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La selección iraní ha elevado la tensión en vísperas de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, solicitando formalmente a la FIFA que reubique sus partidos, programados actualmente en Estados Unidos, a México. La drástica petición, formulada por el ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali, se basa en serias preocupaciones por la seguridad de los jugadores, exacerbadas por el conflicto en curso y las recientes declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump. La solicitud llega a menos de cien días del inicio del torneo, que se celebrará conjuntamente en Estados Unidos, Canadá y México, y amenaza con desestabilizar uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
La solicitud de cambio de sede se centra en los tres partidos del Grupo G que Irán debía disputar en territorio estadounidense: contra Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles el 15 y el 21 de junio, respectivamente, y frente a Egipto en Seattle el 26 de junio. Donyamali argumenta que el clima político actual, marcado por la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán, hace que sea inaceptable exponer a los futbolistas iraníes a un posible riesgo en suelo estadounidense.
El ministro no escatimó críticas al expresidente Trump, calificando sus declaraciones sobre los bombardeos como “enfermizas” y señalando el elevado número de víctimas civiles, incluyendo 223 mujeres y 202 niños. Donyamali considera que estas declaraciones crean un ambiente hostil que pone en peligro la integridad física de los jugadores iraníes. “Dado que este régimen corrupto ha asesinado a nuestro líder, no podemos participar en el Mundial bajo ninguna circunstancia”, declaró el ministro, refiriéndose al asesinato del anterior líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, en el contexto de la escalada de tensiones.
La amenaza de retirada de Irán del campeonato es seria. Donyamali ha afirmado que su país ha sido víctima de dos guerras impuestas por Estados Unidos en los últimos ocho a nueve meses, resultando en la muerte de miles de ciudadanos iraníes. “Por lo tanto, definitivamente no tenemos posibilidad de tal participación”, insistió. Esta postura ha sido respaldada por el presidente de la Federación de Fútbol de Irán, Mehdi Taj, quien cuestionó la sensatez de enviar a la selección nacional a Estados Unidos en las circunstancias actuales: “¿Qué persona sensata enviaría a su selección nacional a Estados Unidos?”.
La situación se complica aún más por la oferta del expresidente Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de otorgar visas al equipo iraní, pero de negar el acceso a los aficionados iraníes por motivos de seguridad. Esta propuesta ha sido vista como un gesto condescendiente y una admisión implícita de que existe un riesgo real para los ciudadanos iraníes en Estados Unidos.
La solicitud de Irán no es un incidente aislado. La escalada de tensiones en Asia Occidental ha provocado una serie de reacciones a nivel internacional. Bancos internacionales están cerrando sucursales y evacuando personal en la región tras las advertencias de Irán, mientras que los precios del petróleo han experimentado una fuerte volatilidad debido a la incertidumbre geopolítica. Además, Irán ha denunciado como un acto de terrorismo el asesinato de cuatro de sus diplomáticos por parte de Israel, lo que ha exacerbado aún más las tensiones. En Filipinas, se han registrado protestas contra los ataques estadounidenses e israelíes a Irán, lo que demuestra la creciente preocupación internacional por la situación.
La FIFA se encuentra ahora en una posición delicada. Debe equilibrar la necesidad de garantizar la seguridad de todos los participantes en el Mundial con el principio de no injerencia política en el deporte. Cambiar la sede de los partidos de Irán podría sentar un precedente peligroso y abrir la puerta a futuras demandas similares por parte de otros países. Sin embargo, ignorar las legítimas preocupaciones de Irán podría tener consecuencias aún más graves, incluyendo la retirada de un equipo calificado y la exacerbación de las tensiones geopolíticas.
Analistas deportivos y políticos coinciden en que la situación requiere una solución diplomática urgente. La FIFA podría considerar la posibilidad de trasladar todos los partidos del Grupo G a México, o incluso de reubicar los partidos de Irán en Canadá, que también es sede del Mundial. Otra opción sería reforzar las medidas de seguridad en los estadios y en las zonas de alojamiento de los jugadores iraníes en Estados Unidos.
La respuesta de la FIFA a la solicitud de Irán será crucial para el futuro del Mundial de 2026 y para la estabilidad de las relaciones internacionales. El torneo, que se promociona como un evento que une a las naciones, no puede permitirse convertirse en un campo de batalla político. La seguridad de los jugadores y de todos los participantes debe ser la máxima prioridad, y la FIFA debe actuar con rapidez y decisión para garantizar que el Mundial se celebre en un ambiente de paz y seguridad. La comunidad internacional observa atentamente, esperando una resolución que evite una crisis diplomática y preserve la integridad del deporte rey.


