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Los aclamados medicamentos para la pérdida de peso, Wegovy y Zepbound, han revolucionado el panorama del tratamiento de la obesidad, prometiendo resultados significativos para millones de personas. Sin embargo, una nueva y preocupante realidad emerge de la investigación científica: un porcentaje considerable de pacientes, aproximadamente uno de cada diez, no responde a estos fármacos, lo que plantea interrogantes sobre la eficacia general y la necesidad de enfoques más personalizados en el tratamiento de la obesidad.
Wegovy, fabricado por Novo Nordisk, y Zepbound, de Eli Lilly, pertenecen a una clase de medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1 y GIP. Estos fármacos imitan las hormonas naturales del cuerpo que regulan el apetito y la saciedad, lo que lleva a una reducción en la ingesta de alimentos y, en consecuencia, a la pérdida de peso. Los ensayos clínicos iniciales mostraron resultados impresionantes, con pacientes perdiendo en promedio entre el 15% y el 20% de su peso corporal. Esta eficacia sin precedentes generó una gran expectación y una demanda masiva, superando en muchos casos la capacidad de producción de las farmacéuticas.
Pero la historia no es tan sencilla para todos. Investigadores de diversas instituciones académicas y centros de investigación han comenzado a identificar un subgrupo de pacientes que, a pesar de seguir al pie de la letra las indicaciones médicas y adoptar un estilo de vida saludable, no experimentan una pérdida de peso significativa con estos medicamentos. A estos pacientes se les ha denominado “no respondedores”, y su existencia desafía la narrativa predominante de éxito absoluto.
¿Qué está causando esta falta de respuesta? La respuesta, según los científicos, es compleja y multifactorial. En primer lugar, la genética juega un papel crucial. Estudios recientes sugieren que ciertas variaciones genéticas pueden influir en la forma en que el cuerpo procesa y responde a los agonistas GLP-1 y GIP. Algunas personas pueden tener una menor sensibilidad a estos fármacos debido a diferencias en los receptores hormonales o en las vías metabólicas que regulan el apetito y el metabolismo.
En segundo lugar, la composición del microbioma intestinal también parece ser un factor importante. El microbioma, la comunidad de microorganismos que habitan en nuestro intestino, desempeña un papel fundamental en la digestión, la absorción de nutrientes y la regulación del metabolismo. Se ha descubierto que los “no respondedores” tienen una composición diferente de su microbioma en comparación con los pacientes que responden bien al tratamiento. Esta diferencia podría afectar la forma en que los fármacos son absorbidos y metabolizados, o incluso influir en la respuesta hormonal del cuerpo.
Además, otros factores como la edad, el sexo, la etnia, el peso inicial y la presencia de otras condiciones médicas, como la diabetes tipo 2, también pueden influir en la respuesta al tratamiento. Los pacientes con mayor índice de masa corporal (IMC) al inicio del tratamiento pueden tener una mayor probabilidad de responder, mientras que aquellos con diabetes tipo 2 pueden experimentar una respuesta menos pronunciada.
La identificación de los “no respondedores” plantea un desafío importante para los médicos y los investigadores. ¿Cómo podemos identificar a estos pacientes antes de comenzar el tratamiento? ¿Qué alternativas terapéuticas existen para ellos? Y, lo más importante, ¿cómo podemos personalizar el tratamiento de la obesidad para maximizar las posibilidades de éxito para todos los pacientes?
Actualmente, no existe una prueba definitiva para predecir quién responderá o no a los agonistas GLP-1 y GIP. Sin embargo, los investigadores están trabajando en el desarrollo de biomarcadores, indicadores biológicos que pueden ayudar a identificar a los pacientes con mayor probabilidad de responder al tratamiento. Estos biomarcadores podrían incluir análisis genéticos, perfiles del microbioma intestinal y mediciones de hormonas y metabolitos en la sangre.
Mientras tanto, los médicos están adoptando un enfoque más individualizado para el tratamiento de la obesidad. Esto implica una evaluación exhaustiva de cada paciente, incluyendo su historial médico, estilo de vida, genética y composición del microbioma intestinal. En función de esta evaluación, se puede recomendar un plan de tratamiento personalizado que combine medicamentos, dieta, ejercicio y apoyo psicológico.
Para los “no respondedores”, existen otras opciones terapéuticas disponibles, como la cirugía bariátrica, que ha demostrado ser eficaz para la pérdida de peso a largo plazo en pacientes con obesidad severa. También se están investigando nuevos fármacos y terapias que podrían ser más eficaces para este subgrupo de pacientes.
La aparición de los “no respondedores” a Wegovy y Zepbound es un recordatorio de que la obesidad es una enfermedad compleja y heterogénea, y que no existe una solución única para todos. La investigación continua y el desarrollo de enfoques más personalizados son esenciales para mejorar los resultados del tratamiento y ayudar a más personas a alcanzar un peso saludable. La promesa de estos medicamentos sigue siendo significativa, pero la transparencia sobre sus limitaciones y la búsqueda de soluciones para aquellos que no responden son cruciales para una atención médica responsable y efectiva. El futuro del tratamiento de la obesidad reside en la precisión, la personalización y la comprensión profunda de la biología individual de cada paciente.


