Cada año, el segundo jueves de marzo, el mundo se une para conmemorar el Día Mundial del Riñón, una fecha crucial para generar conciencia sobre la importancia vital de estos órganos y la necesidad imperante de prevenir y promover la salud renal. La comunidad nefrológica global lanza campañas de concientización con un objetivo claro: reducir el impacto devastador de la enfermedad renal y sus consecuencias a nivel mundial.
Nuestros riñones, a pesar de su tamaño modesto –midiendo entre 11 y 12 centímetros y pesando entre 125 y 170 gramos en hombres, y entre 115 y 165 gramos en mujeres–, desempeñan funciones esenciales para nuestra supervivencia. Son los guardianes del equilibrio hídrico, regulando los líquidos en nuestro organismo, manteniendo los electrolitos y minerales en niveles óptimos. Actúan como filtros, eliminando los desechos tóxicos, y contribuyen al equilibrio ácido-base. Pero su labor no se detiene ahí: controlan la presión arterial, optimizan la utilización de la vitamina D, promueven el equilibrio del calcio en los huesos, estimulan la producción de glóbulos rojos a través de la hormona eritropoyetina, y participan en el manejo de la glucosa. Además, son productores de la proteína Klotho, vinculada al antienvejecimiento por su acción en el manejo del fósforo, la reducción del estrés oxidativo y la disminución de la inflamación.
Sin embargo, esta maquinaria vital está en riesgo. A nivel global, casi 900 millones de personas padecen algún grado de insuficiencia renal crónica, una condición irreversible que se ha convertido en un problema de salud pública de proporciones alarmantes. Actualmente, esta enfermedad es responsable de 2.5 millones de muertes anuales, mientras que la insuficiencia renal aguda, un importante precursor de la ERC, afecta a más de 13 millones de personas en todo el mundo.
En términos generales, el 12% de la población mundial sufre algún tipo de enfermedad renal crónica. Este porcentaje se eleva significativamente con la edad: en el grupo etario de 30 a 60 años, la prevalencia es de aproximadamente el 7%, pero en personas mayores de 60 años, esta cifra se dispara hasta el 40%. De hecho, se estima que uno de cada cinco hombres y una de cada cuatro mujeres entre los 65 y 74 años padece algún grado de ERC.
Las causas más comunes de la ERC son la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, responsables de aproximadamente el 70% de los casos. En Perú, el 25% de la población padece hipertensión arterial y el 10% diabetes mellitus, lo que convierte a estas enfermedades en un factor de riesgo significativo para el desarrollo de la ERC. Otras causas incluyen las glomerulonefritis (afecciones inmunológicas que afectan el riñón), la obesidad, la litiasis renal, las infecciones urinarias recurrentes, las uropatías obstructivas, el uso y abuso de antiinflamatorios, entre otras.
Uno de los mayores desafíos en la lucha contra la ERC es el diagnóstico tardío. Las condiciones que dificultan un tratamiento oportuno incluyen la derivación tardía por parte de otras especialidades, la desidia de los pacientes o familiares, el acceso inadecuado a los servicios de salud y un sistema de atención primaria precario en nuestro país, donde el 80% de los centros de atención primaria adolecen de problemas de infraestructura, logística y recursos humanos.
Es crucial comprender que los valores usualmente solicitados para un 'screening' renal pueden ser normales en los estadios iniciales de la enfermedad, elevándose solo cuando la función renal se ha reducido a menos del 50%. Además, la ERC a menudo transcurre de forma asintomática, manifestando sus síntomas solo cuando la función renal es inferior al 30%. Estos síntomas, cuando aparecen, son inespecíficos: cansancio, fatiga, disminución del apetito, pérdida de peso, presión arterial alta no controlable, palidez, orina con espuma, orina con sangre, orina frecuente de noche, picazón en la piel, entre otros.
Existen numerosos factores de riesgo para desarrollar ERC, como la edad avanzada, el bajo peso al nacer, los antecedentes familiares de la enfermedad, factores raciales, el estado socioeconómico precario, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las enfermedades autoinmunes, las infecciones recurrentes de las vías urinarias, los cálculos renales, la obstrucción urinaria, el uso de medicamentos tóxicos para el riñón (como los antiinflamatorios), la obesidad, el tabaquismo, el consumo de alcohol, una dieta rica en proteínas (carnes rojas y embutidos), el colesterol alto, las enfermedades cardiovasculares previas y la pobreza socioeconómica.
Para promover la salud renal, es fundamental adoptar un estilo de vida saludable: reducir el consumo de azúcar y sal, evitar las grasas, el alcohol y el tabaco, controlar el peso, ingerir una cantidad adecuada de agua (alrededor de 2 litros al día), controlar periódicamente la presión arterial y el azúcar en sangre, practicar actividad física regularmente y evitar la automedicación, especialmente con antiinflamatorios. También es importante buscar actividades para reducir el estrés y dormir lo suficiente, idealmente 8 horas diarias.
La ERC es una enfermedad costosa, y se espera que se convierta en la tercera causa principal de muerte en 2040 si no se implementan programas de educación y prevención a nivel poblacional, dirigidos a pacientes y profesionales de la salud. Las etapas finales de la ERC requieren terapias de reemplazo renal, como la diálisis y el trasplante, que son extremadamente costosas. En Perú, hay más de 23,000 pacientes en tratamiento de reemplazo renal, y aunque el Estado cubre la mayor parte de los costos (casi el 95% a través de Essalud y el SIS), existen deficiencias importantes en la calidad de la atención, como tiempos de diálisis inadecuados, falta de un manejo integral del paciente y escasez de medicamentos complementarios, lo que obliga al 60% de las familias a asumir los gastos médicos.
Además, existe un déficit de especialistas en nefrología y una mala distribución de los recursos humanos en todo el país, con una concentración mayor en Lima, Arequipa, La Libertad y Lambayeque, y una escasez significativa en departamentos como Puno, Cerro de Pasco y Tumbes. La falta de un registro nacional de ERC dificulta la implementación de una estrategia sanitaria nacional efectiva. El gasto ocasionado por las terapias de reemplazo renal representa alrededor del 5% del gasto total en salud.
El desconocimiento generalizado sobre la ERC persiste en todos los niveles de atención médica, lo que subraya la necesidad urgente de intensificar las campañas de concientización y educación para proteger la salud renal de la población peruana.


