Chile asume la presidencia de las negociaciones internacionales para un tratado global contra la contaminación por plásticos, un cargo que llega tras meses de estancamiento y frustradas rondas de diálogo. El embajador Julio Cordano, director de la División de Medio Ambiente, Cambio Climático y Océanos de la Cancillería, fue elegido en Ginebra el pasado 7 de febrero, superando al candidato senegalés Cheikh Ndiaye Sylla con 92 votos frente a 53. Este nombramiento, impulsado por el bloque de países latinoamericanos, representa un desafío diplomático y ambiental de gran envergadura para el país, en un contexto global marcado por la urgencia de abordar una de las crisis ambientales más apremiantes del planeta.
La elección de Cordano se produce tras la renuncia del embajador de Ecuador, Luis Vayas Valdivieso, quien presidía el comité negociador de la ONU. La renuncia de Vayas Valdivieso, sumada al fracaso de la ronda de negociaciones en Busan en agosto de 2023 y la sesión adicional en Ginebra, evidenciaron la profunda división entre los países respecto a la forma de abordar la contaminación por plásticos. El mandato original, acordado en marzo de 2022 durante la Quinta Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, contemplaba cinco sesiones de negociación (INC-1 a INC-5), pero la falta de consenso obligó a extender el proceso, sin resultados definitivos hasta la fecha.
El embajador Cordano, con una sólida trayectoria en asuntos medioambientales y una formación académica que incluye un Master of Public Management de la Universidad de Victoria en Wellington, Nueva Zelanda, reconoce la complejidad del reto. En conversación con El Mostrador, el diplomático enfatizó que su rol como presidente será facilitar la discusión entre las delegaciones para asegurar la adopción de un Instrumento Legalmente Vinculante sobre la contaminación por plásticos, tal como lo establece la resolución de la Asamblea de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente.
“El objetivo de la negociación está ya señalado en la resolución de la Asamblea de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, que apunta a la adopción de un Instrumento Legalmente Vinculante sobre contaminación del plástico. Este es el mandato, por lo que mi rol como presidente es precisamente facilitar una discusión entre las delegaciones para asegurar ese propósito. A nivel personal, es sin dudas un desafío muy importante, que veo como una contribución importante de Chile y su diplomacia para encontrar soluciones participativas frente a este problema global”, declaró Cordano.
Uno de los principales obstáculos en las negociaciones ha sido la divergencia entre los países en cuanto al alcance del tratado. Algunos países abogan por un enfoque más ambicioso, que incluya la reducción drástica de la producción de plásticos y la prohibición de ciertos plásticos de un solo uso. Otros países, en cambio, prefieren un enfoque más flexible, que se centre en la mejora de la gestión de residuos y el fomento del reciclaje. Esta división ha dificultado la elaboración de un texto común que sea aceptable para todas las partes.
Cordano, sin embargo, se muestra optimista y considera que el proceso aún se encuentra dentro de un margen razonable, a pesar de las dificultades. “En efecto, las negociaciones han tomado más tiempo del que estaba previsto, aunque comparado con otros procesos multilaterales estamos aún en un horizonte razonable para un asunto tan complejo. En este sentido, es natural que haya puntos de divergencia entre las delegaciones. La transición desde el actual sistema de producción y consumo de plásticos hacia uno que no genere contaminación en sus diversas fases, así como hacernos cargo de la contaminación que ya existe, es un proceso difícil que habrá que abordar con un sentido de urgencia, pero también de realismo y pragmatismo”, afirmó.
Antes de asumir la presidencia, Cordano realizó una serie de reuniones con las delegaciones participantes para conocer sus posiciones de primera mano. Según el diplomático, existe una voluntad política generalizada para avanzar hacia un acuerdo, aunque persisten diferencias en cuanto a las fórmulas para lograrlo. “Mi conclusión de esas conversaciones es que todos los países se dan cuenta de la necesidad de contar con un acuerdo que entregue una plataforma clara y robusta para enfrentar este desafío. Mi percepción es que la falta de consenso hasta el momento solo indica que no hemos logrado encontrar fórmulas que entreguen una visión balanceada sobre lo que se necesita en este momento. Desde este punto de vista, puedo asegurar que hay voluntad política para avanzar”, explicó.
El debate sobre el futuro de los plásticos en la economía global también es central en las negociaciones. Cordano considera que el desafío no es necesariamente eliminar completamente el uso de los plásticos, sino abordar la contaminación que generan. “Lo importante es focalizarse en la contaminación que resulta del uso del plástico, que tiene muchas aplicaciones y cuyo tratamiento varía de acuerdo con sus espacios de utilización. La OCDE ha proyectado que al 2060 se podría triplicar la producción global de plásticos, expansión que iría acompañada en la misma medida por contaminación. En este escenario, no es solo una pregunta de vivir con menos plásticos, sino de cómo asegurarnos de que nuestra economía pueda seguir usando este material sin dañar al mismo tiempo nuestro medio ambiente y nuestra salud”, señaló.
Para que el futuro tratado sea efectivo, será necesario que los países impulsen cambios estructurales en sus sistemas de producción, consumo y gestión de residuos. Cordano destaca que estas transformaciones deberán adaptarse a las realidades de cada país, aunque el acuerdo internacional puede ofrecer un marco común. Chile, por ejemplo, ha implementado legislación sobre plásticos de un solo uso y responsabilidad extendida del productor.
“Esta es una materia en la que los propios países deberán trabajar y proveer respuestas que sean apropiadas para cada caso. En Chile hemos visto cómo se ha desarrollado una legislación que justamente apunta a gestionar los plásticos, a través de normas sobre plásticos de un solo uso o de responsabilidad extendida del productor. Este ha sido nuestro camino, con las transformaciones necesarias para su implementación. Otros países podrán considerar variantes, de acuerdo con sus prioridades y necesidades. El tratado puede proveer precisamente un espacio común, con objetivos y propósitos compartidos, con instrumentos y procesos que se puedan desarrollar de manera conjunta, con un mecanismo de apoyo tecnológico y financiero, entre otras herramientas fundamentales para este fin”, agregó.
En última instancia, el éxito del proceso dependerá de cumplir con el mandato establecido por Naciones Unidas, que busca abordar el problema del plástico a lo largo de todo su ciclo de vida, incluyendo la contaminación marina. Cordano concluyó: “Hoy lo que tenemos es nuestro mandato de la Resolución de la Asamblea de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, como señalé antes. Esto significa tener una aproximación que cubra todo el ciclo de vida del plástico, incluyendo la contaminación que ocurre en el medio marino. Los elementos necesarios para cumplir con este mandato deben ser definidos por los países, que seguirán negociando para alcanzar un resultado satisfactorio”. La tarea que enfrenta Chile es monumental, pero la comunidad internacional deposita sus esperanzas en la capacidad del embajador Cordano para liderar un proceso que podría marcar un antes y un después en la lucha contra la contaminación por plásticos.

