que enfrentan desafíos significativos: médicos y enfermeras, maestros, abogados y periodistas. Esta representación visual buscó resaltar la necesidad de apoyar y valorar a aquellos que trabajan en primera línea para servir a la comunidad.
La conmemoración de este año adquirió un significado especial en el contexto actual de El Salvador, donde persisten las desigualdades sociales y la violencia. Los asistentes expresaron su esperanza de que el legado de Romero inspire a las nuevas generaciones a luchar por un país más justo y equitativo.
Durante la jornada, se reprodujeron fragmentos de las homilías de Monseñor Romero, en las que exhortaba a la justicia, la paz y la dignidad humana. Sus palabras, pronunciadas hace más de cuatro décadas, siguen resonando con fuerza en la actualidad, recordándonos la importancia de defender los derechos de los más vulnerables y de construir una sociedad basada en el respeto y la solidaridad.
La figura de Monseñor Romero ha trascendido las fronteras de El Salvador, convirtiéndose en un símbolo de esperanza y resistencia para millones de personas en todo el mundo. Su canonización en 2018 por la Iglesia Católica fue un reconocimiento a su vida de servicio y su testimonio de fe.
Al concluir la eucaristía, Monseñor Escobar elevó una oración al Señor y a San Óscar Romero, pidiendo su intercesión por El Salvador y por todos aquellos que luchan por un mundo mejor. La conmemoración del 46 aniversario del martirio de Monseñor Romero fue un recordatorio de que su legado sigue vivo y que su mensaje de justicia y esperanza continúa inspirando a las nuevas generaciones. La procesión de farolitos, la Santa Misa y los actos culturales fueron una expresión de fe, memoria y compromiso con los valores que defendió el arzobispo salvadoreño.


