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Lluvias Ahogan Economías: Taxistas y Usuarios en Crisis

Taxistas explicaron que en un día normal pueden realizar cerca de 32 viajes, mientras que con lluvia el número baja a unos 20.

Lluvias Ahogan Economías: Taxistas y Usuarios en Crisis

Las intensas lluvias que azotan a Guayaquil durante este invierno están generando un impacto significativo en la economía local, afectando directamente a los taxistas y a los usuarios del transporte público. La situación se traduce en pérdidas económicas, retrasos y complicaciones para el desplazamiento en diversos sectores de la ciudad.

Conductores de taxis reportan una disminución de hasta el 40% en la demanda de sus servicios durante los días de lluvia intensa. Jorge Macías, taxista con cuatro años de experiencia, explica que en un día normal puede completar alrededor de 32 viajes, pero con lluvia, este número se reduce a aproximadamente 20. “Eso significa entre $30 y $40 menos al día”, comenta Macías, quien mantiene su jornada laboral de 09:00 a 21:00, a pesar de la notable disminución en el flujo de pasajeros. La razón principal, según él, es que muchas personas optan por evitar salir de casa o llegan más tarde a sus trabajos debido a las inclemencias del tiempo.

La caída en los ingresos no es el único problema que enfrentan los taxistas. A pesar de la reducción en el número de viajes, los gastos operativos se mantienen constantes. “Pagamos alquiler del carro, gasolina, cooperativa, pagamos todo. Estamos en números rojos”, señala Macías, describiendo una situación que se ha intensificado desde el inicio del invierno, aproximadamente mes y medio atrás.

La situación es similar para Jairo Reyes, otro taxista que afirma que, aunque en días normales puede superar las diez carreras en la mañana, la lluvia reduce drásticamente este número. Reyes también advierte sobre los riesgos que implica conducir bajo la lluvia, mencionando que algunos colegas han sufrido daños en sus vehículos, incluso la falla de motores. Recuerda que en una de las primeras lluvias del año, tres vehículos sufrieron averías en sectores como La Atarazana y Sauces 6, y la reparación o reemplazo de un motor puede representar un gasto considerable. “Este carro (un Nissan Sedan) vale entre $1.600 y $1.800, pero hay carros más modernos que pasan de $2.000”, indica.

Los taxistas también identifican puntos críticos de la ciudad donde el agua se acumula rápidamente, como la avenida Quito y Machala, las zonas cercanas al estadio George Capwell, La Atarazana y sectores del norte como Sauces. En estos lugares, el nivel del agua puede provocar daños en rótulas, terminales y otras partes del vehículo, lo que lleva a algunos conductores a evitar estas zonas o a retirarse cuando la lluvia se intensifica. “Los daños pueden ser más fuertes que lo que se gana en una carrera”, comenta Klever Cedillo, taxista que trabaja cerca del Terminal Terrestre.

La problemática no se limita a los taxistas. Los usuarios del transporte público también enfrentan dificultades. En los paraderos de La Garzota y en los alrededores del Terminal Terrestre, varios usuarios de buses relatan que han tenido que modificar sus horarios para evitar retrasos. Ary León, vendedora de comida, explica que cuando llueve fuerte suele retrasar su salida de casa, lo que impacta negativamente en su negocio, ya que pierde la venta de desayunos. “Puedo perder entre $60 y $80”, calcula.

Eusebio Morán relata que, en ocasiones, debe esperar entre una hora y treinta minutos para tomar el bus que lo lleva a Bastión Popular, mientras que Luis Torres, quien esperaba el bus en los exteriores del Terminal Terrestre, opta por salir más temprano, exponiéndose a la delincuencia para llegar a su lugar de trabajo cerca del parque Chile.

Quienes trabajan en horarios nocturnos también señalan que el número de buses disminuye considerablemente en la noche. Alberto Quintero, que ingresa a su jornada a las 17:00, comenta que después de las 20:00 es difícil encontrar unidades, una situación que no siempre está relacionada con el clima, sino con el temor de los conductores ante los asaltos en las rutas.

En algunos casos, la situación ha llevado a taxistas y choferes de aplicaciones móviles a incrementar el valor de las carreras debido a los riesgos que representan los traslados, aprovechando la demanda para obtener mayores ganancias. Sin embargo, esta práctica no es bien vista por todos los usuarios, quienes se sienten vulnerables ante la especulación.

En medio de las lluvias, tanto conductores como pasajeros coinciden en que el invierno altera la rutina diaria en Guayaquil, desde los tiempos de traslado hasta los ingresos de quienes dependen de la movilidad para trabajar. La necesidad de mejorar la infraestructura vial y garantizar la seguridad en el transporte público se vuelve cada vez más apremiante para mitigar los efectos negativos de las lluvias y proteger la economía de la ciudad. La situación exige una respuesta coordinada entre las autoridades locales y los diferentes actores del sector del transporte para encontrar soluciones que permitan a los ciudadanos desplazarse de manera segura y eficiente, incluso en las condiciones climáticas más adversas. La falta de inversión en mantenimiento de las vías y la ausencia de un plan integral de gestión de riesgos ante las lluvias son factores que contribuyen a agravar la problemática, generando pérdidas económicas y afectando la calidad de vida de los habitantes de Guayaquil.

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