Israel ha respondido con una escalada sin precedentes al ataque más grande de Hezbolá desde el 2 de marzo, sumiendo a Líbano en una crisis devastadora. El ejército israelí ha lanzado dos ofensivas contra el centro de Beirut y ha amenazado con una ocupación terrestre ampliada en el sur del país, tras detectar más de 200 disparos de cohetes y 20 drones provenientes de Líbano. La advertencia del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, a las autoridades libanesas –de que Israel tomará el control de la situación por su cuenta si Beirut no desarma a Hezbolá– ha desencadenado una ofensiva a gran escala que, según el Ministerio de Salud libanés, ha causado al menos 53 muertes.
La escalada se produce tras la primera operación conjunta de Hezbolá y sus aliados iraníes, un ataque que Israel considera cuidadosamente coordinado con Teherán. El portavoz internacional del ejército israelí, Nadav Shoshani, describió la ráfaga de proyectiles lanzada por Hezbolá como la “mayor” desde el inicio de la reciente escalada, aunque la mayoría fueron interceptados por el sistema de defensa Cúpula de Hierro. A pesar de esto, Shoshani enfatizó que Hezbolá sigue siendo una amenaza “relevante y peligrosa”, a pesar del desgaste sufrido desde octubre de 2023.
La respuesta israelí ha sido implacable. Las fuerzas aéreas israelíes han bombardeado Dahiye, los suburbios de Beirut donde Hezbolá tiene una fuerte presencia, reivindicando ataques contra una decena de objetivos. La ofensiva también ha alcanzado la playa de Ramlet el Baida, un lugar frecuentado por familias desplazadas, en un ataque descrito por testigos como una “trampa de doble impacto”. Un dron israelí habría atacado un coche estacionado y, cuando la gente se acercó, un segundo proyectil habría golpeado a la multitud.
Los municipios fronterizos de Jiam y Taybe, escenario de combates directos en días anteriores, también han sido atacados, así como Arkey, más al norte. Los equipos de rescate han recuperado tres cadáveres de entre los escombros de un edificio y continúan buscando a seis niños. El Ministerio de Sanidad libanés ha actualizado el balance a 53 muertos y 188 heridos en las últimas 24 horas, elevando el total desde el 2 de marzo a 687 muertos (incluidos 91 niños) y 1.774 heridos. En contrapartida, los ataques de Hezbolá han causado la muerte de al menos dos soldados israelíes y decenas de heridos.
La tensión se ha extendido a la divisoria israelí con Líbano, donde las sirenas antiaéreas y el sonido de las intercepciones son constantes. En Zafit, la localidad israelí más cercana a Líbano, la población, aunque no ha sido evacuada, vive bajo la amenaza constante de ataques. El jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, ha advertido que “la guerra contra Hezbolá no será corta”, ya que se desarrolla en un “lugar clave”. Fuentes israelíes sugieren que el ejército continuará la batalla incluso si Estados Unidos e Israel detienen los bombardeos sobre Irán.
Las llamadas a la contención han sido eclipsadas por la escalada bélica. Los cascos azules de la ONU en Líbano han expresado su “preocupación” por la intensificación de las hostilidades y han detectado más de 120 proyectiles lanzados desde territorio libanés hacia Israel, así como siete ataques aéreos y 120 incidentes de artillería en respuesta. La misión de Unifil ha alertado sobre el impacto de los enfrentamientos, que ya han provocado el desplazamiento de cerca de 800.000 residentes y la destrucción de municipios enteros.
El embajador de Líbano ante Naciones Unidas, Ahmad Arafa, ha denunciado que su país está “atrapado en una guerra que no ha elegido librar” y que atraviesa un “momento extremadamente peligroso” y una “verdadera catástrofe humanitaria”. Arafa ha reiterado el compromiso del gobierno libanés con el desarme de Hezbolá y su disposición a negociar directamente con Israel el fin de la guerra.
Sin embargo, Israel insiste en que Líbano debe desarmar a la milicia antes de entablar conversaciones, una condición que complica las perspectivas de una solución pacífica. Las autoridades israelíes apuestan por una solución militar, basándose en una doctrina de seguridad reforzada tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que prioriza la defensa de Israel sin depender de terceros. La situación en Líbano se deteriora rápidamente, con el riesgo de una guerra total cada vez más palpable. La comunidad internacional observa con preocupación, mientras las vidas de millones de personas penden de un hilo. La escalada actual representa una amenaza significativa para la estabilidad regional y podría tener consecuencias devastadoras para Líbano, Israel y el resto de Oriente Medio. La diplomacia y la contención urgente son cruciales para evitar una catástrofe humanitaria y una escalada aún mayor del conflicto.


