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Niño africano desafía a la FIFA con una carta desgarradora

Adú tiene 12 años y entrena todos los días, pero la FIFA no le deja jugar por ser africano. Esta es su historia y la norma que lo relega a las gradas.

Niño africano desafía a la FIFA con una carta desgarradora

La ilusión de Adú, un niño camerunés de 12 años afincado en Tenerife, se enfrenta a una barrera burocrática impuesta por la FIFA que le impide jugar al fútbol con su equipo, a pesar de entrenar con normalidad. Su historia, similar a la de otros menores africanos en situación de acogida, ha destapado una problemática que contradice el espíritu integrador del deporte y pone en tela de juicio la aplicación de una normativa pensada para proteger a los niños, pero que en la práctica les excluye.

Adú llegó a Canarias hace dos años y encontró en el fútbol una vía de escape y una herramienta de integración. Su pasión por el deporte es evidente: no se pierde un solo entrenamiento, destaca por su rapidez, sus ganas y su capacidad goleadora, según sus compañeros y entrenadores. Sin embargo, cada domingo, cuando llega el momento de jugar, se ve relegado a la grada, incapaz de competir con sus amigos.

La razón de esta exclusión reside en una normativa de la FIFA que regula los traspasos de menores extranjeros. Originalmente diseñada para evitar abusos por parte de clubes profesionales que reclutan a niños de países en desarrollo, esta regla se ha convertido en un obstáculo para menores en situación de vulnerabilidad, como Adú, que han llegado a España en busca de una nueva oportunidad.

La familia de acogida de Adú, Ana y Eduardo, llevan meses intentando resolver la situación, presentando todos los documentos requeridos por el club y la Federación Tinerfeña. Sin embargo, cada trámite se topa con una nueva exigencia, un laberinto burocrático que parece no tener fin. La FIFA, según explican, exige una petición de asilo como solución, una opción que no siempre se ajusta a las circunstancias de estos menores.

“Es frustrante”, confiesa Eduardo. “Adú entrena como un campeón, se esfuerza, se integra con sus compañeros, pero no puede jugar. Le hemos intentado explicar que es un problema de papeles, pero para él es difícil de entender. Al final, la explicación que parece calar es que no le dejan jugar por ser africano”.

La situación ha afectado profundamente a Adú, que ha optado por quedarse en casa los días de partido, incapaz de soportar la tristeza de ver a sus compañeros jugar mientras él se queda en la grada. “No quiero ir a ver a mis compañeros porque me pongo triste, me desconsuelo y prefiero quedarme en casa”, escribió el niño en una carta dirigida a la FIFA, en la que expresa su deseo de jugar y divertirse como cualquier otro niño.

La carta de Adú recuerda a la que envió hace tres años otro niño, Souleymane, que logró desbloquear la situación para cientos de menores. Sin embargo, el problema persiste y decenas de niños tutelados por el Gobierno canario se encuentran en la misma encrucijada.

El caso de Adú ha generado una ola de indignación entre clubes, familias y entrenadores en Canarias, que denuncian la aplicación indiscriminada de la normativa de la FIFA a menores migrantes que solo quieren jugar al fútbol en equipos de barrio. “Esto no tiene nada que ver con fichajes ni operaciones deportivas”, afirma un representante del Gobierno canario. “Se trata de menores protegidos que utilizan el fútbol como vía de integración social”.

La familia de acogida de Adú ha intentado que el niño practique otros deportes, como baloncesto o atletismo, pero su pasión es el fútbol. “Cuando llega a casa, si tiene diez minutos libres, busca un balón. Si no puede jugar, mira vídeos de fútbol. Y en el colegio aprovecha los recreos para jugar con sus compañeros”, cuentan Ana y Eduardo.

La situación también afecta al resto del equipo, que desea ver a Adú en el campo. “La pregunta de todos los días es: ¿ya tienes ficha?”, dice un compañero de equipo. Los entrenadores se ven obligados a subir a jugadores de categorías inferiores por falta de efectivos, una situación absurda que perjudica a todos.

El caso de Adú pone de manifiesto una paradoja: una normativa diseñada para proteger a los niños está terminando por excluirlos, impidiéndoles disfrutar de un derecho fundamental como el deporte. La FIFA, ante esta situación, debe revisar su normativa y encontrar una solución que permita a estos menores jugar al fútbol en igualdad de condiciones, sin importar su origen o su situación administrativa.

Mientras tanto, Adú sigue entrenando con sus amigos, soñando con el día en que pueda debutar en un partido oficial. Su familia, aunque evita hacer promesas, confía en que ese día llegará pronto. “Será una fiesta”, dicen Ana y Eduardo. “Lo importante será que por fin pueda salir al campo como cualquier otro niño”.

La historia de Adú es un ejemplo de resiliencia y superación, pero también una denuncia de una injusticia que no puede seguir pasando desapercibida. Su carta a la FIFA es un grito de esperanza, un llamamiento a la solidaridad y un recordatorio de que el fútbol, como el deporte en general, debe ser un instrumento de integración y no de exclusión. La comunidad futbolística canaria, y cada vez más a nivel nacional, espera una respuesta de la FIFA que permita a Adú y a otros niños como él, volver a soñar con un futuro lleno de goles y alegrías.

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