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Cuba-EE.UU.: ¿Acuerdo secreto en la sombra?

Las autoridades cubanas confirmaron que sostienen un diálogo con la administración de Donald Trump, que hasta ahora ha aplicado una política de presión máxima sobre el régimen castrista. Un reviro observa el profesor de relaciones internacionale de la Universidad Internacional de la Florida, Eduardo Gamarra ha atendido a RFI.

Cuba-EE.UU.: ¿Acuerdo secreto en la sombra?

Las autoridades cubanas han confirmado la existencia de conversaciones directas con la administración del expresidente Donald Trump, a pesar de la política de “presión máxima” que este último impuso sobre el gobierno de La Habana. La revelación, aunque escueta en detalles, ha generado especulaciones sobre una posible, aunque limitada, apertura en las relaciones bilaterales, centrada, según analistas, más en aspectos económicos que políticos.

El diálogo, mantenido en secreto durante gran parte del mandato de Trump, salió a la luz a través de declaraciones oficiales de funcionarios cubanos, quienes no han especificado la agenda ni el alcance de las negociaciones. Sin embargo, la confirmación en sí misma representa un cambio significativo, considerando la hostilidad declarada de la administración anterior hacia el régimen castrista.

El profesor de relaciones internacionales de la Universidad Internacional de Florida, Eduardo Gamarra, ofreció su análisis a Radio France Internationale (RFI), sugiriendo que el diálogo podría estar enfocado en cuestiones pragmáticas, como el alivio de algunas sanciones económicas a cambio de concesiones limitadas por parte de Cuba. “Es poco probable que Trump, incluso ahora, busque un cambio radical en la política hacia Cuba. Su enfoque siempre ha sido transaccional. Si puede obtener algo a cambio, como la liberación de presos políticos o una mayor cooperación en la lucha contra el narcotráfico, podría estar dispuesto a flexibilizar algunas restricciones económicas”, explicó Gamarra.

La política de “presión máxima” implementada por Trump revirtió muchos de los avances logrados durante la administración de Barack Obama, que buscó normalizar las relaciones con Cuba después de décadas de aislamiento. Trump endureció el embargo comercial, restringió los viajes de estadounidenses a la isla y aumentó la retórica anti-cubana, argumentando que el régimen castrista era opresor y representaba una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Sin embargo, la efectividad de esta política ha sido cuestionada por muchos expertos, quienes argumentan que solo ha servido para empeorar la situación económica en Cuba y aumentar el sufrimiento de la población, sin lograr cambios significativos en el sistema político. La escasez de alimentos, medicinas y otros bienes básicos se ha agravado en los últimos años, y la pandemia de COVID-19 ha exacerbado aún más los problemas económicos de la isla.

El diálogo con la administración Trump, aunque limitado, podría ofrecer una vía para aliviar algunas de estas presiones económicas. Sin embargo, Gamarra advierte que cualquier acuerdo alcanzado probablemente será modesto y estará sujeto a condiciones estrictas. “No esperaría grandes cambios. Lo más probable es que veamos un alivio gradual de algunas sanciones, quizás en áreas como las remesas o los viajes con fines específicos, a cambio de algunas concesiones simbólicas por parte de Cuba”, señaló el profesor.

La confirmación del diálogo ha generado reacciones mixtas en Cuba. Algunos sectores de la sociedad civil han expresado su esperanza de que esto pueda conducir a una mejora en las condiciones de vida, mientras que otros se muestran escépticos y temen que el gobierno utilice cualquier acuerdo alcanzado para fortalecer su control sobre la población.

La oposición cubana, por su parte, ha criticado al gobierno por mantener conversaciones con una administración que ha sido abiertamente hostil hacia la isla. Algunos líderes opositores argumentan que el diálogo legitima al régimen castrista y socava los esfuerzos por lograr una transición democrática.

El futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo incierto. La administración actual, liderada por Joe Biden, ha prometido revisar la política hacia Cuba, pero aún no ha tomado medidas concretas para revertir las restricciones impuestas por Trump. Biden ha indicado que su enfoque se basará en el respeto a los derechos humanos y la promoción de la democracia en Cuba, pero también ha expresado su disposición a dialogar con el gobierno cubano.

El diálogo secreto con Trump, sin embargo, plantea interrogantes sobre la estrategia de la administración Biden y su capacidad para influir en el curso de los acontecimientos en Cuba. Algunos analistas sugieren que la administración Biden podría verse obligada a continuar con algunas de las políticas implementadas por Trump, al menos a corto plazo, para evitar ser percibida como débil o complaciente con el régimen castrista.

En última instancia, el éxito de cualquier esfuerzo para mejorar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos dependerá de la voluntad de ambas partes de comprometerse y encontrar puntos en común. Sin embargo, las profundas diferencias ideológicas y políticas que existen entre los dos países hacen que este sea un desafío formidable. La posibilidad de un cambio más económico que político, como sugiere Gamarra, parece ser la opción más realista en el corto plazo, aunque incluso esta posibilidad está sujeta a la evolución de la situación política interna en Cuba y a la dinámica de las relaciones internacionales en la región. La cautela y el análisis profundo son cruciales para comprender las implicaciones de este diálogo y su potencial impacto en el futuro de Cuba y Estados Unidos.

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