La desaparición de 16 pescadores manabitas a bordo del barco Negra FCA Duarte Il ha sumido a la comunidad de San Mateo, en Manta, en una profunda angustia y ha desatado una controversia sobre las circunstancias reales del incidente. La embarcación, que zarpó el 2 de marzo de 2026 con destino a Manta, perdió contacto la noche del 17 de marzo, siendo reportada como incendiada a 385 millas de Manta y 235 millas de San Cristóbal, en las Islas Galápagos. A pesar de la activación del Plan de Búsqueda y Salvamento (SAR) por parte de la Armada de Ecuador, hasta la mañana del 19 de marzo no se ha encontrado rastro de la tripulación ni de restos significativos de la embarcación.
La incertidumbre y la desesperación han llevado a los familiares de los pescadores a congregarse frente a la Capitanía del Puerto de Manta, exigiendo respuestas claras y una investigación exhaustiva. Portando pancartas con fotografías de sus seres queridos y mensajes de súplica, los familiares expresan su frustración ante la falta de información y la aparente lentitud en las labores de búsqueda. “Él es mi esposo, aquí no ayudan en nada”, lamentó una de las familiares, reflejando el sentimiento generalizado de abandono y desesperanza.
El abogado del barco, Jorge Chiriboga, ha elevado la tensión al cuestionar la versión oficial de un incendio accidental y denunciar la posibilidad de un acto de fuerza contra los pescadores. Chiriboga ha presentado una denuncia formal y argumenta que la desaparición debe ser investigada como una “desaparición forzada contra civiles que venían con faena de pesca de regreso al puerto de Manta”. Sus declaraciones han generado revuelo al afirmar que testigos presenciales observaron un submarino, un avión, un dron y un guardacostas en la zona del incidente, lo que sugiere la posible utilización de armamento, incluso misiles, para provocar el incendio.
Según el abogado, el barco fue abordado por la guardacostas ecuatoriana 'San Cristóbal' el 17 de marzo, alrededor de las 10:00, y tras una revisión que se extendió hasta las 13:00, se permitió que la embarcación continuara su ruta sin reportar ninguna novedad. Esta información contradice la versión de las autoridades sobre la ubicación del incidente y plantea interrogantes sobre la posible complicidad o negligencia de las fuerzas de seguridad.
La controversia sobre la ubicación del incendio es crucial. Mientras la Armada de Ecuador insiste en que el incidente ocurrió en aguas internacionales, los familiares y el abogado sostienen que tuvo lugar dentro de las 200 millas marítimas ecuatorianas, lo que implicaría una jurisdicción clara y la necesidad de una investigación más profunda por parte de las autoridades nacionales.
Diego Criollo, director regional de Espacios Acuáticos de Manabí y Santa Elena, ha reconocido que la única certeza es la existencia de un incendio, pero ha defendido la actuación de las autoridades, asegurando que se están realizando las labores de búsqueda correspondientes. “Estamos haciendo lo que nos compete; anoche zarpó un guardacostas para seguir buscando, pero no se ha encontrado nada”, declaró Criollo, minimizando la preocupación de los familiares y la gravedad de las acusaciones planteadas por el abogado.
La comunidad de San Mateo ha respondido a la tragedia con actos de fe y solidaridad. La noche del 18 de marzo, familiares, amigos y habitantes de la parroquia se reunieron para realizar un acto público de oración por los pescadores desaparecidos. Rezaron el rosario, encendieron velas y elevaron plegarias por la vida de los 16 tripulantes, demostrando la profunda conexión que une a esta comunidad costera con el mar y con aquellos que dependen de él para su sustento.
La incertidumbre sobre el destino de los pescadores y las acusaciones de un posible ataque encubierto han generado una ola de indignación y desconfianza hacia las autoridades. La comunidad exige una investigación transparente y exhaustiva que esclarezca las circunstancias reales del incidente y determine las responsabilidades correspondientes. La búsqueda de la verdad y la justicia se ha convertido en una prioridad para los familiares y amigos de los desaparecidos, quienes no descansarán hasta obtener respuestas y honrar la memoria de sus seres queridos.
La situación plantea serias interrogantes sobre la seguridad marítima en la región y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y vigilancia para prevenir incidentes similares en el futuro. La falta de claridad en la información y la aparente contradicción entre las versiones oficiales y los testimonios de testigos han erosionado la confianza en las instituciones y han exacerbado la tensión social.
El caso de la Negra FCA Duarte Il se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de los pescadores artesanales y de la necesidad de proteger sus derechos y garantizar su seguridad en el mar. La comunidad exige que se tomen medidas urgentes para mejorar las condiciones de trabajo de los pescadores, fortalecer la flota pesquera y brindarles el apoyo necesario para enfrentar los riesgos inherentes a su actividad.
La investigación deberá determinar si el incendio fue realmente accidental, como sostienen las autoridades, o si se trató de un acto deliberado, como sugiere el abogado de la embarcación. En caso de que se confirme la hipótesis de un ataque, se deberá investigar quiénes fueron los responsables y cuáles fueron sus motivaciones. La verdad, la justicia y la reparación para las víctimas deben ser los pilares fundamentales de cualquier investigación que se lleve a cabo.
Mientras tanto, la espera continúa y la esperanza se desvanece con cada hora que pasa. Los familiares de los pescadores siguen aferrados a la posibilidad de un milagro, pero la realidad es cada vez más sombría. La Negra FCA Duarte Il y sus 16 tripulantes se han convertido en un doloroso recordatorio de los peligros del mar y de la fragilidad de la vida humana.

