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¡El Calor Culpa a Maduro! Venezuela se Apaga de Nuevo

En un intento por justificar la recurrente inestabilidad del SEN, Delcy Rodríguez anunció el lanzamiento de un Plan Nacional de Ahorro Eléctrico

¡El Calor Culpa a Maduro! Venezuela se Apaga de Nuevo

El gobierno de Venezuela, liderado por Delcy Rodríguez, ha lanzado un nuevo plan de ahorro eléctrico, atribuyendo las crecientes fallas en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) a un inusual “ciclo de calor extremo”. Este anuncio, realizado el sábado 21 de marzo, ha sido recibido con escepticismo por expertos y ciudadanos, quienes lo interpretan como un preludio a un racionamiento eléctrico severo y prolongado, especialmente considerando el contexto político actual tras la reciente captura de Nicolás Maduro.

La estrategia del gobierno, según analistas, busca desviar la atención de las causas fundamentales de la crisis eléctrica: años de negligencia, falta de inversión en mantenimiento y una infraestructura obsoleta. En lugar de abordar estos problemas estructurales, Rodríguez apeló a la “conciencia” de la población, instándola a adoptar medidas domésticas como regular los aires acondicionados a 21°C, argumentando que los próximos 45 días serán particularmente críticos debido a la incidencia de los rayos solares.

Sin embargo, esta justificación climática choca con la realidad que enfrentan los venezolanos desde enero: apagones masivos en estados donde las temperaturas aún no han alcanzado su punto máximo. La recurrencia de estos cortes de energía, incluso en regiones tradicionalmente más frescas, pone en duda la validez del argumento oficial y refuerza la percepción de que el gobierno está buscando un chivo expiatorio para ocultar su incapacidad para gestionar el sistema eléctrico.

Expertos en el sector energético señalan que el deterioro de la red de transmisión y la falta de inversión en la reparación de plantas termoeléctricas son los principales responsables de la crisis. El plan de ahorro eléctrico anunciado por Rodríguez carece de anuncios concretos sobre inversión en infraestructura, cronogramas técnicos de reparación o transparencia sobre la capacidad actual de generación del Guri, la principal central hidroeléctrica del país. Esta omisión alimenta la desconfianza y sugiere que el gobierno no tiene una solución real a corto plazo.

El anuncio ha generado preocupación en el sector comercial y residencial, que aún recuerda el devastador mega apagón de 2019. En aquella ocasión, el gobierno atribuyó los cortes a “ataques externos”, una teoría que fue rápidamente desmentida por técnicos independientes. Ahora, la narrativa ha cambiado, culpando al calor, a pesar de que los cortes eléctricos se intensificaron en regiones como Zulia y los Andes mucho antes de la actual alerta climática.

La elección de Rodríguez, la presidenta encargada de la República, para liderar la reunión con ministros y directores del sector eléctrico, sugiere la importancia que el gobierno le está dando a la gestión de la crisis. Sin embargo, la falta de detalles técnicos y la insistencia en la necesidad de que los ciudadanos reduzcan su consumo generan la impresión de que el gobierno está buscando soluciones superficiales en lugar de abordar los problemas de fondo.

La advertencia de que el primer semestre de 2026 será “crítico” ha sembrado la incertidumbre en el país. Muchos venezolanos temen que el Plan de Ahorro Eléctrico sea simplemente una etiqueta semántica para disfrazar una red eléctrica que está al borde del colapso. La población se siente vulnerable ante una crisis que ningún termómetro puede explicar, y la falta de transparencia por parte del gobierno solo agrava la situación.

La situación se complica aún más por el contexto político. La reciente captura de Nicolás Maduro ha debilitado aún más la legitimidad del gobierno y ha aumentado la presión interna y externa para abordar la crisis económica y social que enfrenta el país. El fracaso en la gestión del sistema eléctrico podría tener consecuencias políticas significativas para el gobierno de Rodríguez.

La comunidad internacional ha expresado su preocupación por la situación en Venezuela y ha instado al gobierno a tomar medidas urgentes para garantizar el suministro de energía a la población. Organizaciones de derechos humanos han advertido que los apagones masivos podrían tener un impacto devastador en la salud pública, especialmente en hospitales y centros de atención médica.

El futuro del sistema eléctrico venezolano es incierto. Si el gobierno no aborda los problemas estructurales y no invierte en la modernización de la infraestructura, es probable que los apagones continúen y se intensifiquen, afectando la vida de millones de venezolanos. La crisis eléctrica es un reflejo de la profunda crisis que enfrenta el país, y su solución requiere un enfoque integral que aborde tanto los problemas técnicos como los políticos y económicos. La apelación al ahorro energético por parte de la población, sin una estrategia clara de inversión y reparación, se percibe como un parche temporal que no resolverá el problema de fondo. La población venezolana, exhausta de promesas incumplidas, espera con cautela y desconfianza el desarrollo de los acontecimientos, temiendo que el “ciclo de calor extremo” sea solo una excusa para justificar una crisis que se agrava día a día.

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