El Oriente Medio se encuentra al borde del abismo tras una escalada sin precedentes de tensiones entre Estados Unidos, Irán, Israel y Arabia Saudí. El presidente Donald Trump ha lanzado un ultimátum de 48 horas a Irán para que abra “totalmente” el estratégico estrecho de Ormuz, amenazando con atacar sus centrales eléctricas en caso de incumplimiento. Esta advertencia coincide con un recrudecimiento de los ataques mutuos entre Irán e Israel, y la implicación directa de Arabia Saudí en el conflicto.
El sábado por la noche, alrededor de 120 personas resultaron heridas, once de ellas de gravedad, en dos impactos de misiles iraníes en la zona sur de Israel, donde se encuentra la principal instalación nuclear del país, el Centro de Investigación Nuclear del Néguev, ubicado en Dimona. Estos ataques fueron una respuesta a la denuncia iraní de un ataque contra su complejo de enriquecimiento de uranio en Natanz, aunque hasta el momento no se ha confirmado una fuga de material radiactivo.
La escalada continuó en la madrugada del domingo, con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzando nuevos ataques contra Teherán, apuntando a instalaciones para el desarrollo de misiles balísticos en la capital persa. Poco después, las Fuerzas Armadas iraníes anunciaron el derribo de un dron de combate “enemigo sionista estadounidense” sobre el cielo de Teherán, afirmando haber destruido un total de 127 drones avanzados desde el inicio del conflicto.
La amenaza de Trump, publicada en su red social Truth Social, es contundente: “Si Irán no abre totalmente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas a partir de este preciso momento, EE UU atacará y arrasará con sus diversas centrales eléctricas, empezando por la más grande”. Esta declaración ha generado una respuesta inmediata por parte del Ejército iraní, que advierte que atacará infraestructura energética, plantas de desalinización y emplazamientos de tecnologías de la información de Estados Unidos en la región si sus centrales eléctricas son bombardeadas.
El mandatario estadounidense ha reiterado su falta de interés en llegar a un acuerdo con Irán, afirmando que Estados Unidos va “semanas por delante” de lo previsto en esta guerra. “Su liderazgo ha desaparecido, su Armada y su Fuerza Aérea están aniquiladas, no tienen absolutamente ninguna defensa y quieren llegar a un acuerdo. ¡Yo no!”, declaró Trump.
Los misiles iraníes impactaron en las localidades israelíes de Dimona y Arad, sin que los sistemas de interceptación lograran destruir todos los proyectiles en el aire. El primer misil golpeó Dimona, donde se ubica el Centro de Investigación Nuclear del Néguev, y el segundo cayó en Arad, causando daños importantes en edificios y heridas a más de un centenar de personas. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, calificó la noche como “muy difícil en la campaña por nuestro futuro”.
Paralelamente, Arabia Saudí ha informado de la intercepción y destrucción de drones y misiles balísticos iraníes que amenazaban Riad y la región oriental del país. El Ministerio de Defensa saudí ha ordenado la expulsión del agregado militar y otros cuatro empleados de la embajada iraní en Riad, acusando a Teherán de “continuos” ataques contra su territorio. El gobierno saudí ha advertido que no dudará en adoptar “todas las medidas necesarias” para preservar su soberanía y seguridad, invocando el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que legitima la legítima defensa.
A pesar del ultimátum de Trump, Irán ha asegurado que el estrecho de Ormuz permanece abierto a la navegación internacional, con la excepción de Israel y Estados Unidos. El representante permanente de Irán ante la Organización Marítima Internacional (OMI) y embajador en Londres, Ali Musavi, afirmó que el paso de embarcaciones es posible “con coordinación con las autoridades iraníes para las disposiciones de seguridad y protección”. Musavi atribuyó la situación actual a la “agresión” de Estados Unidos e Israel contra Irán, y expresó la disposición de Teherán a cooperar con la OMI y otros países para mejorar la seguridad marítima.
La situación en el Golfo Pérsico es extremadamente volátil y el riesgo de una escalada militar a gran escala es inminente. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, temiendo que el conflicto pueda desestabilizar aún más la región y tener consecuencias globales. La diplomacia y la desescalada son ahora más urgentes que nunca para evitar una guerra devastadora. La amenaza de Trump, la respuesta iraní y la implicación de Arabia Saudí han creado un escenario de alta tensión que exige una respuesta inmediata y coordinada por parte de la comunidad internacional. El futuro de la región, y posiblemente del mundo, pende de un hilo.

