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El Maestro de las Matemáticas que Sembró Gratitud por 30 Años

Docente de matemáticas cierra más de tres décadas de carrera y sus estudiantes le dedican emotivas palabras en su último día de clases.

El Maestro de las Matemáticas que Sembró Gratitud por 30 Años

Tras más de tres décadas dedicadas a la enseñanza de las matemáticas, Jorge Roberto Mena Calderón se despide de las aulas dejando tras de sí un legado de inspiración y gratitud. El docente, que inició su carrera en la Unidad Educativa Nuevo Continente en Guayaquil, Ecuador, y culminó su trayectoria en la Unidad Educativa Fiscal Sarah Flor Jiménez, se jubila con la satisfacción de haber impactado positivamente en la vida de más de dos mil estudiantes.

Mena Calderón no se limita a recordar a sus alumnos por sus logros académicos, sino que los visualiza en sus diversas profesiones y roles en la sociedad. En su teléfono, atesora fotografías que documentan el paso del tiempo y el crecimiento de aquellos a quienes guio en el mundo de los números y, sobre todo, en el camino de la vida. “Cada estudiante es un mundo”, afirma el profesor, quien comparte en TikTok un emotivo video de su último día de clases, capturando un momento de despedida que refleja el profundo vínculo que estableció con sus estudiantes.

El video muestra a una alumna, en representación de su curso, expresando su agradecimiento al profesor Mena Calderón. Sus palabras resuenan con sinceridad: “Profe, hoy no es un día cualquiera. Hoy nos toca despedir a alguien que no solo nos enseñó matemáticas, sino que nos enseñó a no rendirnos cuando algo parecía imposible. Gracias por su paciencia, por no dejar que nos conformáramos con lo mínimo. Más allá de las fórmulas y ejercicios nos enseñó solidaridad, constancia y respeto”.

La trayectoria de Mena Calderón se extiende a lo largo de diferentes instituciones educativas. Después de sus inicios en la Unidad Educativa Nuevo Continente, donde impartió clases a niños de tercero de básica, su camino lo llevó al Colegio Militar Teniente Hugo Ortiz, donde trabajó con estudiantes de secundaria. En 2012, se unió al sistema fiscal y se convirtió en parte de la Unidad Educativa Fiscal Sarah Flor Jiménez, la institución donde ahora concluye su carrera.

El profesor Mena Calderón destaca que la docencia no se traduce necesariamente en riqueza material, pero sí en una inmensa fortuna de gratitud. Esta gratitud se manifiesta en encuentros inesperados en la ciudad, donde antiguos alumnos lo saludan por su nombre, reconociendo en él a quien les brindó conocimientos y apoyo. “Vas a un hospital y encuentras un médico, vas a una oficina y encuentras un abogado, vas a un banco y encuentras un comercial. Ellos te saludan y es grato”, comenta.

Una curiosidad que revela la conexión duradera entre el profesor y sus estudiantes es la forma en que lo llaman. “Si me dicen ‘míster’, sé que es del colegio militar. Si me dicen ‘licenciado’, es del Sarah Flor. Y si me dicen ‘profe’, es de cuando enseñaba en la escuela”, explica. Esta distinción le permite identificar de qué etapa de su carrera pertenecen sus antiguos alumnos, evidenciando la huella que dejó en cada uno de ellos.

Sin embargo, no todas las historias de sus estudiantes tienen un final convencional. Mena Calderón recuerda haberse encontrado con un antiguo alumno vendiendo caramelos en la calle. “Siempre les decía que preferible vender caramelos que andar robando”, comenta, subrayando la importancia de inculcar valores y principios éticos a sus estudiantes.

Para el profesor Mena Calderón, la labor docente va más allá de la transmisión de conocimientos. Considera fundamental escuchar a los jóvenes, comprender sus situaciones y brindarles orientación. “No es solo llegar al salón a dar matemáticas. Al joven hay que escucharlo para comprender su situación”, afirma. Esta actitud empática y cercana le permitió establecer relaciones significativas con sus estudiantes, quienes a menudo buscaban su consejo sobre estudios y decisiones personales.

Su enfoque en la relación con los estudiantes se remonta a su juventud, cuando participó en los Boy Scouts y se convirtió en dirigente del grupo. Allí aprendió a compartir actividades con niños y adolescentes, desarrollando habilidades que luego aplicaría en su carrera docente. “Siempre compartía con chicos. Cuando comencé a dar clases me di cuenta de que muchas cosas ya las hacía en los scouts”, recuerda.

Ahora, al iniciar su proceso de jubilación, Mena Calderón considera que es el momento de dar paso a nuevas generaciones de docentes. “Hay un cambio de generación. Hay que dar la posta”, explica. Aunque anticipa que extrañará la rutina del aula y la interacción con sus estudiantes, está emocionado por explorar nuevos intereses y cumplir metas personales.

Entre sus planes se encuentran dedicar más tiempo al deporte, viajar y, especialmente, recorrer el Camino de Santiago en Europa, un sueño que ha acariciado durante años. Mientras tanto, seguirá guardando en su teléfono las fotografías de sus estudiantes, recordándole constantemente la razón por la que eligió dedicar su vida a la enseñanza.

La jubilación de Jorge Roberto Mena Calderón no es solo el fin de una carrera, sino el cierre de un capítulo lleno de dedicación, pasión y gratitud. Su legado perdurará en la memoria de sus estudiantes, quienes llevarán consigo las lecciones aprendidas en sus clases, tanto en el ámbito académico como en el personal. Su historia es un testimonio del poder transformador de la educación y del impacto positivo que un maestro puede tener en la vida de sus alumnos.

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