Chalatenango, El Salvador – En un conmovedor acto de memoria y resistencia, comunidades de Chalatenango se congregaron el 11 de marzo de 2026 en el histórico caserío de Laguna Seca, Nueva Concepción, para conmemorar las masacres y bombardeos que asolaron la región entre 1979 y 1983, durante el brutal conflicto armado salvadoreño. La conmemoración, que reunió a pobladores de Laguna San Ramón, Las Minas, Las Vueltas, Las Flores, Ellacuría, Ojos de Agua, Arcatao, Guarjila, Nueva Trinidad y Los Ranchos, sirvió como un recordatorio doloroso de las heridas aún abiertas y la lucha continua por la justicia y la verdad.
El evento, marcado por la presencia de Radio Farabundo Martí, un medio de comunicación alternativo dedicado a la preservación de la memoria histórica, rindió homenaje a las heroínas, héroes y mártires que sacrificaron sus vidas en la insurrección popular de la década de 1980. La conmemoración también evocó las palabras del compañero “Camilo”, un símbolo de la resistencia campesina en la zona.
La historia de Laguna Seca, como relataron los organizadores, se remonta a la segunda mitad de la década de 1970, cuando los pobladores del caserío, influenciados por la Teología de la Liberación, se organizaron en la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y en la Iglesia Popular para defender sus derechos, sus tierras y sus vidas frente a los abusos de los terratenientes. Esta organización inicial, sin embargo, desencadenó una violenta represión por parte de los grupos paramilitares de Organización Democrática Nacionalista (ORDEN) y la Fuerza Armada de El Salvador, lo que llevó a muchos jóvenes campesinos a unirse a las nacientes columnas guerrilleras.
Los cerros de El Talzate y El Picacho, así como las quebradas y elevaciones de la zona, se convirtieron en espacios vitales para la organización comunitaria, la autodefensa y el refugio ante los constantes bombardeos. La dictadura salvadoreña, con el apoyo de Estados Unidos, implementó una estrategia de represión sistemática contra la población civil, buscando “quitar el agua al pez”, como se describió en la memoria comunitaria. Las incursiones militares y paramilitares dejaron un saldo devastador de víctimas, incluyendo niñas, niños, mujeres y personas adultas mayores.
La primera masacre documentada en Laguna Seca ocurrió el 27 de diciembre de 1979, marcando el inicio de una serie de atrocidades que se repitieron el 16 y 29 de enero de 1980, el 11 de marzo de 1981, el 23 y 31 de mayo de 1982, y nuevamente el 11 de marzo de 1983. Ante la brutalidad de la represión, los pobladores, en coordinación con la guerrilla, lograron organizar mecanismos de autodefensa comunitaria, demostrando una notable capacidad de resistencia y organización.
“Muchas heroínas, héroes y mártires abonaron con su sangre las tierras de estas alturas libertarias”, recordaron los participantes en la conmemoración. Se evocó especialmente el trágico episodio de diciembre de 1983, cuando una bomba lanzada por un avión Cessna A-37 Dragonfly, de fabricación estadounidense, impactó en un campamento guerrillero, causando la muerte del capitán Andrés, Joaquín, Dinora “La Colocha”, Rosita “La Sanitaria” y otras nueve personas combatientes. La identidad de estas víctimas aún está siendo investigada y recuperada por la memoria comunitaria.
Armando Salazar, en un texto publicado en 2013, describió la resiliencia de Laguna Seca, que resurgió pocos días después de la operación militar realizada en La Montañona en octubre de 1981. Según su testimonio, el asentamiento se transformó en una comuna organizada por la propia población, un ejemplo de auto-gestión y solidaridad en medio del conflicto.
“La empujada materialización del idealismo de las relaciones humanas, con sus pobrezas materiales, pero teníamos agua, braseros, sol y viento de sobra. Alguna cosecha, caminos de piedras que rodeaban su iglesia roída por la represión”, escribió Salazar, evocando la vida comunitaria en Laguna Seca.
Para Salazar, la fortaleza de la comunidad no residía en las armas ni en la protección natural del cerro El Talzate, sino en la determinación inquebrantable de sus habitantes. “Su fortaleza no eran las armas ni el protector cerro El Talzate, sino los místicos huevos morales de toparse con la bestia enemiga. No ha existido otra explicación”, expresó.
El autor relató cómo Laguna Seca comenzó a reorganizarse tras la ofensiva militar sobre La Montañona en octubre de 1981. “Roto el cerco militar el 5 de octubre, mujeres, niños, ancianos y guerrilleros asomaron a El Conacaste: exhaustos, sin probar bocado por días, calados en sus cuerpos por la lluvia intensa de agua, morteros y con los pies destrozados por llagas a sangre viva”, recordó.
Pocas semanas después, el equipo fundador de Radio Farabundo Martí ingresó a la zona para iniciar el primer taller de corresponsales en medio del conflicto armado, además de planificar el trabajo de información y propaganda de la organización.
Salazar también describió la atmósfera de peligro constante, recordando el silbido de las bombas y el estruendo de las explosiones. “Solo escuchábamos el silbido tenebroso de la enorme carga explosiva y el estruendo expansivo. Ni los pilotos de la fuerza aérea tenían ‘huevos’ de hacer picadas con sus Fouga CM.170 Magister sobre La Laguna, para no quedar trabados e incendiados en el copete de la pinera”, detalló.
En un episodio ocurrido al atardecer de enero de 1982, Salazar describió la llegada de la columna del Destacamento 1 de las Unidades de Vanguardia, proveniente de San Fernando, con un botín de armas y municiones capturadas. La columna, gritando “UV, UV, UV”, fue recibida con ansiedad por los pobladores, quienes esperaban ansiosamente la posibilidad de armar a nuevos combatientes.
“En la vereda que desciende en diagonal, los hijos de la pobrería los esperaban con ansiedad. Contenido de emociones, el chele Dimas y Chamba, entre el tumulto de gente, esperaban en el empedrado frente a la iglesia y el Negro Hugo finalmente rendía parte al frente a su tropa: se confirmaba futuro”, concluye el texto de Salazar.
La conmemoración en Laguna Seca no solo fue un acto de recordar el pasado, sino también un llamado a la justicia y a la reparación integral para las víctimas del conflicto armado. La búsqueda de la verdad, la rendición de cuentas y la garantía de no repetición siguen siendo desafíos cruciales para El Salvador, mientras el país avanza en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La memoria de Laguna Seca, grabada en la tierra y en el corazón de su gente, continúa siendo un faro de esperanza y resistencia.


