Los precios del petróleo y del gas natural experimentaron un fuerte incremento el miércoles, impulsados por informes de los primeros ataques directos contra instalaciones de producción iraníes en el marco del conflicto en curso. Esta escalada, que hasta ahora había evitado la infraestructura energética de Irán, ha generado temores generalizados sobre interrupciones en el suministro global y ha provocado una reacción inmediata en los mercados energéticos.
El crudo Brent, la referencia mundial, saltó más de un 4%, alcanzando los US$108 por barril, mientras que el WTI, la referencia estadounidense, subió un 1,7% hasta los US$97 por barril. Los precios del gas natural de referencia en Europa y Asia también registraron aumentos superiores al 5%. Estos movimientos reflejan la creciente preocupación de los inversores por la posibilidad de una guerra más prolongada y sus consecuencias para el flujo de energía.
Según informes de las agencias de noticias iraníes semioficiales Fars y Tasnim, los ataques, atribuidos a Estados Unidos e Israel, se dirigieron a instalaciones clave de la industria petrolera y gasística iraní, incluyendo varias refinerías. Los equipos de emergencia se encuentran trabajando para controlar los incendios y evaluar los daños. Entre las instalaciones afectadas se menciona a South Pars, uno de los yacimientos de gas natural más grandes del mundo, compartido con Qatar, que ya ha suspendido las operaciones en su planta de gas natural licuado más grande.
Si bien Israel ya había atacado previamente un depósito de combustible en Teherán y Estados Unidos había atacado infraestructuras militares en la isla iraní de Kharg, los ataques del miércoles representan una primera vez en lo que respecta a las instalaciones de producción. Esta nueva fase del conflicto intensifica significativamente los riesgos para el suministro energético mundial.
Warren Patterson, jefe de estrategia de materias primas de ING, advierte que los mercados energéticos se ven obligados a incorporar continuamente en sus precios la posibilidad de una interrupción más prolongada en los flujos de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, un punto estratégico clave para el comercio energético global. La falta de indicios de desescalada o de una reanudación de los flujos de crudo y GNL a través de este estrecho agrava aún más la situación.
La noticia de que Iraq había llegado a un acuerdo para reanudar la exportación de una pequeña cantidad de crudo a través de Turquía, evitando el estrecho de Ormuz, ofreció un breve respiro a los mercados, pero su impacto fue limitado. Las exportaciones desde los yacimientos petrolíferos de Kirkuk, en el norte de Iraq, se reanudarán a un ritmo de 250.000 barriles diarios, una cantidad considerada insignificante en comparación con el volumen total del suministro mundial. Neil Wilson, estratega de Saxo, lo describe como una "gota en el océano", aunque reconoce que es un titular positivo en el contexto actual.
Antes del estallido del conflicto, Iraq producía alrededor de 4,5 millones de barriles de petróleo al día. El cierre casi total del estrecho de Ormuz implica que aproximadamente 20 millones de barriles de crudo y productos petrolíferos, equivalentes a una quinta parte del suministro mundial, quedan bloqueados y sin acceso al mercado global. Esta situación subraya la vulnerabilidad del sistema energético mundial ante las tensiones geopolíticas en la región.
En un intento por mitigar los riesgos, Teherán estaría manteniendo conversaciones con ocho países ajenos a Medio Oriente para ofrecer un paso seguro a través del estrecho de Ormuz a los buques cisterna que transporten petróleo comercializado en yuanes chinos. Esta iniciativa, revelada por una fuente de seguridad iraní a CNN, podría ser una estrategia para diversificar las opciones de pago y reducir la dependencia del dólar estadounidense en el comercio energético. Si bien el petróleo se comercializa mayoritariamente en dólares, el petróleo ruso es una excepción, ya que se negocia en rublos o yuanes.
El precio del Brent cerró la sesión del martes en US$103,42, su nivel más alto desde el inicio de la guerra, en un contexto de intensificación de los ataques iraníes contra la infraestructura energética en la región del Golfo. Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar a Irán el 28 de febrero, los precios del petróleo crudo han aumentado alrededor de un 40%.
La situación sigue siendo fluida y altamente volátil. Los analistas advierten que cualquier nueva escalada en el conflicto podría provocar un aumento aún mayor de los precios del petróleo y del gas natural, con consecuencias negativas para la economía mundial. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos y busca soluciones diplomáticas para evitar una guerra más amplia en la región. La reanudación de las exportaciones iraquíes, aunque limitada, y las conversaciones sobre el paso seguro a través del estrecho de Ormuz son señales positivas, pero no son suficientes para disipar las preocupaciones sobre la seguridad del suministro energético global. La incertidumbre persiste y los mercados energéticos permanecen en alerta máxima.
