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Guayaquil, Ecuador – El alcalde de Guayaquil, Aquiles Alvarez Henriques, y sus hermanos Antonio y Xavier, figuras centrales en la investigación del caso Goleada, fueron trasladados este 8 de marzo de 2026 a la cárcel del Encuentro, ubicada en la provincia de Santa Elena. Este movimiento, que involucra también a Fernando Peñaherrera y César Bravo, otros procesados en el mismo caso, ha generado una ola de controversia y acusaciones de retaliación política.
Aquiles Alvarez ya se encontraba recluido en la cárcel de Latacunga desde el pasado 10 de febrero, mientras que sus hermanos y los otros dos acusados cumplían prisión preventiva en la cárcel de Turi, en Cuenca. El traslado fue formalizado a través de un documento firmado por el director de la cárcel de Turi, pero las motivaciones oficiales detrás de esta decisión permanecen bajo un velo de secretismo.
La respuesta del gobierno no ha aclarado la situación. El presidente Daniel Noboa, en una breve declaración pública esta mañana, se limitó a afirmar que el traslado del alcalde de Guayaquil a la cárcel del Encuentro busca garantizar su “mayor seguridad”. Sin embargo, esta justificación ha sido recibida con escepticismo por la defensa legal de Alvarez Henriques, quienes denuncian una clara intención de obstaculizar su derecho a la defensa.
Ramiro García, abogado de Aquiles Alvarez, ha denunciado públicamente la imposibilidad de acceder a su cliente en la nueva prisión. “No se nos ha permitido el ingreso, se nos ha informado que no hay acceso personal a los privados de libertad, ni siquiera para los abogados”, declaró García en un video que rápidamente se viralizó en redes sociales. Esta restricción, según el abogado, representa una “clara vulneración al derecho a la defensa establecido en la Constitución”, especialmente en un momento crucial como la audiencia del caso Triple A.
García no se detuvo ahí, acusando directamente al gobierno de llevar a cabo un acto de “retaliación, política y personal” al trasladar a los hermanos Alvarez a la cárcel del Encuentro. La coincidencia del traslado con la instalación de la audiencia del juicio por el caso Triple A en Quito ha alimentado aún más estas sospechas.
El caso Triple A investiga una presunta red estructurada dedicada al desvío de combustibles subsidiados hacia zonas fronterizas, generando importantes pérdidas económicas para el Estado ecuatoriano. La Fiscalía ha presentado pruebas que vinculan a Alvarez Henriques y a sus colaboradores con esta actividad ilícita, acusándolos de corrupción y delincuencia organizada.
El traslado de los hermanos Alvarez a Santa Elena ha reavivado el debate sobre las condiciones de seguridad en las cárceles ecuatorianas, que han sido escenario de violentos enfrentamientos y asesinatos en los últimos meses. La cárcel del Encuentro, en particular, ha sido objeto de críticas por su infraestructura precaria y la falta de control por parte de las autoridades.
La oposición política ha aprovechado la situación para atacar al gobierno de Noboa, acusándolo de utilizar el sistema judicial para perseguir a sus adversarios políticos. Diversos líderes políticos han exigido una investigación exhaustiva sobre las razones del traslado y han pedido garantías para el debido proceso de Aquiles Alvarez y sus hermanos.
La situación se complica aún más por la creciente polarización política en el país, donde las acusaciones de corrupción y las denuncias de persecución política son moneda corriente. El caso Alvarez Henriques se ha convertido en un símbolo de esta lucha de poder, y su desenlace podría tener importantes consecuencias para el futuro político de Ecuador.
La defensa de Alvarez Henriques ha anunciado que presentará recursos legales para impugnar el traslado y garantizar el acceso a su cliente. También han solicitado la intervención de organismos internacionales de derechos humanos para supervisar el proceso judicial y asegurar el respeto a las garantías constitucionales.
Mientras tanto, la audiencia del caso Triple A continúa en Quito, con la Fiscalía presentando pruebas y testimonios que buscan demostrar la culpabilidad de Alvarez Henriques y sus colaboradores. El juicio se espera que sea largo y complejo, y su resultado podría definir el futuro político del alcalde de Guayaquil y de otros funcionarios involucrados en la investigación.
La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de este caso, que ha puesto en evidencia las fragilidades del sistema judicial ecuatoriano y la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de combatir la corrupción y el crimen organizado. El gobierno de Noboa enfrenta el desafío de demostrar su compromiso con el estado de derecho y garantizar un juicio justo y transparente para todos los involucrados.
El silencio oficial sobre las razones del traslado solo ha alimentado las especulaciones y las acusaciones de retaliación política. La transparencia y la rendición de cuentas son fundamentales para restaurar la confianza en las instituciones y garantizar la legitimidad del proceso judicial. La ciudadanía ecuatoriana espera respuestas claras y contundentes sobre este controvertido caso, que ha generado una profunda preocupación en el país.


