La Habana, Cuba – Una nueva ola de protestas estalló anoche en La Habana, sumida en la oscuridad tras el colapso, por segunda vez en una semana, del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). Residentes, frustrados por apagones prolongados que se extienden por horas, tomaron a las calles en barrios como El Vedado, haciendo eco de su descontento con el repiqueteo de cazuelas y sartenes. La situación, ya de por sí tensa debido a la crisis económica que azota la isla, se agrava con la falta de electricidad y la consiguiente interrupción de servicios básicos como la comunicación.
Las protestas, según reportes del activista Julio Aleaga Pesant a *Martí Noticias*, se concentraron alrededor del Parque Villalón y duraron aproximadamente 30 minutos. La presencia de las “Avispas Negras”, unidades policiales conocidas por su rápida respuesta a disturbios, dispersó a los manifestantes, quienes se refugiaron en sus hogares ante la llegada de patrullas Toyota. Este incidente, aunque breve, es sintomático de la creciente frustración popular ante la incapacidad del gobierno para garantizar un suministro eléctrico estable.
El colapso del SEN, ocurrido el sábado, se suma a una desconexión similar del 16 de marzo, lo que ha generado una situación excepcional para Cuba. Si bien la isla ha experimentado apagones diarios durante años, dos fallas totales en un lapso tan corto son alarmantes y evidencian la fragilidad de su infraestructura energética. “Ahora que el SEN se ha caído de nuevo, y con demasiada frecuencia, la verdad es que ya no sé qué se puede hacer”, declaró Yoan Díaz, residente en La Habana, a la agencia Reuters, reflejando el sentimiento de desesperanza que se extiende entre la población.
Las autoridades cubanas atribuyen el último colapso a la salida repentina de la unidad 6 de la Central Termoeléctrica de Nuevitas, en Camagüey. Sin embargo, la causa exacta aún está bajo investigación, lo que alimenta la desconfianza y las especulaciones sobre la verdadera razón detrás de la crisis energética. La falta de transparencia en la gestión de la energía y la ausencia de una solución a largo plazo son factores que contribuyen al aumento del descontento social.
En la mañana de este domingo, el sistema eléctrico se restablecía lentamente, con la reconexión de las plantas ENERGAS Varadero y Boca de Jaruco, así como de las termoeléctricas de Santa Cruz del Norte (Mayabeque) y Carlos Manuel de Céspedes (Cienfuegos), según informó el Ministerio de Energía y Minas en su cuenta de Facebook. No obstante, la situación sigue siendo crítica en gran parte del país. El director de Electricidad del ministerio declaró en la televisión nacional que las provincias de Pinar del Río, Artemisa, y desde Sancti Spíritus hasta Guantánamo, solo cuentan con pequeñas “islas” de electricidad que abastecen a servicios esenciales como hospitales y el suministro de agua.
La falta de electricidad no solo afecta la vida cotidiana de los cubanos, sino que también interrumpe las comunicaciones. Durante el apagón general, el servicio de telefonía móvil e Internet fue prácticamente inexistente en la mayoría de las zonas, dejando a muchos sin ningún tipo de conexión con el exterior. Esta situación dificulta aún más la posibilidad de informar sobre la crisis y de coordinar ayuda para los más necesitados.
La crisis energética en Cuba es un reflejo de la profunda crisis económica que atraviesa la isla, exacerbada por las sanciones internacionales, la pandemia de COVID-19 y la ineficiencia del modelo económico centralizado. La falta de inversión en infraestructura, la dependencia de combustibles importados y la obsolescencia de las plantas de generación eléctrica son factores que contribuyen a la vulnerabilidad del sistema energético cubano.
El gobierno cubano ha implementado medidas para intentar paliar la crisis, como la reducción del horario laboral y el fomento del teletrabajo. Sin embargo, estas medidas son insuficientes para solucionar el problema de fondo. Se necesitan inversiones significativas en la modernización de la infraestructura energética, la diversificación de las fuentes de energía y la implementación de políticas que fomenten la eficiencia energética.
La situación en Cuba es preocupante y requiere una atención urgente. La comunidad internacional debe presionar al gobierno cubano para que garantice el acceso a servicios básicos como la electricidad y las comunicaciones, y para que respete los derechos humanos de sus ciudadanos. La falta de transparencia y la represión de las protestas solo agravarán la crisis y conducirán a una mayor inestabilidad social.
La repetición de estos colapsos del SEN plantea serias dudas sobre la capacidad del gobierno cubano para gestionar la crisis energética y para garantizar un futuro sostenible para la isla. La falta de soluciones a largo plazo y la persistencia de los apagones prolongados amenazan con sumir a Cuba en un caos aún mayor, con consecuencias impredecibles para su población y para su estabilidad política. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de la situación y espera que el gobierno cubano tome medidas urgentes para abordar la crisis y para evitar una mayor escalada de la tensión social.


